irichc     Fecha  15/03/2004 02:53 
Host: dom2-97.menta.net    IP: 212.78.153.97    Sistema: Windows XP


Volver al foro Responder Joseph de Maistre. El cristianismo ante las pruebas de la Historia.   Admin: Borrar 	mensaje
 
Mensaje
NACE EL DÍA EN QUE NACIERON LOS DÍAS.

No hay otro ejemplo de tal duración; y, ateniéndose incluso al cristianismo, ninguna institución en el universo puede serle opuesta. Es por afán de ergotizar por lo que se la compara a otras religiones: varios caracteres notables excluyen toda comparación; no es éste el lugar de detallarlos: una palabra sólo, y es suficiente. Que se nos muestre otra religión fundada sobre hechos milagrosos y revelando dogmas incomprensibles, creída durante dieciocho siglos por una gran parte del género humano, y defendida de edad en edad por los primeros hombres del tiempo, desde Orígenes hasta Pascal, a pesar de los últimos esfuerzos de una secta enemiga, que no ha dejado de rugir desde Celso hasta Condorcet.

¡Cosa admirable!, cuando se reflexiona sobre esta gran institución, la hipótesis más natural, la que todas las verosimilitudes asisten, es la de un establecimiento divino. Si la obra es humana, no hay manera de explicar su éxito: al excluir el prodigio, se le acepta.

Todas las naciones, se dice, han tomado el cobre por el oro. Muy bien: pero, ¿este cobre ha sido echado en el crisol europeo, y sometido durante dieciocho siglos a nuestra química observadora?, si ha sufrido esta prueba, ¿ha salido de ella con honor? Newton creía en la encarnación, pero Platón, pienso yo, creía poco en el nacimiento maravilloso de Baco.

El cristianismo ha sido predicado por ignorantes y creído por sabios; es esto en lo que no se parece a nada conocido.

Además, ha salido con éxito de todas las pruebas. Se dice que la persecución es un viento que alimenta y propaga la llama del fanatismo. Sea: Diocleciano favoreció el cristianismo; pero, en este supuesto, Constantino debía asfixiarlo, y es esto lo que no ha sucedido. Ha resistido a todo, a la paz, a la guerra, a los cadalsos, a los triunfos, a los puñales, a las delicias, al orgullo, a la humillación, a la pobreza, a la opulencia, a la noche de la Edad Media, y al gran día de los siglos de León X y Luis XIV. Un emperador todo poderoso y dueño de la mayor parte del mundo agotó contra él en otro tiempo todos los recursos de su genio; no olvidó nada para volver a levantar los dogmas antiguos; los asoció hábilmente con las ideas platónicas, que estaban entonces de moda. Ocultando la rabia que le animaba bajo la máscara de una tolerancia puramente exterior, empleó contra el culto enemigo las armas frente a las cuales ninguna obra humana ha resistido; lo entregó al ridículo, empobreció el sacerdocio para hacerlo despreciar, lo privó de todos los apoyos que el hombre puede dar a sus obras: difamaciones, cábalas, injusticia, opresión, ridículo, fuerza y habilidad, todo fue inútil; el Galileo venció a Juliano el filósofo.

Hoy, en fin, la experiencia se repite con circunstancias todavía más favorables; nada falta en ello para hacerla decisiva. Estad pues bien atentos, vosotros todos a los que la historia no ha instruido suficientemente. Decíais que el cetro sostenía la tiara; pues bien, no hay cetro en la gran arena, está roto, y los trozos arrojados en el lodo. No sabíais hasta qué punto la influencia de un sacerdocio rico y poderoso podía sostener los dogmas que predicaba: no creo demasiado que haya un poder que pueda hacer creer; pero concedamos. No hay sacerdotes; se les ha expulsado, decapitado, envilecido; se les ha despojado; y los que han escapado a la guillotina, a las hogueras, a los puñales, a los fusilamientos, a los ahogamientos por inmersión, a la deportación, reciben hoy la limosna que en otro tiempo daban. Temíais la fuerza de la costumbre, el ascendiente de la autoridad, las ilusiones de la imaginación: ya no hay nada de todo eso; ya no hay costumbre; ya no hay dueño; el espíritu de cada hombre le pertenece. Habiendo roído la filosofía el cemento que unía a los hombres, ya no hay agregaciones morales. La autoridad civil, favoreciendo con todas sus formas el derrocamiento del sistema antiguo, da a los enemigos del cristianismo todo el apoyo que ella le concedía en otro tiempo; el espíritu humano toma todas las formas imaginables para combatir la antigua religión nacional. Esos esfuerzos son aplaudidos y pagados, y los esfuerzos contrarios son crímenes. No tenéis ya nada que temer del encantamiento de los ojos, que son siempre los primeros engañados; un pomposo aparato, de vanas ceremonias, no se impone ya a los hombres ante los cuales se representa de todo desde hace siete años. Los altares están derribados; se han paseado por las calles animales inmundos revestidos de pontífices; los vasos sagrados han servido para abominables orgías; y sobre los altares que la fe antigua rodea de querubines deslumbrados se ha hecho subir a las prostitutas desnudas. El filosofismo no tiene pues ya de qué quejarse; todos los tantos los tiene en su favor; se hace todo para él y todo contra su rival. Si es vencedor, no dirá como César: "Vine, vi y vencí"; pero en fin habrá vencido: puede tocar las palmas y sentarse orgullosamente sobre una cruz derribada. Pero si el cristianismo sale de esta prueba terrible más puro y vigoroso, si el Hércules cristiano, fuerte con su sola fuerza, suspende en alto al hijo de la tierra y lo ahoga entre sus brazos, "patuit deus". ¡Franceses, haced sitio al Rey cristianísimo, llevadlo vosotros mismos sobre el trono antiguo; izad su oriflama, y que su oro, viajando de un polo a otro, lleve por todas partes la divisa triunfal!:

CRISTO IMPERA, CRISTO REINA, ÉL ES EL VENCEDOR.

Joseph de Maistre. Consideraciones sobre Francia.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

Respuestas (1)
 


Volver Responder
 
Nombre
E-Mail
Asunto
Web
Enlace a una
imagen

Mensaje