irichc     Fecha  17/06/2002 15:19 
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Volver al foro Responder Juan Damasceno. Los nombres de Dios.   Admin: Borrar 	mensaje
 
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Sobre los nombres divinos

Dios es incomprensible, y en rigor no puede ser nombrado. Ignoramos su esencia; no escrutamos, pues, su nombre. Efectivamente, los nombres de las cosas son declarativos. Ahora bien, Dios es bueno, y nos trajo del no-ser al ser para que participásemos de su bondad, haciéndonos capaces de conocer, pero no de llegar al conocimiento de su esencia, del mismo modo que no nos hizo participantes de ésta. Ya que es imposible que una naturaleza conozca perfectamente a otra naturaleza que le es superior. Porque, si el conocimiento es de las cosas, ¿cómo será conocido aquello que supera a la esencia? Por su indecible bondad, Dios accedió a adoptar nombres según los nuestros, con el fin de que no fuésemos totalmente ignorantes de su noción, sino que, aún siendo oscura, tuviésemos una idea de la misma. Entonces por eso es incomprensible e innominable, porque es causa de todo y de todos los seres, tiene en él las razones y las causas y recibe nombres a partir de todos los seres, como también de sus contrarios, así de la luz como de la tiniebla, del agua como del fuego, para que sepamos que él esencialmente no es así, sino esencia trascendente e innominable; es causa de todos los seres y se nombra según todo lo causado.

(...)

El lugar de Dios. Sólo Dios es incircunscriptible

El lugar es una cosa corpórea, el límite del continente que contiene al contenido, tal y como el aire rodea y el cuerpo es rodeado. Pero no todo el aire que rodea el cuerpo es el lugar del cuerpo rodeado, sino solamente el extremo del aire que lo rodea, que toca el cuerpo rodeado. De todo, aquello que rodea no está en lo rodeado.

Entonces también hay un lugar inteligible, donde entendemos y donde hay una naturaleza intelectual e incorpórea, donde es, opera y está contenida no corporalmente, sino intelectualmente. No tiene figura que pueda definirse corpóreamente. Porque Dios, siendo material e incircunscriptible, no es en un lugar. Él es su propio lugar, lo llena todo, está por encima de todo y lo contiene todo. De él se dice que es un lugar, y el lugar es predicado de Dios, donde resulta clara su operación. Porque él mismo a través de todo, pero sin mezcla, lo penetra todo, y a todo confiere su operación según la aptitud de cada cosa y su potencia receptora, quiero decir según la pureza natural y la voluntaria. Las cosas inmateriales son más puras que las materiales, y las cosas virtuosas son más puras que las sujetas a la malicia. Llamamos, pues, lugar de Dios al que participa más de la operación de Dios y de su gracia. Por eso el cielo es el trono de Dios, habiendo en él los ángeles que hacen su voluntad y que lo glorifican eternamente, porque el cielo es su reposo y la tierra el estrado de sus pies (Is 66, 1).

(...)

Juan Damasceno. Exposición detallada de la fe ortodoxa.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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