irichc     Fecha  17/06/2002 16:42 
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Volver al foro Responder Avicena y la izquierda aristotélica   Admin: Borrar 	mensaje
 
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¿Es la materia un mero objeto presente, ante los ojos, o, por el contrario, es un sujeto con potencias activas, latentes, por realizar? Esta última es la novedad que introducen Aristóteles y su corriente “de izquierda” (Avicena, Averroes, Avicebron, Giordano Bruno) respecto a los neoplatónicos y a la “derecha” aristotélica, representada por Santo Tomás de Aquino.

* * *

Aristóteles

“También la luz hace reales los colores que sólo existen como posibles.”

De anima

“Distinguimos en primer lugar la materia, que en sí no es todavía una cosa determinada, en segundo lugar la figura y forma, en virtud de la cual se designa en adelante algo como la cosa determinada, y en tercer lugar la cosa compuesta de materia y forma. La materia es la posibilidad (potencialidad), pero la forma es la realidad (actualidad).”

Ibid.

“Hay tantas especies en movimiento y cambio como especies de lo existente. Mas puesto que en cada especie se separa todo a tenor de la potencialidad y la actualidad, a la actualidad de lo potencial, en tanto que lo sea, le doy el nombre de movimiento... Pero ocurre que el hecho del movimiento tiene lugar mientras la potencialidad es a la vez realidad, y no antes ni después de ello. Así, pues, el movimiento no es otra cosa que la realidad de lo potencialmente existente, en tanto que ello sea susceptible de movimiento.”

Metafísica

...

Avicena

“Las ciencias filosóficas se dividen en teoréticas y prácticas. Las teoréticas (que se dividen a su vez en matemática, ciencia natural y metafísica) tienen como fin perfeccionar la facultad intelectiva del alma haciendo el entendimiento actualmente pensante. Ello se consigue al adquirir el entendimiento la ciencia de las cosas que no son nuestras acciones y circunstancias, ciencia que se sirve de la aprehensión conceptual y de la formulación de juicios sobre el mundo exterior. La filosofía práctica (la ética) es aquella que de manera inmediata aspira al perfeccionamiento de la facultad intelectiva teorética, haciendo que surja en nosotros un saber de las cosas que son nuestras propias acciones, el cual saber aprehende conceptualmente y formula juicios. El objeto de este saber teorético es que en segunda instancia obtengamos de esta ciencia la perfección de la facultad práctica por medio de buenas cualidades de carácter... La metafísica (parte final de la filosofía teorética) es, sin embargo, aquella ciencia que investiga (en cuanto problema) las causas primeras del ser que es objeto de la ciencia natural y la metafísica.

Así, pues, esta ciencia se divide necesariamente en cuatro partes. Una de ellas se ocupa de la causa primera, de la cual depende todo ser producido. Otra parte trata de los accidentes del ser (antes, después, potencia y acto, el todo y la parte, la individualidad, la diversidad, las oposiciones y otros), una tercera de los primeros principios de las ciencias particulares. Pues los primeros principios de toda ciencia que tenga un ámbito limitado constituyen la problemática de la ciencia con un ámbito más amplio. Los principios, por ejemplo, de la medicina (el cuerpo viviente y la salud) son así problemas de la ciencia natural, igual que los principios de la planimetría son problemas de la geometría. De la misma manera elucida la metafísica, como tarea accidental suya, los primeros principios de las ciencias particulares... Por ello resulta, pues, claro y evidente cuál haya de ser el objeto de esta ciencia.”

La metafísica de Avicena

“Toda cosa que surge nueva o tiene en sí antes de surgir la posibilidad (material) de existir o es imposible.”

Ibidem

“La naturaleza de aquello que existe en potencia se encuentra exclusivamente en la materia en cuanto sustrato de ello. De ahí que la materia esté constituida de modo que se puede decir que estriba en sí misma en virtud de la potencia y que es existente.”

Ibidem

“La materia no puede ser la causa de la existencia de las formas. Esto es evidente por las siguientes razones: en primer lugar, la materia sólo es materia en el sentido de que tiene la facultad de acoger algo en sí y estar predispuesta para algo. Mas lo que se halla predispuesto no puede, en cuanto tal, ser causa de la existencia de aquello para lo cual está predispuesto (la forma). Si fuera causa, se seguiría necesariamente que lo otro (la forma) tendría que estar siempre presente en ello, aun sin previa disposición. En segundo lugar, es imposible que la esencia de una cosa sea de manera actual causa de otra cosa, mientras ella misma permanece aún en la potencia.”

Ibidem

...

Averroes

“Suponer que hay almas inmateriales y a pesar de ello múltiples, es un disparate. Pues la causa de la multiplicidad es la materia, mientras que la concordancia dentro de la multiplicidad está constituida por la forma. El que existan sin la materia cosas numéricamente múltiples que concuerden en la forma es, por tanto, imposible.”

La refutación de Gazali (Destructio destructionis)

“La posibilidad necesita de una cosa real a la que ser inherente... Cuando se trata de la posibilidad de la causa, la posibilidad del principio receptor es por tanto una condición necesaria; pues la causa que pueda no tener efecto es imposible... Tiene que haber, pues (en la materia eterna) un movimiento eterno que origine en la materia esa sucesión encadenada de cosas que surgen y perecen; pues por surgir se entiende la modificación y la transformación de una cosa desde una potencialidad hasta el acto... Resulta en consecuencia que en el proceso del devenir hay una potencialidad (sin comienzo), que es el sustrato de las formas sustanciales contrarias que en él se suceden entre sí”.

Ibidem

“Habiéndose puesto en claro lo que significan potencialidad y actualidad, pasaremos a exponer ahora cuándo existe en potencia cada una de las cosas individuales y cuándo no; pues no es que cualquier cosa sea en potencia cualquier cosa (de forma que todo pudiera surgir de todo). Es evidente que las facultades (potencias) son las unas más próximas y las otras más lejanas, y siendo esto así, también los sustratos y facultades serán unas veces más próximos y otras más lejanos. La potencia lejana no pasa a la actualidad si antes no se ha realizado el último sustrato (es decir, en su forma mayormente dispuesta en último término). Cuando se dice por esta razón que una cosa existe a tenor de la potencia en otra, mientras que aquella es una potencia lejana, ello se ha de entender en sentido figurado... La potencia no evoluciona en este determinado sustrato (hacia la actualidad) en cualquier estado. Es, por el contrario, preciso que exista en aquel estado en el que se da la posibilidad de su paso a la actualidad. El semen sólo potencialmente es un hombre cuando llega al útero, no perdiendo así la posibilidad más cercana de convertirse en un hombre. Por ello exige toda cosa, además de este primer ser posible, más lejano, el otro más cercano (plenamente mediatizado para la realización), ambos como sustratos potenciales. Dándose estas dos potencias y habiendo una feliz coyuntura de las causas eficientes y de la eliminación de obstáculos, la cosa pasa necesariamente a la actualidad.”

La metafísica de Averroes

...

Avicebron

“Puesto que en el mundo corpóreo tienen todas las materias y todas las formas de ellas una esencia común, resulta que hay una materia unitaria y una forma unitaria. Y como también en el mundo de lo anímico y espiritual tienen todos los cuerpos y todas las formas una esencia común, resultaría que también allí hay una materia unitaria y una forma unitaria.”

Fons vitae

“Como además coinciden asimismo la forma general corpórea y la forma general espiritual en una esencia común, resulta de ello una materia absolutamente general y una forma absolutamente general.”

Ibidem

“La materia general y la forma general son los elementos constituyentes del espíritu universal.”

Ibidem

“La materia y la forma del espíritu universal son el punto de partida de todas las restantes materias y formas, descendiendo hasta la última conexión.”

Ibidem

“Si la materia universal de todas las cosas es una, ello implica las siguientes peculiaridades: existe por si misma, su esencia es una y la misma, sustenta la diversidad y da a cada una de las cosas su esencia y su nombre”

Ibidem

...

Giordano Bruno

“La costumbre de creer –dice Aristóteles al final del segundo libro sobre la sabiduría- es la causa principal que impide al entendimiento humano la percepción de tantas cosas que de por sí son muy asequibles. Cuán grande sea la fuerza de esta costumbre –dice- nos lo demuestran las leyes, para cuya validez tienen mayor importancia los hábitos legendarios y pueriles que los hechos patentes. Pues, como observa al respecto su comentador Averroes, de igual manera que los hombres se habitúan a los tóxicos hasta el punto de que éstos les llegan a proporcionar un alivio, cual si fueran alimentos naturales, ocurre por otra parte que lo que en todos los demás surte efectos salutíferos y vivificantes, puede ser la perdición para ellos.

Pero aquellos a los que el hado proveyó de mejores dones espirituales, aquellos que no van dormidos por el mundo, pueden percibir sin gran dificultad la luz que se desparrama por doquier, con tal de que, a la hora de pronunciar sentencia en la disputa entre la fe y la razón, designados como árbitros entre las dos partes litigantes, escuchen atentamente, saliendo de entre las nieblas del prejuicio común, las razones de ambas partes, las sometan a un cuidadoso examen y, con ayuda de una balanza exactísima, comparen y sopesen todo cuanto aparece a los sentidos como evidente, irrefutable, conforme o inamovible, familiar y acostumbrado, tan pronto como sea puesto en duda, con aquello que al contrario les pueda parecer más absurdo. Pues sólo así llegarán a hacer prevalecer al fin su opinión ante los dioses y los hombres, y no a ciegas, como el vulgo rudo, como el servil y necio rebaño en su profundísima oscuridad y en la tenebrosa cueva de la ignorancia, sino bajo la clara luz divina de la verdad, como todos aquellos que están convencidos de la existencia de una verdad divina.

Mas aquí nos encontramos en un terreno en el que reina la libertad de pensamiento, donde cada cual debe tener presente que el don de la visión corporal y espiritual no le ha sido otorgado en vano, que no necesita cerrar sus ojos a capricho de los farsantes e ignorantes, que no desprecia, en un alarde de ingratitud para con el bondadoso creador de la naturaleza, el preciado don de la razón, cual si ésta no se pudiese compaginar con otros dones de la misma divinidad y cual si una verdad se pudiera interponer en el camino de otra o una luz auténtica pudiera oscurecer a otra luz auténtica. Siendo esto así, ¿habríamos de asustarnos y escondernos de esa facultad de discernimiento y examen, núcleo más valioso de nuestro ser, que es como decir de nosotros mismos? Antes bien, habida cuenta de la divinidad que habita en nuestro interior y de la luz que resplandece en la fortaleza de nuestro espíritu, volvamos nuestros ojos de investigadores hacia el lugar donde, apenas fijemos la mirada, adquiramos con toda certidumbre un conocimiento ante cuya belleza, santidad y veracidad, ante cuya naturalidad, se bata en retirada todo sofisma engañoso y se desmorone la superstición de fantásticos zahoríes.

Consciente de su poder, el espíritu se atreverá a intentar el vuelo hacia el infinito, cuando antes estuvo encerrado en la más estrecha mazmorra, desde la cual sólo podía alcanzar la facultad visual de sus ojos miopes hacia los lejanísimos parpadeos de los astros a través de grietas y pequeños agujeros, por así decir. Pero además estaban sus alas –por así decir- cortadas por el cuchillo de una mostrenca fe consuetudinaria que levantaba una cortina de niebla entre nosotros y la majestad de los celosos dioses, que con su propia imaginación creaba incluso un nublado que ella creía construido con hierro y acero. Liberado empero de esta visión de pesadilla a base de la mortalidad, de las iras del destino y del discernimiento plúmbeo, liberado de las cadenas de las crueles erinias y de los fantaseos del amor parcial, se lanza el espíritu en dirección al éter, atraviesa, flotando, el ilimitado ámbito de enormes y numerosos universos, visita los astros y rebasa en su vuelo las imaginarias fronteras del universo. Han desaparecido los muros de todas esas octavas, novenas, décimas y demás esferas que en su ciega locura inventan filósofos y matemáticos. Con ayuda de la investigación dirigida simultáneamente por los sentidos y la razón, se abren los palacios de la verdad, los ciegos recuperan la vista, a los mudos se les desata la lengua y los que hasta entonces estaban impedidos para cada progreso espiritual adquieren fuerzas nuevas para visitar el sol, la luna y otros habitáculos de la mansión del Padre universal, semejantes al mundo en que vivimos, menores y peores, pero también mayores y mejores, en gradación infinita. Llegamos así a una contemplación más digna de la divinidad y de esta madre naturaleza que nos engendra en su seno, nos conserva y, por fin, nos vuelve a acoger y, además, no creeremos en adelante que haya ningún cuerpo sin alma o, como fementidamente dicen algunos, que la materia no sea otra cosa que un estercolero de sustancias químicas.”

El Estimulador o Una defensa de las tesis del Nolano Giordano Bruno.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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