irichc     Fecha  9/03/2006 16:56 
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Volver al foro Responder Erasmo y la violencia de género   Admin: Borrar 	mensaje
 
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Olalla - Quiérote dezir otro caso e con éste acabaré los enxemplos. Este nuestro vezino, que es, como sabes, buen hombre aunque algo ayrado, hirió un día a su muger, que es una santa; ella se recogió a su cámara e allí consigo lloró su passión reprimiéndola e dissimulándola lo más que podía, dende a un poco entró también el marido y como la viesse llorar dixole: ¿Qué hazes aquí llorando e solloçando como los niño? Ella le respondió ¿No te parece que es mejor que vazíe mi enojo aquí con lágrimas en mi cámara que no a bozes en la calle como otras para affrentar a sus maridos hacen? Con esta palabra tan de muger de bien, el marido confuso e arrepentido determinó de domar su ánimo e dándole la mano prometióle de nunca más poner las manos en ella e assí lo guardó.

Xantipa- Lo mesmo acabé yo con mi marido aunque por otra vía.

Ola.- Sí, pero por esso no cessan entre nosotros las rezillas y enojos continuos.

Xan.- ¿Pues qué quieres que haga?

Ola.- Ante todo es menester que te esffuerces a dissimular sus descortesías e injurias si alguna te hiziere tu marido e que comiences a ablandar su ánimo con servicio, afabilidad e mansedumbre, e créeme que le vencerás o le harás muy más sufrible de lo que hasta aquí te ha sido.

Xan.- Es tan bravo que ningunos servicios le ablandarán.

Ola.- ¡Ea! no digas esso que ninguna fiera ay tan brava que no se haga doméstica con halagos quánto más el hombre. Pruévalo por algunos días y quéxate de mi si no hallares mi consejo averte aprovechado, pero mira que ay faltas algunas que es menester que las dissimules si no las pudieres en él emendar sobre todo está sobre aviso, que en la conversación matrimonial, que suele ser la concordia que suelda todos los desabrimientos que passan entre marido e muger, no le seas enojosa acordándote que por el sacramento del matrimonio le traspasaste, como sant Pablo lo dize, el señorío de tu cuerpo; e si allí nacen discordias no queda esperança de poderse en otra parte alguna remediar e créeme que mucha parte de la honestidad e castidad de los maridos va en ser bien tratados en este caso de sus mugeres. Ca la falta de buen acogimiento que hallan en sus mugeres, con quienes podrían tener santa e legítima conversación, les haze buscar otras deshonestas compañías, y aun a las vezes sospechar que el amor que sus mugeres les niegan le tengan puesto en otro varón, por lo qual muchas, en este caso de mala condición, otras de buena intención, yerran gravemente contra Dios y contra sus maridos.


Erasmo de Rotterdam. Coloquios familiares.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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