Allegra     Fecha  23/08/2016 15:02 
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Volver al foro Responder Re: Choudary, Trump... ¿hemos de darle o quitarle la voz al odio y la discriminación? *** ¿Discutimos? ***   Admin: Borrar 	mensaje
 
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La libertad de expresión es un derecho recogido en las Constituciones de los sistemas democráticos. Como todo derecho, tiene sus límites en los derechos de los demás. Sólo existirían derechos ilimitados si no se viviera en sociedad: la convivencia obliga a poner semáforos para regular las inevitables colisiones en el ejercicio de los derechos.

En el ámbito penal, el más radical para limitar conductas, el criterio usado es el del "bien jurídicamente protegido", así si se considera bien protegido el derecho al honor, la intimidad y propia imagen, por ejemplo, se limita la libertad de expresión en cuanto expresiones injuriosas, revelación de secretos, calumnias, etc. En otros ámbitos y ejemplos, si se protege el derecho a la igualdad por cuestión de raza, religión u orientación sexual, se limita la libertad de establecer normas (sea o no por mayoría) o realizar conductas que discriminen. Cuestión de jerarquía de derechos, en suma.

En el ámbito político, si partimos de que las Constituciones establecen determinado sistema basado valores democráticos, y que eso es el pilar de dicho sistema, es totalmente coherente que limiten las tendencias o expresiones que ataquen a dicho pilar.

No se puede caer en la paradoja de permitir invocar y ampararse en la libertad para derrocar un sistema de libertades. Como decía Norberto Bobbio, "no se puede ser tolerante con los intolerantes". Un sistema democrático no puede carecer de reglas ni de defensas.

Un aspecto interesante que citas es el de "qué pintan el individuo y la minoría sin mucha voz mediática" y "¿A qué ideal consideramos "sagrado", inviolable, por no perder de vista en el contexto?".
Precisamente la base del sistema democrático es esa: no "la dictadura de la libertad", no "el imperio de la mayoría"... sino el establecimiento de unos derechos básicos, "sagrados", individuales, inviolables, que no pueden ser vulnerados por nadie, ni los poderes públicos, ni por la mayoría. Son irrenunciables y sagrados. La mayoría puede imponer determinados marcos, leyes, puede impedir la representación de intereses de la minoría... todo eso es cierto, pero no puede invadir ese ámbito, ese bastión. La protección de la minoría, del individuo, del débil, a través de la norma fundamental que no puede ser cotradicha por ninguna ley de inferior jerarquía, es la base de la democracia.
Y no sólo eso: todos los derechos reconocidos constitucionalmente deben tener una vía establecida para su tutela: tiene que haber procedimientos de defensa ante instituciones que tengan potestad para hacerlos valer frente a todos, incluido el Estado: Tribunal Constitucional, Tribunal de DDHH de Estrasburgo, etc.

Y esos derechos (vida, integridad, intimidad, igualdad...) los tienen todos, incluso Trump. Lo que no existe es un derecho constitucional a vulnerar los derechos constitucionales de los demás, ni a derribar el sistema que ampara que existan esos derechos.
Todas las propuestas en democracia deben aceptar esas reglas del juego. Porque democracia significa reglas y límites, no al revés. Respeto impuesto, a todos y en favor de todos.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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