irichc     Fecha  17/06/2002 16:00 
Host: alashan1.menta.net    IP: 212.78.133.205    Sistema: Windows 98


Volver al foro Responder Giordano Bruno y la infinitud del universo   Admin: Borrar 	mensaje
 
Mensaje
Giordano Bruno fue el punto confluyente de los racionalistas Leibniz y Spinoza. En ambos la noción de infinito jugaba un papel crucial, tanto en lo tocante a las infinitas mónadas como en lo referente a la sustancia infinita. La tarea del nolano consistió en trasladar a la teología la revolución cosmológica copernicana. Su objetivo: sacar de quicio la ontología y la epistemología escolásticas, de cuño aristotélico, con el consiguiente retorno al platonismo.

A continuación un breve resumen de uno de sus diálogos.

* * *

Epístola proemial al Ilustrísimo Señor Michel de Castelnau

Si yo, Ilustrísimo caballero, tratara con el arado, apacentara un rebaño, cultivara un huerto, arreglara un vestido, nadie me miraría, pocos me observarían , menos todavía me reprenderían y podría agradar fácilmente a todos. Pero por ser delineante del campo de la naturaleza, solícito del pasto del alma, deseoso del cultivo del ingenio y artesano de los hábitos del intelecto, resulta que quien me ha entrevisto me amenaza, quien me ha observado me ataca, quien me ha alcanzado me muerde, quien me ha comprendido me devora; no es uno solo, no son pocos, son muchos, son casi todos.

Si queréis entender cuál es la causa de esto, os diré que el motivo es el conjunto de la gente que me disgusta, el vulgo que odio, la multitud que me desagrada, una que me enamora: aquella por la que soy libre en la sujeción, contento en la pena, rico en la necesidad y vivo en la muerte; aquella por la que no envidio a los que son siervos en la libertad, sienten pena en los placeres, son pobres en las riquezas y muertos en la vida, porque en el cuerpo tienen la cadena que los ata, en el espíritu el infierno que los deprime, en el alma el error que los tiene enfermos, en la mente el letargo que los mata; sin magnanimidad que los eleve, sin generosidad que los ilumine, sin ciencia que los reanime.

Por eso sucede que no retiro, fatigado, el pie del arduo camino; ni bajo los brazos desidioso ante el trabajo que se presenta; ni vuelvo la espalda desesperado ante el enemigo que me ataca; ni deslumbrado aparto los ojos del divino objeto, mientras por lo general me veo considerado sofista, más empeñado en parecer sutil que en ser veraz; ambicioso, más afanoso por suscitar una nueva y falsa secta que por confirmar la antigua y verdadera; cazador que se va procurando un resplandor de gloria presentando tenebrosos errores; un espíritu inquieto que subvierte los edificios de las buenas disciplinas y se hace fundador de artificios de perversidad.

Ojalá, Señor, los santos númenes alejen de mí a todos aquellos que injustamente me odian; ojalá me sea siempre propicio mi Dios; ojalá me sean favorables todos los gobernadores de nuestro mundo; ojalá los astros me procuren tal semilla para el campo y campo para la semilla; que se muestre al mundo útil y glorioso fruto de mi esfuerzo despertando el espíritu y abriendo el sentido a quienes están privados de luz, igual que yo sincerísimamente no finjo y si estoy en el error, no creo en verdad errar; y cuando hablo y escribo, no disputo por amor a la victoria por sí misma (ya que considero enemiga de Dios, vilísima y sin pizca de honor toda reputación y victoria en la que la verdad está ausente), sino que por amor a la verdadera sabiduría y afán de la verdadera contemplación me fatigo, me aflijo y me atormento.

Así lo pondrán de manifiesto los argumentos demostrativos que dependen de razones vivas, las cuales derivan de un sentido regulado, informado por imágenes que no son falsas y que cual veraces embajadoras se desprenden de los objetos de la naturaleza haciéndose presentes a quienes las buscan, patentes a quienes las contemplan, claras a quien las aprehende, ciertas a quien las comprende.

Aquí, pues, os presento mi contemplación del infinito universo y los mundos innumerables.

Argumento del primer diálogo

Tenéis, pues, en el primer diálogo, primero que la inconstancia del sentido muestra que él no es principio de certeza y no la produce más que mediante una comparación y cotejo de un objeto de la sensación con otro y de un sentido con otro; y se concluye de qué manera la verdad está en sujetos diferentes.

En segundo lugar se empieza a demostrar la infinitud del universo y se aduce el primer argumento, sacado de que no saben dar un límite al mundo quienes por obra de la fantasía pretenden fabricarle murallas. En tercer lugar, del hecho de que es incorrecto decir que el mundo es finito y que está en sí mismo, porque eso conviene sólo al inmenso, se toma el segundo argumento. A continuación el tercer argumento se toma de la incorrecta e imposible imaginación del mundo como no ubicado en ningún lugar, porque se seguiría necesamiente que no existe, dado que toda cosa (sea corpórea o incorpórea; corporal o incorporalmente) está en un lugar. El cuarto argumento se recoge de una demostración o cuestión muy apremiante que plantean los epicúreos:

“Por otra parte, suponiendo finito todo el espacio existente, si alguien corriese hacia el borde extremo, a lo último, y desde allí lanzara un dardo volador, ¿qué prefieres decir, que irá a donde se le envíe, disparado con ímpetu vigoroso, o crees que algo podrá resistirle y oponerse a su curso?... Pues, tanto si hay algo que resista y se oponga a que el proyectil alcance y se clave en tal blanco propuesto, como si sale fuera, el punto de que partió no era el último”.

El quinto se toma del hecho de que la definición de lugar dada por Aristóteles no conviene al lugar primero, máximo y universalísimo y que no vale tomar la superficie próxima e inmediata al cuerpo contenido y otras ligerezas que hacen del lugar algo matemático y no físico. Además, entre la superficie del continente y la del contenido que se mueve dentro de ella se necesita siempre un espacio intermedio al que conviene ser más bien lugar; y si queremos tomar del espacio sólo la superficie, es preciso ir buscando infinitamente un lugar finito. El sexto se toma de que no se puede evitar el vacío afirmando que el mundo es finito, si vacío es aquello en lo que no hay nada.

El séptimo de que, así como el espacio en el que está este mundo se entendería vacío si en él no estuviera este mundo, también donde no está el mundo se entiende que está vacío. De este lado del mundo, por tanto, este espacio es indiferente de aquél; la capacidad, pues, que tiene éste la tiene aquél; por tanto tiene el acto, porque ninguna capacidad es eterna sin acto y por ello tiene el acto unido eternamente. Es más: ella misma es acto porque en la eternidad no hay diferencia entre ser y poder ser.

El octavo argumento se toma de que ningún sentido niega el infinito, dado que no lo podemos negar por el hecho que no lo comprendamos con el sentido; por el contrario, del hecho de que el sentido es comprendido por el infinito y la razón viene a confirmarlo, debemos afirmarlo. Es más, si seguimos considerando bien, el sentido lo afirma infinito, porque vemos siempre que una cosa está comprendida por otra y jamás percibimos ni con el sentido externo ni con el interno que una cosa no esté comprendida por otra o algo similar.

“En fin, ante nuestros ojos una cosa limita a otra; el aire circunscribe los montes y los montes el aire; la tierra amojona el mar, el mar a todas las tierras; pero más allá del todo nada hay que le ponga límites... Tan dilatadamente se abre a las cosas la inmensidad del espacio, sin límites, en todas direcciones”.

A partir, pues, de lo que vemos, debemos inferir antes el infinito, porque no se nos presenta nada que no esté limitado por otra cosa y no observamos nada que esté limitado por sí mismo. El argumento noveno lo tomamos de que no se puede negar el espacio infinito más que de palabra, como hacen los obstinados, una vez se ha considerado que el resto del espacio donde no hay mundo y que se llama vacío o se finge también nada, no es posible entenderlo sin capacidad de contener no menor que esta capacidad que contiene. El décimo de que igual que está bien que exista este mundo, no está menos bien que exista cada uno de los infinitos otros. El undécimo de que la bondad de este mundo no es comunicable a otro mundo que pueda existir, igual que mi ser no es comunicable al de éste o aquél. El duodécimo de que no hay razón ni sentido que no permita que exista un infinito corpóreo y explicado igual que se afirma un infinito indivisible, simplicísimo y complicante. El decimotercero de que este espacio del mundo, que a nosotros nos parece tan grande, no es ni parte ni todo en comparación con el infinito y no puede ser el objeto de una operación infinita, con respecto a la cual es un no ente lo que nuestra debilidad puede comprender. Así se responde a cierta observación que nosotros no afirmamos el infinito por la dignidad del espacio, sino por la dignidad de las naturalezas, puesto que por la misma razón por la que existe esto, debe existir cualquier otra cosa que pueda existir, cuya potencia no está actualizada por el ser de éste, igual que la potencia del ser de Elpino tampoco está actualizada por el acto del ser de Fracastoro.

El decimocuarto de que si la potencia activa infinita actualiza el ser corporal y dimensional, éste debe ser necesariamente infinito; de lo contrario se empobrece la naturaleza y dignidad de quien puede hacer y de quien puede ser hecho. El decimoquinto de que el universo en la concepción vulgar no se puede decir que comprenda la perfección de todas las cosas de manera distinta a como yo comprendo la perfección de todos mis miembros y cada globo todo lo que hay en él; es como decir que es rico todo aquel al que no falta nada de lo que tiene. El decimosexto de que el infinito eficiente sería necesariamente deficiente sin el efecto y no podemos concebir que tal efecto infinito sea sólo él mismo. A esto se añade que por eso, si fuera o si es, nada se quita de lo que debe ser en aquello que es verdaderamente efecto y que los teólogos denominan acción ad extra y transitiva, además de la inmanente, porque conviene que sea tan infinita la una como la otra.

El decimoséptimo argumento se toma de que si decimos que el mundo es ilimitado se sigue la paz del entendimiento con nuestro modo de pensar, mientras que del modo contrario se siguen siempre innumerables dificultades e inconvenientes. Se repite, además, lo que se ha dicho en el segundo y en el tercero. El decimoctavo de que si el mundo es esférico, entonces tiene una figura y un límite y ese límite que está más allá de este mundo limitado y figurado (aunque quieras llamarlo “nada”) tiene también una figura, de suerte que su concavidad está unida a la convexidad de éste, ya que donde comienza tu nada es una concavidad que no se diferencia en nada de la superficie convexa de este mundo. El decimonoveno se añade a lo que se ha dicho en el segundo. En el vigésimo lugar se repite lo que se ha dicho en el décimo.

En la segunda parte de este diálogo lo que se ha demostrado por la potencia pasiva del universo se muestra por la potencia activa del eficiente con varias razones, la primera de las cuales se coge de que la potencia divina no debe estar ociosa y tanto más afirmando un efecto exterior a la propia sustancia (en el caso de que algo pueda serle exterior) y que no está menos ociosa y envidiosa produciendo un efecto finito que no produciendo nada. Se coge la segunda de la práctica, porque la opinión contraria elimina la razón de la bondad y grandeza divinas y de la nuestra no se sigue inconveniente alguno contra ninguna ley ni dogma teológico. La tercera es convertible con la duodécima de la primera parte y se aduce la diferencia entre el todo infinito y lo totalmente infinito. La cuarta se toma de que la omnipotencia resulta censurada por haber hecho el mundo finito y ser agente infinito, no menos por no querer que por no poder. La quinta infiere que si no hace el mundo infinito, no puede hacerlo; y si no tiene potencia para hacerlo infinito, tampoco puede tener vigencia para conservarlo infinitamente; y que si él es finito en un aspecto, vendrá a ser finito en todos los aspectos porque en él todo modo es una cosa y toda cosa y modo es una e idéntica con otra y otro. La sexta es convertible con la décima de la primera parte. Y se aduce la causa por la que los teólogos defienden lo contrario no sin un motivo conveniente; y se habla también de la amistad entre estos sabios y los filósofos sabios.

La séptima se toma de proponer la razón que distingue la potencia activa de las diferentes acciones y de disolver tal argumento. Además se muestra la potencia divina intensiva y extensivamente de manera más egregia de lo que el conjunto de los teólogos haya hecho jamás. Por la octava se muestra que el movimiento de los infinitos mundos no proviene de un motor extrínseco, sino del alma de cada uno y cómo a pesar de todo existe un motor infinito. Por la novena se muestra cómo se verifica en cada uno de los mundos el movimiento intensivamente infinito, a lo que se debe añadir del hecho de que un móvil se mueva y se haya movido en un instante se sigue que se pueda mover en cualquier punto del círculo que hace con el propio centro; y en otra ocasión resolveremos esta objeción cuando nos esté permitido presentar la doctrina con mayor detalle.

...

Salido de prisión angosta y negra,
donde por luengos años error me tuvo atado,
aquí dejo las cadenas que me impuso
la mano de mi enemiga cruel y fiera.

Entregarme a la noche tarde oscura
ya no podrá, pues quien venció
al gran Pitón y con su sangre tiñó
las aguas del mar, ha apagado mi Megera.

A ti me vuelvo y alzo, mi voz nutricia;
gracias te doy, sol mío, mi luz divina;
te consagro mi corazón, excelsa mano

que me apartaste de aquel tormento atroz,
que a mejor estancia me hiciste guía
y el corazón contrito me volviste sano.

Giordano Bruno. Del infinito, el universo y los mundos.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

Respuestas (0)
 


Volver Responder
 
Nombre
E-Mail
Asunto
Web
Enlace a una
imagen

Mensaje