irichc     Fecha  15/03/2004 02:45 
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Volver al foro Responder Cardano. Sobre la veracidad de los sueños.   Admin: Borrar 	mensaje
 
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Dado que todas las cosas que llegan hasta nosotros son conocidas a través de los sentidos, con mayor razón procede también de los sentidos la distinción entre los diversos sueños. De todas formas, la razón desempeña una función importante y contribuye a este conocimiento estableciendo distinciones y diferencias. Las señales que permiten llevar a cabo estas distinciones son de tres clases: específicas, comunes y conjeturales. Averroes ha reagrupado las señales específicas en dos categorías: la primera se reconoce en el sueño, la segunda en la vigilia. La señal específica del sueño es la de una impresión fuerte, clara y distinta, mediante la cual nos parece ver y oír verdaderamente, mientras que en la vigilia la señal es el estupor que se apodera del alma. Se revela así la fuerza y la constancia de la causa que genera los sueños. Las señales comunes se refieren por ejemplo a la naturaleza de las personas, la edad, las acciones, los usos y costumbres, el clima, las estaciones, la estructura del sueño, la causa y la hora. Tienen por naturaleza sueños verdaderos quienes sueñan pocas veces, y falsos los que sueñan con frecuencia. En razón de la edad, los ancianos tienen sueños verdaderos con más facilidad que los jóvenes, pues los sueños de los niños son inconstantes y de ordinario falsos y se refieren a cosas insignificantes. Además, los que están empeñados en acciones o negocios importantes, desprecian la comida y la bebida y no están turbados por el temor o la tristeza, tienen sueños más verdaderos; y falsos los que son de condición opuesta. Por eso los sueños de los príncipes son más verdaderos. Y las personas piadosas y de carácter franco tienen sueños veraces, mientras que quien no es piadoso, pero es cruel, no tiene sueños mentirosos, sino verdaderos, aunque no ocurre así si es supersticioso. La costumbre tiene también aquí, como en otros ámbitos, un papel muy importante; por tanto, debe creerse más a quien está habituado a tener sueños verdaderos y menos a los otros. Entre las estaciones, el verano y el invierno, que son estables, permiten tener sueños más verdaderos; la primavera y el otoño, que son mudables, los estorban. El clima sereno contribuye a la veracidad de los sueños; los vientos, en cambio, suscitan sueños vanos, y cuanto más violentos son tanto más inútiles son los sueños. Añadamos que los sueños breves y ordenados son más verdaderos, pues tienen una mayor evidencia y provienen de una causa más constante. Tampoco pueden surgir, en general, sueños ordenados de los humores y de las comidas, o de la preocupación por las cosas que debemos hacer, salvo que las hayas ponderado a fondo. Los sueños vinculados a otros sueños son verdaderos, y cuanto más distantes parecen ser, sin confundirse, son más ciertos. Todos los sueños que se tienen desde la salida del Sol hasta la hora tercia no pueden estar faltos de verdad, mientras que ocurre lo contrario en los que acontecen hacia mediodía y al ponerse el Sol. El Sol es, en efecto, el artífice de las cosas verdaderas y constantes y por eso cuanto más cerca está de los ángulos hace las imágenes más verdaderas. Quien tiene en el horóscopo de su nacimiento a Júpiter, y todavía más a Venus, como planeta dominante, si se encuentra en la casa nueve, cuando la Luna se aproxima a Mercurio, en Aries, Libra o León y se aleja del Sol y se hace señora de la casa, que significa el trabajo, tendrá siempre sueños verdaderos, es decir, sus sueños estarán menos mezclados con los que nacen de los humores, las comidas y la memoria, y serán tan evidentes y claros que se comprenderá fácilmente su sentido.

Pasemos ahora a los sueños conjeturales: son verdaderos por conjetura los sueños que acontecen a quien está preocupado por un peligro inminente, como si Dios se apiadara de nosotros. Y lo son asimismo los que concuerdan perfectamente con las dudas de quien los tiene o con las cuestiones a que se enfrenta. Tal fue el caso de César el día anterior de su muerte. Hallarse profundamente hundido en un sueño sin pensamientos es el preludio de sueños verdaderos y certísimos. Además, cuando los pensamientos no oprimen el espíritu, no ha habido excesos en la comida ni se han modificado durante el día los antiguos hábitos, cuando el estado de ánimo es, en suma, tranquilo y sereno, la llegada imprevista de una visión extraordinaria es prueba de un sueño absolutamente verdadero. Pero si el soñador es mendaz, si los sueños se mezclan con fragmentos de las acciones del día, si se añade el descuido o se han ingerido tipos de alimentos que provocan sueños, en particular azafrán, todo esto los convierte en vanos.

Es, además, necesario establecer cuidadosas distinciones cuando se analizan los sueños, porque el sueño que corresponde a un asunto tiene distinto significado que el que se refiere a un afecto. Cuanto más ligeros son los pensamientos y los afectos y cuanto más cerca están de cumplirse las cosas que consideramos, tanto más verdaderos son los sueños, y son tanto más hueros en el caso contrario. Si deseo, por ejemplo, comprar una granja pero no he dado todavía ningún paso en este sentido y sueño sin embargo que ya la he comprado, el sueño es vano. Pero si me han hecho algunas propuestas respecto a esta adquisición y el asunto está ya bien encaminado, y sueño que crío ganado o que pido dinero a mi madre o que estoy saturado de panes, todo esto significa que compraré la granja. Es también digno de reflexión el hecho de que los sueños no son por lo general verdaderos tomados al pie de la letra: por ejemplo, comprar significa en realidad tomar esposa. Pero como existen ídolos verdaderos en sí mismos, que no requieren ulteriores interpretaciones, debe distinguirse un caso del otro, como explicaremos en su momento. Baste por ahora con haber comprendido que dicen más a menudo la verdad los sueños que significan por vías e imágenes indirectas y que se refieren más a una actividad que a un afecto. Los sueños en los que se mezclan acciones incongruentes revelan, con su confusión, su falsedad, como por ejemplo si sueño que soy rey y juego con los niños. Pues, en efecto, aunque ninguna cosa es tan absurda que no pueda ocurrir en los sueños, las acciones deben ser acordes con la situación de las personas soñadas, aunque te sean distantes tanto en la vigilia como en el sueño. Basta con que los sueños incluyan cosas sin valor (como la visión del mar o las palabras) para que todos los sueños de este género sean vacíos y se les considere fundamentalmente falsos, mientras que se entiende que los sueños contrarios están bien fundamentados. Y ten bien presente que los sueños de las personas sencillas e inexpertas deben ser tenidos de ordinario por verdaderos, porque su alma es más pura y menos enmarañada.

Gerolamo Cardano. El libro de los sueños.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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