irichc     Fecha  23/09/2005 17:56 
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Volver al foro Responder Francisco José de Jaca. Cristianismo y esclavitud.   Admin: Borrar 	mensaje
 
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En base al derecho natural (conforme a la razón y no escrito), el derecho de gentes (común a los pueblos) y el positivo (codificado), Francisco José de Jaca, autor del siglo XVII, condena la práctica de la esclavitud en América. Sus tesis fueron poco más tarde aprobadas por la Inquisición, mientras que el liberalismo incipiente iba a demorar varios siglos la prescripción del vergonzoso tráfico con el que se enriquecían las naciones (hasta que el trabajo forzoso pudo sustituirse por el automático o mecanizado).

La defensa del más fundamental de los derechos humanos se resume en los siguientes puntos, entresacados de las primeras páginas del tratado cuyo título reza: "Resolución sobre la libertad de los negros y sus originarios, en estado de paganos y después ya cristianos" (CHP, CSIC).

1) Que un hombre no está facultado para privar de la libertad a otro con carácter absoluto:

Como digo una causa segunda finita, limitada, dependiente, y aun como nada en presencia de la primera e independiente causa ("Mi ser ante ti es como nada [Ps. 38, 6]). ¿Puede la tal privar a su hermana de la libertad, que aun su Hacedor para sí a quien como tal, reservar ni quiso, ni quiere?


2) Que la libertad no puede renunciarse, aun cuando la naturaleza no impida a nadie ser esclavo, pues ello repugna al orden de las causas finales en los seres dotados de albedrío y discernimiento:

Lo cual parece ser imposible en lo mismo que supone, pues ¿quién no alcanza fuera superfluo a la misma naturaleza mandar en sí como en extraño lo que posee ab intrinseco, sino primariamente en razón formal, secundariamente en consecución de propiedad suya insita, innata e inseparable, cual apetito inserto en sí misma?


3) Que no tiene ningún propósito ni moral justificación la esclavitud de hombres, naturalmente libres, por parte de otros menos capaces, que es la característica de la servidumbre comercial:

Porque, a la verdad ¿quién persuadirse puede, que un insensato sea señor de un buen juicio, un rudo de la viveza de un lince, el malo del bueno, el mezquino del liberal, el avaro del misericordioso, el deshonesto del honesto, el ladrón inicuo y perverso, del ajustado a la equidad y ley de Dios? Lo cual viceversa, parece alcanzó Aristóteles, admitiendo sólo cierto género de esclavitud, que es la sujeción con que el discípulo se sujeta a su maestro, el soldado a su capitán; a que se llama esclavitud impropia, según esto no sé qué razón hay que dicte la ignominia de esclavitud propia y rigurosa en la racional criatura.


4) Que no hay justo título para la esclavitud indiscriminada, es decir, la que no deriva del derecho cierto de conquista:

Ni vale el porfiar de los dichos [vendedores y compradores de esclavos], diciendo que los tales [esclavos] en sus familias fraguan dichas guerras, en que unos y otros se prenden, venden y ajenan, porque esto, caso que así sea, no admite razón de guerra justificada, sino de altercación, sedición y perturbación inicua a todo derecho opuesta. Y si por esta razón se hubiera de permitir la significada esclavitud en tan desgraciadas criaturas, también habíamos de decir que entre los bandos que en España y otras tierras se suelen fraguar, habían de sujetarse los menos fuertes a los más, con el vilipendio de esclavos, (prescindo de la razón de cristianos), lo cual nadie ha imaginado.


5) Que una mejora en el derecho positivo, permaneciendo los esclavos bajo las mismas leyes que los amos, nada vale si no se acompaña de la restitución del derecho natural, a saber, de la libertad:

Y aunque sea verdad, dado que los tales en sus sediciosos disturbios vivan como fieras, pueden ser buscados (según dice Aristóteles) para que vivan en sociabilidad humana, pero de ninguna manera con la opresión tal y tan vilipendiosa servidumbre, porque si mejoraban el derecho quirito o político empeoraban en el natural, que es el fundamento de los otros.


6) Que no cabe alegar ignorancia invencible en los poseedores, por cuanto el derecho natural no requiere de promulgación, al estar grabado en los corazones humanos:

(...) no vaca de gravísima culpa, como ni careció de ella el Apóstol San Pablo, antes de su feliz conversión. En equivalente ignorancia puesto (aunque menos grave), en la capción de los cristianos llevado del celo de la ley de Moisés. Y el otro, que es el corriente y aun el principal, aunque tan vil. La avaricia, madre de todos los males, con cuyos humos según enseña San Bernardo, quedan ciegos, para que den de ojos como dan en el escollo de la tiranía, injusto señorío y violencia sabida; en dichos negros ejecutada, a toda ley y caridad cristiana opuesta ("La caridad no se agota nunca; la caridad es benigna, no obra precipitadamente, no es ambiciosa" [1 Cor 13,8]). De suerte que la ignorancia que les puede competer, no es otra que la de Judas vendedor y de los judíos compradores de Cristo Jesús.


Y concordar, además, con el derecho positivo:

Pues más connatural es la libertad en la criatura que el que la madre deba criarla. Luego, si a la madre no se le admite en su expulsión excusa alguna de ignorancia, menos la habrá en la usurpación de la libertad ajena.


Después de este breve repaso, pocos sostendrán, espero, que los principios innatos sean tan oscuros que no quepa en su averiguación pesquisa intelectual alguna, más allá de la observancia de las costumbres del lugar.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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