irichc     Fecha  21/08/2003 02:24 
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Volver al foro Responder Escoto Eriúgena. Periphyseon.   Admin: Borrar 	mensaje
 
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Primer modo de ser y no ser

Esta diferencia discriminadora, la más radical entre todas, demanda cinco modos de interpretación.

El primero parece ser aquel, al que induce la razón, de afirmar verdaderamente que todo cuanto cae bajo la percepción del sentido corporal o de la inteligencia es. Pero lo que por la excelencia de su naturaleza escapa no sólo a todo sentido, sino también a todo intelecto y razón, justamente se opina que no es; y se señala rectamente sólo de Dios y de las razones y esencias de todas las cosas por Él creadas. Y esto no sin fundamento, ya que, como dice Dionisio Areopagita, sólo quien verdaderamente es, el mismo es propiamente esencia de todas las cosas: "Pues ser de todas las cosas -dice- es la divinidad, más allá del ser". También Gregorio el Teólogo confirma con muchos argumentos que de ninguna manera un intelecto o razón puede entender qué es una substancia o esencia, tanto de creatura visible como invisible. En efecto, así como ningún intelecto comprende a Dios en sí mismo más allá de toda creatura, así también es incomprensible en lo más secreto de las creaturas, hechas por Él y en Él existentes. En toda creatura, lo que el sentido corporal percibe o lo que considera el intelecto no es sino un cierto accidente. Como ya se dijo, la esencia de cada una de ellas es por sí misma incomprensible; de ésta se conoce que es, pero no qué es, gracias a la cualidad, o a la cantidad, o a la forma, o a la materia, o a alguna diferencia, o al lugar, o al tiempo. He aquí, pues, el primer y supremo modo de división de lo que se dice ser y no ser, ya que juzgo que de ninguna manera puede aceptarse aquel modo aparente que se basa en la privación tanto de las substancias como de los accidentes. No se me alcanza de qué manera pueda ser útil para las divisiones de las cosas aquello que enteramente no es, ni puede ser, ni supera al intelecto por la eminencia de su existir, a pesar de que quizás alguien diga que las cosas, de las que son ausencias y privaciones, no son absolutamente nada, sino que, por una admirable fuerza natural, de alguna manera son porque existen aquellas cosas en las que radica propiamente la privación, la ausencia o la oposición.

(...)

La naturaleza creante y no creada

De las divisiones de la naturaleza ya enunciadas, la primera que habíamos descubierto es aquella que crea y no es creada. Y no sin razón, ya que tal especie de la naturaleza se predica rectamente sólo de Dios, quien, creador único de todas las cosas, se entiende que es ánarchos, es decir, sin principio, ya que sólo Él es causa principal de todo cuanto es hecho sólo desde Él mismo y por Él mismo, y, a consecuencia de ello, es el fin de todo cuanto desde Él existe, y todo tiende hacia Él mismo. Es, por lo tanto, principio, medio y fin. Principio, ciertamente, porque desde Él es todo cuanto participa de la esencia. Medio porque en Él mismo y por Él mismo subsisten y se mueven. Y también fin porque hacia Él mismo se mueven por la querencia de la quietud propia de su movimiento y la estabilidad propia de su perfección.

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Acerca del nombre "Dios"

(...)

Los griegos han aceptado una etimología que o bien le hace derivar del verbo "theorô" -esto es: "veo"-, o bien del verbo "théo" -esto es, "corro"-, o bien rectamente se admite ya que es más probable por radicar en ellos un único y mismo concepto, que deriva de ambos. Pues cuando deriva del verbo "theorô", Theós se interpreta "Vidente", pues ve todo cuanto hay en Él, mientras que nada contempla fuera de sí mismo porque nada hay fuera de Él mismo. Cuando, por lo contrario, deriva del verbo "théo", Theós justamente se entiende como "El que corre", y, en efecto, Él corre en todas las cosas y de ningún modo permanece, ya que es corriendo como a todas llena, tal como está escrito: "Rápidamente corre su palabra" (Sal. 147, 15).

Movimiento y reposo de Dios

Y, pese a ello, no se mueve de ninguna manera. De Dios, con toda certeza y verdad, se afirma un movimiento estable y un estado móvil. Permanece en sí mismo inmutable sin abandonar jamás su natural reposo. A sí mismo mueve a través de todas las cosas para que sean aquellas cosas que esencialmente subsisten desde Él. Por su movimiento todas las cosas se hacen. Y es por esto por lo que resulta único e idéntico el concepto que late bajo ambas interpretaciones del único nombre, Dios. No es diferente en Dios "correr en todas las cosas" que "ver todas las cosas": tanto al ver como al correr son hechas todas las cosas.

(...)

No dije que Dios se moviera fuera de Él, sino desde sí mismo, en sí mismo y hacia sí mismo. No puede creerse que se dé en Él otro movimiento que no sea el deseo de su voluntad por el que quiere que sean hechas todas las cosas. Como no debe entenderse su reposo como una quietud que siguiera al movimiento, sino como aquel propósito de su misma inmutable voluntad por el que define la permanencia de todas las cosas en la inmutable estabilidad de sus razones. Propiamente no se dice que en el mismo se dé reposo o movimiento. Estas dos cosas parecen opuestas entre sí y la recta razón prohíbe que se piensen o entiendan opuestos en Él; especialmente cuando el reposo, en sentido estricto, es el fin del movimiento, Dios no empezará a moverse para alcanzar determinada quietud. Tales nombres, como muchos otros semejantes, se trasladan de la creatura al Creador por una especie de metáfora divina, no irracionalmente si Él es la causa de todas las cosas que están en reposo o en movimiento. En efecto, desde Él comienzan a correr para llegar a ser, ya que es principio de todo; y por Él son llevadas hasta Él en movimiento natural para que en Él reposen inmutable y eternamente, ya que de todo es el fin y el reposo. Fuera de Él nada apetecen, dado que en Él encuentran el principio y el fin de su movimiento.

En consecuencia, se dice que Dios corre, no porque corra más allá de Él, quien siempre reposa inmutablemente en sí mismo, sino porque hace que todo corra desde lo no existente a la existencia.

* * *

Relación entre cuerpo y lugar

Los cuerpos se incluyen en la categoría de la cantidad, y la categoría de la cantidad por naturaleza está muy distante de la categoría de lugar; por tanto, el cuerpo no es un lugar, ya que la localización no es la cantidad.

Si ciertamente, como ya dijimos, la cantidad no es otra cosa que la dimensión, precisa de las partes que se distinguen o bien sólo por la razón, o bien por diferencias naturales, y la racional progresión hasta determinados límites de aquellas cosas que se extienden por los espacios naturales -me refiero a la longitud, latitud y altitud-. Pero el lugar no es otra cosa que el entorno y el acabamiento de las cosas que tienen un límite claro. Si, en consecuencia, este mundo visible es un cuerpo, se seguirá necesariamente que sus partes también sean cuerpos, y que, si son cuerpos, queden incluidos en el género de la cantidad y no del lugar: es así que son cuerpos, por lo tanto no son lugares.

¿Te das cuenta de qué manera, por las razones alegadas, se demuestra que este mundo con sus partes no es un lugar sino que se contiene en un lugar, esto es, en el ámbito limitado de su definición? Una cosa es aquello que contiene y otra aquello que es contenido. Los cuerpos están encerrados en sus lugares: una cosa será, por tanto, el cuerpo y otra el lugar, tal como una cosa es la cantidad de las partes y otra su definición. En consecuencia, los cuatro conocidísimos elementos no son lugares, sino circunscritos a un lugar, ya que son las partes principales por medio de las cuales se realiza la totalidad del mundo visible.

(...)

Lugar y tiempo son inseparables

Pues acepta a manera de exordio este razonamiento que tomé de unos santos Padres, a saber, de Gregorio el Teólogo y del egregio expositor de sus sermones, Máximo.

Todo cuanto es -excepto Dios, quien propiamente subsiste aislado más allá del mismo ser- se entiende que está en un lugar. Conjuntamente con él -a saber, el lugar- es comprendido siempre y enteramente el tiempo, ya que no es posible entender el lugar una vez separado del tiempo, tanto como tampoco puede ser definido el tiempo sin implicar a la vez el lugar. Hay que situarlos, en efecto, entre aquellas cosas que existen simultáneamente y siempre, de una manera inseparable. Y sin ellos ninguna esencia de las que reciben el ser por la generación, podría en modo alguno existir o ser conocida.

Así pues, la esencia de todo cuanto existe es local y temporal; y en consecuencia no puede ser conocida de ningún modo si no es en un lugar y un tiempo, bajo "lugar" y "tiempo". Pues la totalidad de todas las cosas no existe bajo sí misma y en sí misma. Establecer esto es irracional e imposible, a saber, que la misma totalidad está sobre su misma totalidad, cuando -de hecho- está circunscrita por aquel poder en el que culmina la causalidad situado más allá de todas las cosas y que las circunscribe todas bajo sí y en sí mismo.

Definiciones de lugar

Tal lugar del universo, por tanto, es exterior a los límites, tal como algunos definen "lugar" al decir: Lugar es el ámbito más allá del universo, o la posición fuera del universo, o el límite comprensivo en el que se comprende lo comprendido.

La universalidad de las cosas también se halla bajo el "tiempo", porque todo cuanto tiene ser, después de Dios, no tiene simplemente ser, sino de un modo determinado y por ello no carece de un principio. En efecto, todo cuanto recibe razón de algún modo, de la esencia, aunque es, no era. Y así, ser de algún modo, es ser localmente; y empezar a ser de algún modo, es ser temporalmente; y en consecuencia todo cuanto es -excepto Dios-, ya que subsiste de determinado modo, y por generación empezó a subsistir, necesariamente se encierra en lugar y tiempo. De donde, cuando decimos "Dios es", no afirmamos que sea de un modo determinado, sino que "es" y "era" en Él lo decimos simplemente, sin límite y absoluto. Lo divino es incomprensible para toda razón e intelecto; cuando de Él afirmamos el ser, no decimos qué es Él. De Él procede el ser, pero Él no es. De tal modo supera el ser que es superser y totalmente superior a cuanto se dice o entiende.

(...)

Acerca de Melquisedec

Creo que debe ser entendido de cuantos habrán de participar de la beatitud eterna, lo que se escribió sólo de Melquisedec: que careció de padre y madre y que ningún principio tuvieron sus días por generación en la esencia, ni final de sus tiempos. Ciertamente carecerán de todo límite local y temporal todos los que retornen a sus razones eternas, que no tienen inicio de tiempo por generación en el lugar y el tiempo, ni final por resolución, ni están circunscritos por ninguna posición local; de esta manera radicarán sólo en ellas y en ninguna otra cosa. Y se adherirán a la Causa de todas las cosas, que carece de toda circunscripción por ser infinita, como infinitos en el infinito y, por lo tanto, sólo Dios aparecerá en ellos cuando trasciendan los límites de su naturaleza. No ciertamente porque perezca en ellos su naturaleza, sino porque en ellos sólo aparecerá lo único que verdaderamente es, que en esto consiste trascender la naturaleza: en no aparecer la naturaleza, tal como acontece con el aire, según dijimos reiteradamente, que, lleno de luz, no es visible porque sólo la luz reina.

(...)

Conclusión sobre lugar y tiempo

Y con ello se llega a la conclusión de que el lugar no es otra cosa que la natural definición, modo y posición de cada una de las creaturas, sea general, sea especial. Del mismo modo, el tiempo no es sino el comienzo del movimiento de las cosas por la generación desde el no ser al ser, y las medidas determinadas del movimiento de las cosas mutables hasta alcanzar la estabilidad del fin en el que todas reposarán inmutablemente.

Escoto Eriúgena. Periphyseon.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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