irichc     Fecha  14/02/2003 10:31 
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Volver al foro Responder El libro de los muertos tibetano.   Admin: Borrar 	mensaje
 
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Indicaciones para librarse del karma durante el estado intermedio, es decir, el que va desde la muerte psicofísica hasta la próxima reencarnación, o bien hasta la iluminación definitiva.

* * *

“Oh, hijo dilecto, llamado ***! Ha llegado para ti el momento de buscar la senda [de la liberación espiritual]. En cuanto cese tu respiración, [aparecerá] ante ti la denominada “luz clara fundamental” de la primera fase del estado intermedio, cuyo sentido te había indicado tu lama. Al cesar la respiración aflorará tu conciencia trascendente, impoluta y desadornada, [esencia de] lucidez y vacío, sin foco ni límites, y [a través de ella] se hará patente el Absoluto, vacío y desnudo como el espacio etéreo. Cuando llegue el momento, reconoce tú mismo [aquella luz clara] y permanece en ese estado. Yo también te indicaré [para ayudarte] en dicha ocasión.”

“Esa [sensación inicial de tremenda pesadez corporal que se transforma en la sensación de sentirte bañado por un insoportable frío] es la señal de que la tierra [, uno de los protoelementos de tu individualidad psicofísica,] se está disolviendo en el [protoelemento] agua; [la sensación de sentirte invadido por un intenso calor febril es la señal de que] el [protoelemento] agua [se está disolviendo] en el [protoelemento] fuego; [la sensación de que tu cuerpo se está disgregando progresivamente es la señal de que] el [protoelemento] fuego [se está disolviendo] en el [protoelemento] aire; [la sensación de estar envuelto por una llameante luminosidad es señal de que] el [protoelemento] aire [se está disolviendo] en tu principio causal de conciencia; etc.”

“¡Oh, hijo dilecto! Ahora que ha sobrevenido [para ti] la denominada muerte, ¡actúa para generar adecuadamente el espíritu [de iluminación]! Genéralo pensando lo siguiente: “¡Oh, ha llegado para mí la hora de la muerte! A partir de este momento, basándome en la muerte misma, voy a generar solamente pensamientos de amor y de compasión y el espíritu de iluminación. Alcanzaré la perfecta buddhidad para el bien de todos los seres del mundo sensible, tan vastos como el espacio etéreo”. Y en particular: “Ahora mismo, para el bien de todos los seres del mundo sensible, reconoceré como Cuerpo de Eseidad la luz clara [que se manifiesta] en punto de muerte. En dicho estado obtendré la suprema realización del Gran Ademán Simbólico indisolublemente unida al estado intermedio, actuaré para el bien de todos los seres del mundo, tan vastos como el espacio etéreo infinito, manifestándome de la manera más apropiada para cada uno”. Sin abandonar esta actitud mental para generar el espíritu [de iluminación], recuerda la experiencia práctica de las enseñanzas que recibiste antaño sobre cualquier tipo de meditación.”

“¡Oh, hijo dilecto, llamado ***! ¡Escucha! Esta que ahora mismo surge ante ti es la pura luz clara del Absoluto. ¡Reconócela!”

“¡Oh, hijo dilecto! Esa vacuidad incorrupta es la esencia de la plena conciencia que ahora tienes. La incorrupta vacuidad insustancial, cuya esencia no posee ni entidad real, ni características, ni color alguno, ¡ésa es Kun-tu-sang-mo [el aspecto femenino del estado búddhico alegórico] del Absoluto! Mas tu plena conciencia no está impregnada sólo de simple vacío; es plena conciencia que brilla por completo sin obstrucción y es diáfana. ¡Esa conciencia trascendente es el Buddha Kun-tu-sang-po [el aspecto masculino del estado búddhico alegórico]! Tu conciencia trascendente, la vacuidad cuya esencia insustancial está libre de toda entidad, y la plena conciencia de diáfana lucidez son todas inseparables. ¡Así es el Cuerpo de Eseidad de los buddhas! Tu conciencia trascendente, que se halla en esa gran masa luminosa, esa unión indisoluble de lucidez y de vacío, no está sujeta a nacimiento ni a solución. ¡Es la luz inmutable de los buddhas! ¡Reconócela simplemente! Caer en la cuenta de que la esencia incorrupta de tu plena conciencia es el estado búddhico, considerando que [aquella esencia] es de por sí como tu propia conciencia trascendente, ¡eso es poseer el entendimiento del estado búddhico!”

“¡Oh, hijo dilecto! ¡Medita sobre tu divinidad arquetipo! ¡No te distraigas! ¡Dirige el poder de tu voluntad hacia esa divinidad arquetipo! ¡Considérala aparente mas sin naturaleza propia, como [el reflejo de] la luna en el agua! ¡No la consideres material!”

...

“¡Oh, hijo dilecto! ¡Escucha sin distraerte y concentrándote intensamente! Existen seis tipos de estados intermedios: el estado intermedio de la vida natural, [que va desde el nacimiento hasta el estado agónico que antecede a la muerte,] el estado intermedio del sueño, el estado intermedio del éxtasis de la meditación contemplativa, el estado intermedio que antecede a la muerte [propiamente dicha], el estado intermedio del Absoluto y el estado intermedio del emergente devenir.”

“¡Oh, hijo dilecto! [Con la muerte, vas a atravesar] tres estados intermedios emergentes en ti: el estado intermedio que antecede a la muerte, el estado intermedio del Absoluto y el estado intermedio del devenir. La luz clara del Absoluto se te apareció hasta ayer, en el curso del estado intermedio que antecede a la muerte, pero no lo reconociste. ¡Por eso estás errando por ahí! Ahora el estado intermedio del Absoluto y luego el estado intermedio del devenir van a emerger en ti. ¡Reconócelos sin distraerte con [la ayuda de] las indicaciones que te daré!”

“¡Oh, hijo dilecto! Ha llegado el momento para ti de la denominada “muerte”. Estás pasando de este mundo al más allá; pero no eres el único, eso le ocurre a todos. Así pues, no sientas apego por esta vida ni te aferres a ella, porque, aunque lo intentes, no tienes poder para permanecer [aquí]. No lograrás evitar tener que ir migrando por el samsara. ¿No cobres apego!, ¡no te aferres [a la vida]! ¡Acuérdate de los Tres Excelsos!.”

“¡Oh, hijo dilecto! Cualesquiera que sean las espantosas visiones del estado intermedio del Absoluto que tengas, ¡no olvides estas palabras! ¡Procede, recordando su significado! ¡Éste es el punto clave para la identificación [de tu estado actual]!.”

“¡Oh¡
Ahora que el estado intermedio del Absoluto emerge en mí,
descartaré todas las visiones de pánico, terror y miedo,
mi conciencia trascendente reconocerá como proyecciones mías propias todas las visiones que yo pueda tener
y así sabré que se trata de manifestaciones típicas del estado intermedio.
Ahora que he llegado a este trance crucial
no temeré a las cortes de deidades apacibles e iracundas, que son mis proyecciones visionarias.”

“¡Procede pronunciando con claridad estas palabras y recordando su significado! ¡No las olvides!, pues constituyen el punto clave para identificar con certeza como tu propia proyección cualquier visión espantosa que tengas.”

“¡Oh, hijo dilecto! En cuanto tu cuerpo y tus pensamientos se separen [definitivamente], el puro Absoluto emergerá [ante ti] en forma de visiones sutiles y diáfanas, claras y vibrantes, de terrible y deslumbrante naturaleza, centelleantes cual un espejismo sobre una llanura en verano. ¡No las temas! ¡No seas presa del terror! ¡No sientas pánico! ¡Advierte que se trata del resplandor potencial del Absoluto que está en ti! Un gran estruendo, el fragoroso son connatural del Absoluto, retumbará del seno de esa luz, semejante al estrépito de mil truenos simultáneos. Es el son connatural del Absoluto al que perteneces; por eso ¡no lo temas!, ¡no seas presa del terror!, ¡no sientas pánico! [Ahora] posees lo que se denomina “un cuerpo mental de propensiones psíquicas”, no un cuerpo físico de carne y huesos. Por eso, cualquier sonido, resplandor y rayo de luz que advengan no podrán dañarte. ¡No puedes morir! Sólo debes darte cuenta de que [todo eso] son tus propias proyecciones visionarias. ¡Advierte que éste es el estado intermedio!”

“¡Oh, hijo dilecto! Si no reconoces como tus propias proyecciones visionarias [aquellas alucinaciones], cualesquiera que sean las técnicas de meditación y de realización que hubieses practicado [cuando estabas] entre los hombres, si no recibiste los presentes consejos [sobre el estado intermedio], los resplandores te asustarán, los sonidos te causarán pánico y los rayos de luz te aterrorizarán. Si no entiendes cuál es el punto clave de estos consejos, no lograrás reconocer los sonidos, ni los resplandores, ni los rayos de luz y errarás por el samsara.”

...

[El estado intermedio de las deidades apacibles]

[Primer día]

“¡Oh, hijo dilecto! Has permanecido tres días y medio en un estado inconsciente y ahora sigues adelante. Has vuelto a tomar la conciencia [sutil propia de tu estado actual] y te preguntas, preocupado, qué es lo que te ha ocurrido. ¡Advierte que te hallas en el estado intermedio! En ese momento en que se invierte el ciclo samsárico, todas las visiones [que tendrás] se aparecerán como luces e imágenes divinas. [Esa que sigue a continuación será su larga secuencia. Para empezar,] el espacio etéreo se te mostrará por entero como una luz de color azul. Entonces, proveniente del empíreo [de Tuk-po-kö-pa,] brotado de una gota de luz en el centro mismo [del espacio,] se te aparecerá el divino Nam-par-nang-dsö. Su cuerpo es blanco y toma asiento en el trono del león. En su mano derecha sostiene una rueda [del Dharma] de ocho radios y está íntimamente enlazado a su consorte, la espacial Ying-chuk-ma. Una vez purificado el factor constituyente del principio causal de conciencia, la luz azul de la sabiduría prístina de la dimensión elemental del Absoluto, clara, fulgúrea y terriblemente intensa, brillará ante ti, proveniente del plexo cardíaco de Nam-par-nang-dsö y de su consorte, y será tan deslumbrante que tus ojos apenas podrán soportarla. Al mismo tiempo, la desvaída luz blancuzca de las deidades samsáricas brillará también ante ti. Entonces, a causa de tu mal karma, tendrás miedo y terror de la reluciente luz azul de la sabiduría prístina de la dimensión elemental del Absoluto y la rehuirás, sintiéndote atraído [, en cambio,] por la luz blancuzca y desvaída de las deidades. ¡No sientas pánico ni temas, en esa circunstancia, la luz azul de intensa claridad y tremendamente resplandeciente, [puesto que es] la luz clara de la suprema sabiduría prístina! El rayo de luz del [Buddha] Trascendente [Nam-par-nang-dsö] es [la manifestación de] la denominada “sabiduría prístina de la dimensión elemental del Absoluto”. ¡Dirige hacia él tu fe y tu veneración! Invócalo, pensando: “¡Es el rayo de luz [que emana] de la compasión del divino Nam-par-nang-dsö!”. Ése [es el modo en que el] divino Nam-par-nang-dsö ha venido para acogerte con ocasión de las angosturas del estadio intermedio. Es el rayo de luz de la compasión de Nam-par-nang-dsö. ¡No te dejes atraer por la luz blancuzca y desvaída de las deidades del samsara! ¡No sientas apego ni afección [por ella]! Si cobras apego por ella te perderás en el reino de esas deidades y migrarás por las seis clases de existencia samsárica. [Esa luz desvaída] es un obstáculo que interrumpe el camino hacia la libertad. Por eso, ¡no vuelvas tu mirada hacia ella! Venera la luz azul tremendamente brillante y, con intensa devoción por Nam-par-nang-dsö, repite, después de mí, esta plegaria de aspiración:

“¡Oh!
Ahora que por mi profunda ineptitud estoy errando por el samsara,
que el divino Nam-par-nang-dsö me guíe en el sendero,
el sendero de la luz clara de la sabiduría prístina de la dimensión elemental del Absoluto,
y que Ying-chuk-ma, su sublime consorte, me dé su apoyo.
¡Liberadme de las temibles angosturas del estado intermedio
y conducidme hacia el estado búddhico perfectamente puro!”

“Pronunciando con intensa veneración y fervor dicha plegaria de aspiración, te disolverás en la luz irisada [cuyo foco está] en el plexo cardíaco de Nam-par-nang-dsö y de su consorte y, en el empíreo central de Tuk-po-kö-pa, alcanzarás el estado búddhico en el modo [del Cuerpo] de Perfecta Beatitud.”

...

[El estado intermedio de las deidades iracundas]

Se describirá ahora cómo aparece el estado intermedio de las deidades iracundas.

El estado intermedio de las deidades apacibles hasta aquí [descrito] consta de siete angostas etapas progresivas [o días]. A través de las indicaciones graduales sobre éstas, aunque [el difunto] no logre identificar [la luz clara del Absoluto] durante una [de aquellas etapas], logrará reconocerla en otra y podrá alcanzar la liberación. Esto ocurre en innumerables ocasiones. Pero aunque se produzcan muchas liberaciones de esa manera, los seres del mundo sensible son tantísimos, su mal karma es abundante, sus tendencias negativas son muy poderosas y sus propensiones psíquicas perjudiciales. El ciclo samsárico de ignorancia falaz no se extingue ni se dilata. Por eso, aunque se les den indicaciones muy precisas, abundan los que no se han liberado y siguen migrando [por estados de existencia] cada vez más abajo.

Después de haber sido acogido por la corte de deidades apacibles y por [la de] los escientes y las ninfas espaciales, aparece [ante el muerto] la corte de las cincuenta y ocho deidades iracundas, llameantes y bebedoras de sangre, que es la transmutación de la precedente corte de deidades apacibles. La situación actual es, pues, distinta porque éste de ahora es el estado intermedio de las [deidades] iracundas. En consecuencia, [el muerto] será presa del miedo, del terror y del pánico, [por lo cual] le resultará aún más difícil identificar [la luz clara]. [A estas alturas del estado intermedio, el muerto] no posee ya ningún tipo de capacidad referente a la conciencia trascendente; siente vértigo y se desvanece. Pero si logra reconocer [la realidad de su estado], aunque sólo sea en parte, alcanzará fácilmente la liberación, por la razón de que, cuando se tienen visiones que provocan pánico, terror y miedo, la conciencia trascendente no se concede distracción alguna y acrecienta su atención al máximo. Si en tal situación no se posee este tipo [específico] de consejos, aunque se haya recibido un mar de enseñanzas [de otro tipo], éstas resultan inútiles. En dicha situación, incluso los superiores de las órdenes monásticas y los grandes maestros de metafísica están confundidos, y al no lograr identificar [la realidad última] siguen migrando por el samsara. Y [eso mismo le ocurre], mucho más todavía, a la gente común. Huyendo del pánico, del terror y del miedo [suscitados por sus propias visiones], se hunden en el abismo de las clases inferiores de existencia y [en ellas] padecen [grandes] sufrimientos. En cambio, un yogui que haya practicado las enseñanzas del tantrismo, aunque sea el último de los últimos, apenas ve a la corte de deidades bebedoras de sangre las reconoce como cuando uno se encuentra con un viejo conocido y, sabiendo que se trata de divinidades arquetipo, deposita en ellas su confianza. Se funde así unitariamente [con esas divinidades] y alcanza el estado búddhico. Pero el punto clave es que incluso aquel que en el curso de su existencia humana haya evocado con la meditación esas imágenes divinas bebedoras de sangre, les haya hecho ofrendas y las haya alabado, o incluso aquel que sólo haya visto las imágenes divinas representadas en pinturas, estatuas, etc., podrá reconocerlas cuando amanecen y así se liberará.

Por más que, en el curso de su existencia humana, los superiores de las órdenes monásticas y los maestros de metafísica se hayan esforzado en la práctica del Dharma, y por muy expertos que hayan sido a la hora de exponerlo, si en vida no depositaron en su mente el [germen de las enseñanzas del] tantrismo o lo menospreciaron, o si no tenían ninguna familiaridad con las cortes de deidades tántricas, al morir no dejan señal alguna [de su realización espiritual], como son las reliquias corporales, las píldoras sagradas, la luz irisada, etc. [Estas personas] no logran reconocer [las imágenes divinas] cuando amanecen en el curso del estado intermedio. Al verlas de repente, sin haberlo hecho anteriormente, las toman por enemigos; generan animadversión contra ellas y, como consecuencia, van a parar a las clases inferiores de existencia. Por eso, por muy bien que se haya observado la regla monástica y [se conozca] la metafísica, si no se posee experiencia práctica del tantrismo, [al morir] no se producen las señales [de la realización espiritual], como reliquias corporales, imágenes sagradas, píldoras sagradas, luz irisada, etc. Ésa es la razón.

Por el contrario, incluso el último de los últimos tantristas, por más que a primera vista su conducta pueda haber parecido ordinaria, o por más que se haya mostrado irreverente o inexperto o se haya conducido inmoralmente, aunque no posea ni siquiera la menor experiencia práctica de las enseñanzas del tantrismo, éste, si no tiene concepciones erróneas sobre las mismas ni dudas [a aquel respecto], sólo con sentir veneración [por lo que representa] el tantrismo podrá alcanzar la liberación en esta circunstancia. Así, aunque su conducta entre los hombres haya sido indecorosa, en el momento de su muerte se producirán las señales [de su realización espiritual,] como reliquias corporales, píldoras sagradas, imñagenes sagradas, luz irisada, etc., lo cual se debe al inmenso influjo benéfico del tantrismo.

[El resto de personas,] a partir de los yoguis tántricos de capacidad media, [incluyendo a] los que han adquirido la experiencia práctica meditativa de los estados de generación y de perfección, o han pronunciado [debida y repetidamente] la esencia [de los mantras], etc., no tienen por qué errar hasta abismarse en el estado intermedio del Absoluto. En cuanto cesa su respiración reciben, ciertamente, la bienvenida al puro [empíreo de] Khao-chö por parte de los escientes, los héroes, las ninfas espaciales, etc. En señal de ello, el cielo se muestra perfectamente despejado, se ve una profusión de arcos iris y de luces, llueven flores, huele a incienso, el espacio resuena con música, aparecen rayos de luz y [el cuerpo del difunto] produce reliquias corporales, píldoras sagradas, imágenes sagradas, etc. Éstas son las señales [de su plena realización espiritual]. Por eso, tanto los que han observado la regla monástica, como los maestros de metafísica, los practicantes tántricos que han roto sus vínculos iniciáticos o la gente común no tienen otro medio más [de alcanzar la liberación] que el de La suma liberación por audición.

Los grandes meditadores que han practicado [el sistema de] la Gran Perfección, el [del] Gran Ademán Simbólico, etc., logran reconocer la luz clara del estado intermedio que antecede a la muerte y consiguen realizar el Cuerpo de Eseidad, de manera que no tienen necesidad alguna de que se les lea esta [enseñanza de] La suma liberación por audición.

Por lo tanto: si se reconoce la luz clara del estado intermedio que antecede a la muerte, se alcanza el Cuerpo de Eseidad; si se logra reconocer [dicha luz] cuando se tienen las visiones [de las deidades] apacibles e iracundas durante el estado intermedio del Absoluto, se alcanza el Cuerpo de Perfecta Beatitud; y si se reconoce durante el estado intermedio del devenir, se alcanza el Cuerpo de Emanación y se nace en un dominio superior [del ciclo samsárico], donde uno se encontrará [de nuevo] con la doctrina del Dharma, actuando este buen karma residual en la vida siguiente. Por eso, La liberación por audición es la doctrina que ilumina sin [necesidad de] meditar, la doctrina que permite alcanzar la liberación simplemente por audición, la doctrina que guía, a través de la senda secreta, a los que están cargados de graves vicios, la doctrina que establece la diferencia en un solo instante; es la profunda doctrina para alcanzar la perfecta iluminación en un solo instante. Es [prácticamente] imposible que los seres del mundo sensible a los que ha alcanzado vayan a parar a las clases inferiores de existencia. La combinación de esta [doctrina] con la de La liberación por medio de llevar encima [determinados amuletos] es como un mándala áureo [tridimensional] engastado con turquesas. ¡Aplícala!

El libro de los muertos tibetano.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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