irichc     Fecha  20/06/2003 22:57 
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Volver al foro Responder Erasmo de Rotterdam. La guerra es dulce para quienes no la han vivido.   Admin: Borrar 	mensaje
 
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El cristianismo, religión de paz, es contradictorio con la guerra

En primer lugar, ¡qué desagradable es ese primer rumor de guerra! Y luego, ¡a cuánto odio se expone el príncipe mientras despoja a sus súbditos con constantes impuestos! ¡Cuánto desvelo en conseguir y retener tropas auxiliares, cuánto esfuerzo en reclutar tropas bárbaras y soldados mercenarios! ¡Cuántos gastos y cuántas preocupaciones a la vez para disponer la flota, construir o reparar fortalezas y plazas fuertes, aprestar tiendas, fabricar y reunir ingenios bélicos, armas ofensivas y defensivas, bagajes, vehículos, víveres! ¡Cuánto trabajo hay que llevar a cabo para construir empalizadas, cavar fosas, excavar galerías, en las guardias, en las maniobras! No hablo ya de los miedos; no hablo de los peligros, pues ¿qué no cabe temer en la guerra? ¿Quién sería capaz de enumerar las incomodidades que se ven obligados a soportar en el campamento los necios soldados, dignos incluso de incomodidades aún mayores puesto que las soportan voluntariamente?: la comida que daría asco incluso a un buey de Chipre; el lecho, que despreciaría hasta un escarabajo; el sueño, escaso e independiente de tu voluntad; la tienda, abierta por doquier a los vientos, y a veces ni siquiera tienda. Hay que aguantar a la intemperie, dormir en el suelo, permanecer de pie con las armas encima, soportar el hambre, el frío, el calor, el polvo, la lluvia; hay que obedecer a los jefes, soportar el látigo. Sin duda no hay servidumbre más indigna que la de los soldados. Por si fuera poco, a una funesta señal hay que ir a la muerte de suerte que o mates salvajemente o caigas infortunadamente. Tantos males hay que arrostrar para poder llegar a la más miserable de todas las situaciones. Con males tan inmensos nos afligimos de antemano a nosotros mismos para ponernos en condiciones de afligir a los demás.

Pero si decidimos hacer cuentas y sopesar con razones de verdad cuánto cuesta la guerra y cuánto la paz, hallaremos al instante que podemos comprar la segunda con la décima parte de las preocupaciones, trabajos, molestias, peligros, gastos y finalmente de la sangre que requiere la guerra. Conduces al peligro a una gran multitud de hombres para destruir una ciudad, pero con su esfuerzo podrías levantar, sin peligro alguno, otra ciudad mucho más hermosa. Dirás no obstante que tu objetivo es hacer daño al enemigo. Pero esto mismo es ya inhumano y debes valorar también si no puedes hacerle daño sin hacer daño antes a los tuyos. Y parece propio de un loco asumir tanto mal cierto, cuando resulta incierto de qué lado caerá la suerte de la guerra.

Admitamos que los paganos fueron arrastrados a esta locura por la estulticia o por la ira, o por la ambición, la avaricia o la crueldad o –como a mí me parece más probable- por Furias enviadas de los infiernos. Pero ¿de dónde nos ha venido a nosotros a la mente que un cristiano eche mano a la espada ensangrentada contra otro cristiano? Cuando un hermano mata a un hermano hablamos de un parricidio. Sin embargo un cristiano está unido más estrechamente a otro cristiano que cualesquiera hermanos entre sí, a no ser que los lazos naturales sean más fuertes que los lazos de Cristo. ¡Cuán absurdo es que estén en guerra entre sí casi sin interrupción quienes tienen una casa en común –la Iglesia-, se ufanan de ser miembros del mismo cuerpo con una cabeza común –Cristo-, tienen un mismo padre en el cielo, están vivificados por la misma sangre, han renacido de la misma fuente, se nutren de los mismos sacramentos, militan bajo el mismo capitán, se alimentan del mismo pan, participan del mismo cáliz, tienen el mismo enemigo –el diablo- y finalmente están llamados a la misma herencia! ¿Dónde se puede hallar tantos sacramentos de una concordia perfecta, tan innumerables enseñanzas de paz? Un único precepto fue denominado por Cristo suyo, concretamente el de la caridad. ¿Hay algo más contrario a ésta que la guerra? Cristo saluda a los suyos con el feliz augurio de la paz; nada da a los discípulos excepto la paz, nada les deja más que la paz. En aquellas sagradas oraciones pide al Padre sobre todo que al igual que él mismo era una sola cosa con el Padre, así también los suyos, es decir, los cristianos, sean una sola cosa con él. Estás oyendo algo que es ya más que paz, más que amistad, más que concordia. Salomón, que para los hebreos significa ‘pacífico’, era figura de Cristo; pues bien, por él quiso Dios que le fuera construido su templo. David se había señalado por virtudes muy diferentes; sin embargo lo apartó de la construcción del templo por la razón de que se había manchado con sangre. Y sin embargo hizo casi siempre la guerra contra los impíos por mandato de Dios y además en una época en la que el que debía consumar la ley de Moisés todavía no había enseñado que se debe amar también a los enemigos. En el nacimiento de Cristo los ángeles no cantan guerra y triunfos, sino paz. Antes de que naciera, el poeta místico profetizó: “Y tiene en la paz su morada”.

Examina toda su doctrina: nada hallarás de un cabo al otro que no exhale paz, que no suene a amistad, que no sepa a caridad. Y como sabía que la paz no puede darse más que una vez despreciadas totalmente las cosas por las que este mundo se desgarra, ordenó que aprendiéramos de él a ser mansos. Llamó bienaventurados a quienes ni de las riquezas ni de su hija soberbia se preocupan, pues llama a éstos “pobres de espíritu”, llamó bienaventurados a quienes desdeñan los placeres de este mundo (son “los que lloran”), los cuales sufrirían verse privados de sus posesiones por saber que esto no es más que un exilio y que la verdadera patria, la verdadera posesión de los hombres piadosos está en el cielo; llamó bienaventurados a quienes, a pesar de hacer el bien a todo el mundo, son calumniados y reciben injurias sin vengarse. Ordenó que nadie resistiera al mal. En una palabra: del mismo modo que toda su enseñanza predica tolerancia y amor, toda su vida no enseña otra cosa que mansedumbre. Así reinó, así guerreó, así venció, así triunfó. Lo mismo inculcan los apóstoles, que habían bebido el espíritu todavía puro de Cristo y estaban dichosamente embriagados de ese mosto. ¿Qué otra cosa pregonan por doquier todas las cartas de Pablo sino paz, dulzura, caridad? ¿De qué habla Juan, qué repite sino amor? ¿Habla Pedro de otra cosa? ¿Hablan acaso de otra cosa todos los escritores verdaderamente cristianos? ¿De dónde ha nacido tanto estrépito de guerras entre los hijos de la paz? ¿Es acaso una fábula que Cristo se llama a sí mismo vid y a los cristianos sarmientos? ¿Quién vio jamás que el sarmiento luche con el sarmiento? ¿Es acaso vano lo que escribe Pablo más de una vez, esto es, que la Iglesia no es otra cosa que un único cuerpo, formado por diversos miembros y unido a una única cabeza que es Cristo? ¿Quién ha visto que el ojo luche con la mano o el vientre con el pie? En este universo reina la armonía de todas las cosas, aun siendo tan diferentes. En el cuerpo del animal reina la paz entre sus miembros, pues la función que desempeña cada parte no la desempeña para sí sola, sino para el conjunto del organismo. Si algo ocurre a cualquiera de ellas, el conjunto del organismo acude en ayuda. ¿Va a poder más la conexión natural en un cuerpo perecedero que la unión del espíritu en un cuerpo místico e inmortal? ¿Acaso pedimos en vano siguiendo el mandato de Cristo aquello de “hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo”? En la ciudad celeste reina suma concordia. Ahora bien, Cristo quiso que su iglesia no fuera otra cosa que un pueblo celeste que vive en la tierra de acuerdo con su modelo celeste en la medida de lo posible, que camina hacia él y de él depende.

Imagínate que ahora llegara a este mundo nuestro un nuevo visitante o de aquellas ciudades lunares que puebla Empédocles o de uno cualquiera de los mundos innumerables que se imaginó Demócrito, llevado del deseo de conocer cómo se vive aquí abajo. Informado por algunos, oye que existe un cierto ser vivo que une admirablemente cuerpo (que tiene en común con los animales) y alma, que pregona la imagen de la mente divina; oye también que dicho ser es tan generoso que, a pesar de estar aquí exiliado, impera sobre todos los demás animales; que llevado de su origen celeste tiende siempre a las cosas celestes e inmortales; que hasta tal punto fue objeto de cuidado por el dios eterno que, como no pudiera conseguir por sus fuerzas naturales ni por las razones de la filosofía lo que deseaba, envió aquí a su único hijo para que enseñara un nuevo género de doctrina. Tras haber aprendido a continuación toda la vida y mandamientos de Cristo, el visitante deseará comprobar desde alguna elevada atalaya todo lo que había oído. Una vez hubiera visto que todos los demás animales vivían perfectamente, cada uno en su especie, y se guiaban por las leyes de la naturaleza; que no desean sino lo que manda la naturaleza y que sólo un animal chalanea, comercia, pleitea, hace la guerra con sus semejantes, ¿acaso no pensaría que el hombre del que había oído hablar era cualquier otro animal antes que el hombre mismo? Cuando se le hubiera señalado quién era el hombre, procedería a examinar dónde se hallaba ese rebaño de los cristianos que, siguiendo lo dispuesto por aquel doctor celeste, reproduce la imagen de la ciudad angélica. ¿Acaso no juzgaría que los cristianos viven en cualquier lugar antes que en estas regiones en las que ve tanta opulencia, lujo, placeres, fasto, tiranía, ambición, engaños, envidia, iracundia, discordia, riñas, pugnas, guerras, tumultos, en una palabra: una especie de monstruo lerneo de todas las cosas que Cristo condena, mayor que entre cualesquiera turcos o sarracenos?

Erasmo de Rotterdam. La guerra es dulce para quienes no la han vivido.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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