Autor Iñaki Egaña
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Mensaje VASCOS CON EL EJÉRCITO DE CARTAGO EN LAS GUERRAS PÚNICAS

VASCOS CON EL EJÉRCITO DE CARTAGO
EN LAS GUERRAS PÚNICAS


Iñaki Egaña

OOLa participación de mercenarios vascos en el seno de las tropas cartaginesas no es un hecho destacable por su excepcionalidad, sino porque es la primera vez que los vascos aparecen citados en una contingencia histórica. Los cartaginenses, es decir los fenicios de épocas más antiguas, no estaban interesados, como pueblo eminentemente mercantil que eran, en equipar y organizar grandes ejércitos como no fuera de forma esporádica hasta que tuvieron que competir con otras civilizaciones que se disputaban sus mismos espacios. El Mediterráneo del siglo VI antes de nuestra era surcado por libios, griegos, etruscos y cartaginenses, los primeros competidores naturales de Cartago.

OOA partir de ahí, y hasta nuestros días, necesidades económicas expansionistas, intereses territoriales y reforzamiento de los recursos militares fueron cuestiones tan íntimamente ligadas como para no poder diferenciarse entre ellas. De esa forma, la expansión económica de Cartago, tuvo que recurrir a una profesionalización de su ejército para asegurar sus mercados e intereses en cada zona.

OOSin embargo, los dirigentes de Cartago no sostuvieron jamás, al contrario que lo harían los romanos, un ejército de poderosas unidades militares, sino que se limitaron en cada circunstancia a movilizar un amplio contingente de tropas para apoyar sus acciones militares. Por detrás, como es lógico suponer, estaba un cierto esqueleto, básicamente marítimo, de fuerza permanente.

OOAsí en campaña, y bajo la supervisión de Magón, lugarteniente de Aníbal y uno de los primeros estrategas que conoce la historia militar, fue concebido un ejército cartaginés formado por diferentes anillos. La base de esta estructura era el llamado "batallón sagrado", compuesto por apenas 2.500 hombres. Luego figuraban las tropas de los pueblos aliados, que según las épocas, fueron celtas, íberos, sardos o libios. Este segundo anillo habría que aceptarlo con todas las reservas puesto que no hay elementos suficientes para poder afirmar que se tratasen de tropas aliadas o más bien de tropas sometidas por victorias militares previas. Luego venía el grueso del ejército que estaba formado por mercenarios de la mayoría de los pueblos del Mediterráneo, desde los baleares hasta los ligures, pasando por los corsos y los griegos.

OOCada pueblo o cada soldado, ya fuera en calidad de aliado o de mercenario, recibía una fuerte compensación económica. Estos alistados en las tropas cartaginesas, mantenían sus hábitos guerreros particulares, uniformes si los hubiera y hasta sus propios mandos. Los mandos cartagineses se sirvieron también de asesores militares de otras latitudes y tuvieron una especie de estrategas especializados para cada territorio, llamados boetchardoi por los griegos, lo que da una idea de la importancia que daban a la preparación de sus campañas bélicas.

OOEn el siglo III antes de nuestra era, Roma y Cartago, situadas en orillas opuestas del Mediterráneo, eran los dos focos económicos y políticos de la Europa más desarrollada. Representaban dos civilizaciones distintas que habían impuesto sus códigos a través de la expansión militar. La ciudad de Cartago (en Túnez actual), que contaba con más de un millón de habitantes, dominaba todo el sur Mediterráneo, desde el estrecho de Gibraltar hasta las tierras más cercanas al antiguo impero egipcio. En sus dominios se incluían la islas Baleares, Córcega, Cerdeña y Sicilia.

OORoma, por su parte, había culminado su expansión en la península itálica durante los siglos IV y III antes de nuestra era. En el norte a costa de los etruscos, en el centro de los celtas y en el sur después de derrotar militarmente a varias culturas y pueblos algunos de los cuales habían permanecido bajo la influencia griega.

OOEn esta situación de asentamiento casi definitivo de ambas civilizaciones a mitad del siglo III antes de nuestra era, el formidable choque que finalmente se produciría entre cartaginenses y romanos por el control militar, y por tanto económico, del Mediterráneo, entraba dentro de la lógica expansionista. La expresión inicial del duelo entre Roma y Cartago fue la primera guerra púnica. Esta concluyó oficialmente en el año 241 antes de nuestra era y se saldó con un extraordinario impuesto, a pagar en diez años, con que Roma castigó a Cartago y el paso de Cerdeña y Sicilia a manos romanas. Desde entonces, los victoriosos caudillos de Roma comenzaron a llamar al Mediterráneo Mare Nostrum.

OOEn el año 237 antes de nuestra era, y para compensar sus pérdidas territoriales y poder hacer frente a los pagos, Cartago abordó la conquista del sur de la Península Ibérica, en especial de las zonas mineras de Sierra Morena. Esta nueva expansión cartaginesa originó el que los historiadores han dado en llamar el "Tratado del Ebro", firmado en el año 226 antes de nuestra era. Según este acuerdo, los cartaginenses, liderados entonces por Asdrúbal, renunciaban a cruzar el Ebro, mientras que los romanos reconocían su soberanía al sur del río.

OOPero pocos años después de la firma del tratado, Roma creyó que sus intereses en la Península Ibérica no estaban lo suficientemente resguardados y declaró la guerra a los cartagineses que tenían, para entonces, un nuevo jefe militar: Aníbal. La respuesta de éste fue sorprendente para todos los estrategas. En vez de esperar y pertrechar un potente ejército en espera de las tropas romanas, preparó su ejército para invadir Roma. En el invierno del año 219 antes de nuestra era, los mensajeros de Aníbal contactaron con numerosos pueblos que pudieran aportar su alianza contra Roma, ya fuera por medio de tropas, ya de mercenarios.

OOEntre los visitados estuvieron los vascos, así como otros, principalmente celtas, íberos y del norte de Africa. A finales de mayo del año 218 antes de nuestra era, el ejército de Aníbal, con más de 100.000 soldados y 21 elefantes, llegaba a orillas del Ebro. Muchos de los pueblos entre el Ebro y los Pirineos fueron sometidos por la fuerza en un tiempo relativamente breve, pero con gran coste humano para las tropas de Cartago que, además, vieron como varios miles de sus mercenarios desertaron de su Ejército. Los derrotados eran pueblos como los araneses y andorranos de los que no existen elementos definitorios sobre su composición pero que en cualquiera de los casos, y en aquella época, conservaban buena parte de códigos lingüísticos de tipo vasco. Las escasas crónicas de la época apuntan que Aníbal partió de Cartago-Nova (la Cartagena actual) con una tropa de 110.000 hombres de los que sólo conservaría la mitad después de cruzar los Pirineos.

OOEstos datos apuntan muchas dudas sobre la naturaleza de las condiciones con las que se sumaron los vascones al ejército de Aníbal, si como mercenarios puros, si condicionados por la derrota de los pueblos pirenaicos vecinos o, incluso, si como rehenes por su condición de vencidos en la zona pirenaica en ese verano del año 218 antes de nuestra era. Los cronistas italianos Diodoro, Alpiano y Tito Livio, afirmaban que en los territorios sometidos, los cartagineses usaban el método de leva forzosa entre la población, lo que provocaba abundantes infidelidades entre los contingentes. ¿Hubo conquista cartaginesa sobre parte del territorio vasco y sus ciudadanos sufrieron la conscripción?

OOTras pasar Aníbal y su tropa los Alpes en una travesía épica, recorrió la península itálica logrando nuevos aliados y derrotando en Cannas (en el sur de la Italia actual) al Ejército romano. La derrota del emergente Imperio romano en Cannas fue, a decir de los cronistas, la máxima sufrida en la historia de Roma y la muerte de la casi totalidad de su tropa desplazada al lugar de la batalla. Sesenta mil de sus hombres murieron en la contienda, únicamente mil quinientos fueron hechos prisioneros y unos quince mil lograron escapar.

OOFue precisamente al versificar la derrota romana que el poeta Silio Itálico hablaría de los vascos, entrando, de esta forma, en la historia escrita sobre tiempos lejanos:

Subire leves, quos, horrida misit
Pyrene, populi, uarioque auxere tumultu
Flumineum latus: affulget coetrata iuventus;
Cantaber ante alios, nec tectus tempora Vasco.

("Avanzaron las ágiles gentes que envió el áspero Pirineo y llenaron de abirragado griterio la orilla del río: brilla la juventud cetrada; delante de todos el Cántabro y el Vasco, que lleva las sienes descubiertas").

OOLas citas de los soldados vascos aparecieron en otros versos de Silio Itálico, algunas de ellas previas a la batalla de Cannas, refiriéndose a ellos en términos de "que desestima la protección del yelmo". Silio Itálico es el más preciso al citar a los combatientes del ejército cartaginés, mientras que el resto de cronistas engloban a todas ellos en tres categorías: celtas, libios e íberos. Ya que los celtas no eran otros que los galos y los pueblos del norte de la península itálica, aliados cartaginenses por oposición a Roma, y los libios provenían del norte de África, el término íbero englobaría tanto a los habitantes de la Península Ibérica como cántabros y a los vascos de ambos lados del Pirineo.

OOAlgunos otros datos sesgados, sobre la forma poco ortodoxa de luchar, la pelea cuerpo a cuerpo o la ausencia de armaduras, permiten suponer, junto a la certeza de que jinetes cartaginenses y mercenarios libios atacaron por los flancos, que los vascos presentes en la batalla de Cannas formaron parte del primer contingente de choque que citan las crónicas como integrado por infantes íberos.

OOSiempre en el terreno de la especulación se podría avanzar en el sentido que, en los tratados militares de la antigüedad, los rehenes se utilizaban como fuerza de choque, ya que su expectativa de supervivencia era menor que la de cualquier otro soldado. ¿Serían los vascos presentes en el Ejército de Aníbal soldados por obligación tras los enfrentamientos que produjeron tan numerosas bajas a los cartaginenses en los Pirineos, dos años antes de la batalla de Cannas? O, por el contrario ¿mercenarios de un ejército que luchaba en un escenario ignorado y lejos de Euskal Herria?

OOLa batalla de Cannas, al margen de su referencia en la historia vasca, pudo ser el fin del emergente Imperio romano. Aníbal, sin embargo, dudó sobre el envío de sus tropas victoriosas a Roma y, finalmente, se decidió por dirigir a sus emisarios a la capital del Imperio para proponer conversaciones de paz, que el Senado romano rechazaría. El historiador romano Livio dejaría al respecto una frase para la posteridad: "Tú sabes vencer, Aníbal, pero no sabes aprovechar la victoria".

OODurante quince años, romanos y cartaginenses se volverían a enfrentar en diversos escenarios hasta que en el año 202 antes de nuestra era, el ejército de Roma derrotó totalmente a su oponente. A partir de entonces, la historia daría un vuelco gigantesco y el Imperio Romano se convertiría, en el dueño del sur de Europa.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
Fecha 24/06/2005 15:56
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