irichc     Fecha  1/08/2006 00:33 
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Volver al foro Responder Fechner. Vida tras la muerte   Admin: Borrar 	mensaje
 
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El hombre vive en la tierra no una vez, sino tres. La primera etapa de la vida es un sueño continuo; la segunda una alternancia entre sueño y despertar; la tercera es un despertar eterno.

En la primera etapa el hombre vive solo en la oscuridad; en la segunda vive con compañeros, cercano y entre ellos, pero separado y bajo una luz que representa el exterior por él; en la tercera su vida se fusiona con la de otras almas en la existencia superior del Supremo Espíritu, y discierne la realidad de las cosas últimas.

En la primera etapa el cuerpo se desarrolla desde el germen y madura sus atributos para la segunda; en la segunda el espíritu se despliega a partir de su retoño y actualiza sus poderes para la tercera; en la tercera se explaya la chispa divina que yace en toda alma humana, la cual, ya desde ese instante y a través de la percepción, la fe, el sentimiento y el Genio, demuestra al alma en su tercera etapa el mundo más allá del hombre, claro como el día, aunque oscuro para nosotros.

La mudanza de la primera a la segunda etapa se llama nacimiento; la transición de la segunda a la tercera se llama muerte.

El modo en el que transitamos de la segunda a la tercera etapa no es más oscuro que aquel por el que alcanzamos la segunda desde la primera. Una conduce a lo exterior, la otra al aspecto interior del mundo.

Pero así como el niño en la primera etapa es todavía ciego y sordo a toda la gloria y felicidad de la vida en la segunda, y su nacimiento a través del cálido cuerpo de su madre es arduo y doloroso, comprendiendo un momento en el que la disolución de su existencia anterior es sentida como la muerte, antes del despertar al nuevo entorno y sin que ésta realmente ocurra; del mismo modo en nuestra existencia presente, en la que nuestra entera conciencia permanece limitada en un cuerpo contracto y todavía no conoce nada del esplendor y la armonía, el fulgor y la libertad de la tercera etapa, fácilmente nos aferramos al oscuro y angosto sendero que nos transporta a ésta como a un escollo ciego y sin salida. Pero la muerte es sólo un segundo nacimiento a una vida más libre, en la que el espíritu se abre paso a través de su ligero armazón y abandona la apatía y la pereza, como hace el niño en su primer nacimiento.

Entonces, siendo nuestros sentidos actuales sólo aptos para captar lo externo y, como si dijéramos, desde lejos, amaneceremos penetrados y poseídos por la realidad en su profundidad ignota. El espíritu no vagará ya más sobre montañas y campos, ni será ceñido por las delicias de la primavera, sólo para lamentarse de que todo le resulte ajeno; mas, trascendiendo las limitaciones terrenales, sentirá crecer en sí una nueva fuerza y una felicidad en aumento.

Ya no contenderá más con palabras persuasivas para suscitar una idea en sus semejantes, sino valiéndose de la influencia inmediata de las almas entre sí, nunca más separadas por lo corporal, antes unidas espiritualmente; experimentará la dicha del pensamiento creador; y no aparecerá en su forma exterior ante los seres amados dejados atrás, sino que morará en lo más íntimo de sus almas, y pensará y actuará en ellas y a través suyo.


Fechner. Vida tras la muerte.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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