Allegra     Fecha  1/04/2016 14:06 
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Volver al foro Responder Las raíces de la maldad III   Admin: Borrar 	mensaje
 
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Es la maldad una elección libre y consciente?

En algunos casos se ha explicado la comisión de hechos execrables totalmente contrarios a la ética más elemental porque la voluntad crítica del sujeto esté excluida, bien por miedo, o lo que es más polémico, porque se deba al cumplimiento de órdenes superiores e incuestionables. Es el caso de la tesis de Hannah Arednt, que acuñó la expresión «banalidad del mal» en su libro “Eichmann en Jerusalén” sobre el proceso a este mando nazi acusado de organizar el genocidio judío, para referirse a los actos malvados realizados por algunos individuos dentro de las reglas del sistema al que pertenecen, sin reflexionar sobre sus actos, ni por tanto, cuestionarlos o preocuparse por sus consecuencias. De ahí la expresión “banalidad”, no referida a la gravedad de las consecuencias, sino al automatismo y la falta de conciencia de los actos que constituyen la causa y el mal.

Y aún más banal (y por tanto más aterrador) resulta considerar el mal producto de la estupidez, y por tanto desprovisto de sentido. En Salem´s lot (Stephen King) se oculta una lúcida reflexión del personaje del padre Callaghan que expresa su impotencia ante la imposibilidad de luchar contra el mal, porque es inconcreto, difuso, inasible, contenido en cada hombre, y absolutamente inane y estúpido, lo que le hace invencible: “Dios, el bien, el derecho, no eran más que nombres para la misma cosa, la batalla contra el mal. Quería ver el mal despojado de su manto con el que seducía a la gente, quería verlo inequívoco y conocer cada rasgo. Quería enfrentarse mano a mano con el mal, que su lucha fuera pura, que no estuviera contaminada por la política que cabalgaba a lomos de todos los problemas sociales como un deforme gemelo siamés. Pero no había batallas. Apenas pequeñas escaramuzas de resultado indefinido. Y el mal no tenía un rostro sino muchos, y todos esos rostros eran vanos y casi todos tenían el mentón pegajoso de baba. En realidad estaba llegando a la forzosa conclusión de que en el mundo no había nada que fuera el Mal, sino apenas el mal..... En momentos así sospechaba que Hitler no había sido más que un burócrata acorralado, y que el propio Satán no era más que un retrasado mental con un sentido del humor rudimentario, como el de los que encuentran divertidísimo darles a las gaviotas un petardo oculto en un trozo de pan”.

Sea por ignorancia, estupidez o seguimiento ciego de órdenes, siempre que no hablemos de una patología básica que impida tener conciencia o voluntad, la distinción entre el bien y el mal es lo que determina la responsabilidad. La conciencia crítica, la capacidad de elegir, de no perder la perspectiva. Siguiendo con el ejemplo de Eichmann, se contrapone el de Josef Hartinger, fiscal en la Alemania de 1933, con Hitler en el poder, que investigó asesinatos disfrazados de suicidios en Dachau, en los que las víctimas eran siempre judíos, enfrentándose a los estamentos del poder y a las SS. Muchos años después, en relación a estos hechos, Hartinger declaró que "carecer de poder no implica que uno carezca de coraje o carácter".

Siempre queda la capacidad de conservar o de renunciar a la voluntad crítica sobre el mal. Quizá esté dentro de nosotros, pero al fin y al cabo, qué somos sino un entramado de conflictos en cuyas elecciones nos formamos.
Como dijo Galeano, mitad miseria y mitad maravilla.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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