irichc     Fecha  20/07/2002 07:26 
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Volver al foro Responder Aristóteles. Hermenéutica.   Admin: Borrar 	mensaje
 
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Aunque pueda resultar algo difícil de seguir, esta introducción a los Analíticos es una buena muestra del estatuto que Aristóteles da al lenguaje y a la realidad. Ambos se hallan en mutua correspondencia, ya que de lo contrario serían inverificables como "lenguaje en sí" o "realidad en sí". A pesar de tener un origen convencional o simbólico, el lenguaje lógico (que subyace al natural) determina la necesidad y coherencia de la naturaleza, al resultar imposible que algo sea y no sea al mismo tiempo, y que alguien tuviera y no tuviera razón al referirse en el pasado a un estado de hechos devenido en el presente (vid. apartado 9).

* * *

1. Escritura, voz, pensamiento y realidad. Lo verdadero y lo falso.

Antes de nada hay que exponer qué es un nombre y qué es un verbo y, a continuación, qué es una negación, qué es una afirmación, qué una declaración y qué un enunciado.

Así, pues, lo que hay en el sonido son símbolos de las afecciones que hay en el alma, y la escritura es símbolo de lo que hay en el sonido. Y, así como las letras no son las mismas para todos, tampoco los sonidos son los mismos. Ahora bien, aquello de lo que esas cosas son signos primordialmente, las afecciones del alma, son las mismas para todos, y aquello de lo que éstas son semejanzas, las cosas, también son las mismas.

Así, pues, de esto se ha hablado en los escritos sobre el alma, pues corresponde a otro tratado diferente. Pero, así como en el alma hay, a veces, una noción sin que signifique verdad o falsedad y, otras veces, la hay también, de modo que necesariamente ha de darse en ella una de las dos cosas, así también ocurre en el sonido: en efecto, lo falso y lo verdadero giran en torno a la composición y la división. Así, pues, los nombres y los verbos, por sí mismos, se asemejan a la noción sin composición ni división, v.g.: hombre o blanco, cuando no se añade nada más: pues aún no son ni falsos ni verdaderos. De esto hay un ejemplo significativo: en efecto, el ciervo-cabrío significa algo, pero no es verdadero ni falso, a menos que se añada el ser o el no ser sin más o con arreglo al tiempo.

2. El nombre. Nombres simples y compuestos. Los casos.

Nombre, pues, es un sonido significativo por convención sin indicar tiempo, y ninguna de cuyas partes es significativa por separado: en efecto, en Kallippos, ippos no significa nada por sí mismo, como sí ocurre en el enunciado kalòs híppos [caballo hermoso]. Sin embargo, lo que ocurre en los nombres simples no ocurre igual en los compuestos: pues en aquéllos la parte no es significativa en absoluto, en cambio, en éstos tiende a serlo, pero por separado no lo es de nada; v.g.: en epaktrokéles [nave pirata], kéles [nave]. Por convención quiere decir que ninguno de los nombres lo es por naturaleza, sino sólo cuando se convierte en símbolo; puesto que también indican algo los sonidos inarticulados, v.g.:de los animales, ninguno de los cuales es un nombre.

No-hombre no es un nombre; ni siquiera hay un nombre con el que llamarlo –pues no es un enunciado ni una negación-; pero digamos que es un nombre indefinido.

En cuanto a de Filón o para Filón y todas las expresiones por el estilo, no son nombres, sino inflexiones del nombre. Su definición consta de las mismas notas que las otras expresiones, salvo que, unidas a es o era o será, no dicen verdad ni falsedad –el nombre, en cambio, siempre-, v.g.: de Filón está o no está; en efecto, no dice en ningún momento nada verdadero ni falso.

3. El verbo. Peculiaridad del verbo ‘ser’ como verbo “puro”.

Verbo es lo que cosignifica tiempo, y ninguna de sus partes tiene significado separadamente; y es signo de lo que se dice acerca de otro. Digo que cosignifica tiempo en el sentido de que, mientras salud es un nombre, está sano es un verbo: en efecto, cosignifica que se da ahora. Y siempre es signo de lo que se dice acerca de otro, en el sentido de lo que se dice acerca de un sujeto.

A “no está sano” y “no está enfermo” no lo llamo verbo: en efecto, cosignifica tiempo y siempre se da acerca de algo, pero no hay nombre para designar su diferencia respecto del verbo propiamente dicho; pero digamos que es un verbo indefinido, ya que se da por igual en cualquier cosa, tanto existente como inexistente. De manera semejante, tampoco “estaba sano” o “estará sano” es un verbo, sino una inflexión del verbo en que éste cosignifica el tiempo presente, y aquél el tiempo que envuelve al presente.

Así, pues, dichos por sí mismos, los verbos son nombres y significan algo –pues el habla detiene el pensamiento, y el que escucha descansa-, pero no indican en modo alguno si existe algo o no; en efecto, ni siquiera ser o no ser es signo de la cosa real, por más que diga lo que es a secas. En sí mismo, en efecto, no es nada, sino que cosignifica una cierta composición, que no es posible concebir sin los componentes.

4. El enunciado y sus clases. El enunciado asertivo.

Enunciado es un sonido significativo, cualquiera de cuyas partes es significativa por separado como enunciación, pero no como afirmación. Digo que hombre, por ejemplo, significa algo, pero no que sea o que no sea (aunque sería una afirmación o una negación si añadiera algo); sin embargo, una sílaba de hombre no es significativa; en efecto, tampoco en ratón es significativo –tón, sino que, en este caso, es meramente un sonido. En cambio, en los términos dobles sí tiene significado cada parte, pero no en sí misma, como ya se ha dicho. Todo enunciado es significativo, pero no como un instrumento natural, sino por convención, como ya se ha dicho; ahora bien, no todo enunciado es asertivo, sino sólo aquel en que se da la verdad o la falsedad: y no en todos se da, v.g.: la plegaria es un enunciado, pero no es verdadero ni falso. Dejemos, pues, de lado esos otros –ya que su examen es más propio de la retórica o de la poética-, ya que el objeto del presente estudio es el enunciado asertivo.

5. Aserciones simples y aserciones compuestas.

El primer enunciado asertivo singular es la afirmación, y el siguiente la negación; los demás sólo tienen unidad gracias a una conjunción. Necesariamente, todo enunciado asertivo constará de un verbo o una inflexión del verbo; y, en efecto, el enunciado de hombre, si no se añade el es, el será, o el era, o algo semejante, no es en modo alguno un enunciado asertivo (ahora bien, decir por qué animal terrestre bípedo es una sola cosa y no varias –en efecto, no será una unidad simplemente porque se diga de un tirón- corresponde a otro tratado).

(...)

6. La afirmación y la negación.

Una afirmación es la aserción de algo unido a algo, y una negación es la aserción de algo separado de algo. Ahora bien, como quiera que es posible, tanto aseverar que no se da lo que se da, como aseverar que se da lo que no se da, y de igual modo respecto a los tiempos distintos del presente, cabría negar todo lo que uno afirmara y afirmar todo lo que negara; así que es evidente que a toda afirmación se le opone una negación y, a toda negación, una afirmación. Y llamemos contradicción a eso, a la afirmación y la negación opuestas; digo que se oponen la afirmación y negación de lo mismo acerca de lo mismo (pero no de manera homónima, ni de ninguna de las otras maneras que distinguimos contra las distorsiones sofísticas).

(...)

9. La oposición de los futuros contingentes.

(...) En efecto, si es verdad decir que es blanco o que no es blanco, necesariamente será blanco o no será blanco y, si es blanco o no es blanco, será verdad afirmarlo o negarlo; y, si no se da, se dice una falsedad y, si se dice una falsedad, no se da; así que necesariamente la afirmación o la negación ha de ser verdadera.

Ahora bien, entonces nada es ni llega a ser por azar, ni llega a ser cualquier cosa al azar, ni será o no será, sino que todas las cosas son lo que son por necesidad, y no cualquier cosa al azar (en efecto, o bien dice la verdad el que afirma o bien el que niega); pues de otro modo lo mismo podría llegar a ser que no llegar a ser; en efecto, lo que llega a ser cualquier cosa al azar no tiene ni tendrá por qué ser así o no ser así.

Además, si es blanco ahora, era verdad antes decir que sería blanco, de modo que siempre era verdad decir, de cualquiera de las cosas que llegaron a ser, que sería; y, si siempre era verdad decir que es o que será, no es posible que tal cosa no sea ni vaya a ser. Ahora bien, lo que no es posible que no llegue a ser es imposible que no llegue a ser; y lo que es imposible que no llegue a ser, es necesario que llegue a ser; así, pues, todo lo que será es necesario que llegue a ser. Ahora bien, no será en absoluto cualquier cosa al azar ni será por azar: pues si fuera por azar, no sería por necesidad.

Pero tampoco cabe en modo alguno decir que ninguna de las dos cosas es verdad, v.g.: que ni será ni no será. Pues, primero, en ese caso resulta que, siendo falsa la afirmación, la negación no sería verdadera y, siendo esta falsa, la afirmación no es verdadera. Y, además, si es verdad decir que es blanco y negro, es preciso que ambas cosas se den, y si fuera verdad decir que se darán mañana, no será cualquier cosa al azar, por ejemplo una batalla naval: en efecto, sería preciso que ni llegara ni no llegara a haber una batalla naval.

(...)

13. La derivación de las aserciones modales.

Ahora bien, hay que ver cómo se comporta lo necesario. Es manifiesto, ciertamente, que no se comporta así, sino que se siguen las contrarias, mientras que las contradictorias están aparte. En efecto, la negación de “es necesario que no sea” es “no es necesario que sea”; pues cabe que ambas sean verdad sobre la misma cosa: en efecto, lo que es necesario que no sea no es necesario que sea. La causa de que no se sigan de manera semejante a las otras es que, tomado de manera contraria, lo imposible se corresponde con lo necesario, al tener la misma virtualidad; pues, si es imposible que sea la cosa en cuestión, es necesario, no que sea, sino que no sea; y, si es imposible que no sea, es necesario que la cosa en cuestión sea; de modo que, si bien aquellas expresiones se siguen igual que lo posible y lo no posible, éstas, en cambio, se siguen a partir de la contraria, ya que lo necesario y lo imposible significan lo mismo, pero como ya se ha dicho, de manera inversa. ¿O acaso es imposible que las contradicciones de lo necesario se establezcan así? En efecto, lo que es necesario que sea es posible que sea; pues, si no, se seguiría una negación: en efecto, necesariamente se afirma o se niega; de modo que, si no es posible que sea, es imposible que sea lo que es necesario que sea, lo cual es absurdo. Sin embargo, de “es posible que sea” se sigue “no es imposible que sea”, y de esto se sigue que no es necesario que sea; de modo que resulta que lo que es necesario que sea no es necesario que sea, lo cual es absurdo. Sin embargo, de “es posible que sea” no se sigue ni “es necesario que sea” ni “es necesario que no sea”: en efecto, ambas cosas pueden darse en aquélla, pero si cualquiera de esas dos cosas es verdad aquellas aserciones ya no lo serán; en efecto, es posible a la vez que sea y que no sea; pero, si necesariamente es o no es, no serán posibles ambas cosas.

(...)

Es manifiesto sin duda, a partir de lo dicho, que lo que es por necesidad es efectivamente, de modo que, si las cosas eternas son anteriores, también la efectividad es anterior a la potencia. Y unas cosas son efectividades sin potencia, v.g.: las entidades primarias, otras lo son con potencia –las cuales son anteriores por naturaleza y posteriores en el tiempo- y otras nunca son efectividades, sino sólo potencias.

(...)

Aristóteles. Sobre la interpretación.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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