Allegra     Fecha  1/04/2016 14:04 
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Volver al foro Responder Las raíces de la maldad II   Admin: Borrar 	mensaje
 
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Si hay algo que nos desasosiega es la constatación de la maldad gratuita. La ausencia de explicación de un hecho cruel y malvado por algún tipo de interés nos obliga a plantearnos si es la cara más repugnante de nuestra naturaleza, que nos es imposible controlar porque no podemos comprender. Por ello tendemos a contemplar la maldad como una anormalidad, una tara, lo que se aparta de lo esencial, en suma, como una patología (Foucault) o bien como fruto de la ignorancia (Platón), de la desviación anómala del bien y la belleza. Por otra parte, todas las religiones y las culturas han creado figuras que representen el Mal absoluto, como si así lo excluyéramos de nuestra naturaleza, encarnándolo en una figura externa que nos influye, posee, dirige, nos aparta de nuestra verdadera tendencia.

Sin embargo, la extrañeza y la desazón ante ese monstruo interior nos sigue acompañando. Lo define muy bien San Agustín en sus Confesiones, describiendo y asombrándose de esa tendencia en sí mismo e intentando desentrañarla, según la óptica del pecado, pero concebido en este caso como maldad ética, no como ruptura de norma religiosa: “Aquí está Señor mi corazón, del que te has apiadado cuando yo me hallaba en lo profundo del abismo. Que te diga ahora este corazón mío qué buscaba allí para que yo fuera malo gratuitamente y no hubiera ninguna causa para mi maldad más que la maldad misma. Era fea y la amé. Amé la perdición, amé mi defecto, no aquello por lo que yo era deficiente, sino mi propio defecto, torpe alma mía, que salías fuera de tu base yendo a la perdición, no apeteciendo algo en la ignominia, sino la misma ignominia”.
Y su perplejidad se debe precisamente a que no concebimos la maldad con ausencia de interés: “Cuando se busca la causa de la comisión de un delito, aquélla no suele darse por probada a no ser que se demuestre que ha podido ser el deseo de conseguir alguno de los bienes o el miedo de perderlo. Uno, por ejemplo, comete un homicidio, ¿por qué lo habrá hecho?... ¿habrá cometido el homicidio por el solo placer de matar? ¿quién podría creer esto? Porque incluso de un hombre sin entrañas y excesivamente cruel sin motivo, se añadió, no obstante, la causa: “Para que su mano y su ánimo no se embotaran con la ociosidad”.”

Es cierto pues que el hombre hace el mal por necesidad primero, y luego por tedio? Es la maldad parte de nuestra naturaleza, producto de la ignorancia, o una tara o patología?

(continúa)                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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