irichc     Fecha  17/06/2002 16:59 
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Volver al foro Responder Kojève: la Conciencia de sí   Admin: Borrar 	mensaje
 
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El hombre es Conciencia de sí. Es consciente de él, consciente de su realidad y de su dignidad humanas, y es en esto que se diferencia esencialmente del animal, que no va más allá del nivel de un simple Sentimiento de sí. El hombre toma conciencia de sí en el momento en que –por vez “primera”- dice: “Yo”. Comprender al hombre por la comprensión de su “origen” es, pues, comprender el origen del Yo revelado por la palabra.

O bien, el análisis del “pensamiento”, de la “razón”, del “entendimiento”, etc. –de un modo general: del comportamiento cognitivo, contemplativo, pasivo de un ser o de un “sujeto cognoscente”, no revela jamás el porqué o el cómo del nacimiento de la palabra “Yo”, y –por consiguiente- de la conciencia de sí, es decir de la realidad humana. El hombre que contempla es “absorbido” por lo que contempla; el “sujeto cognoscente” se “pierde” dentro del objeto conocido. La contemplación revela el objeto, no el sujeto. Es el objeto y no el sujeto el que se automanifiesta en y por –o, mejor aun, en tanto que- acto de conocer. El hombre “absorbido” por el objeto que contempla no puede “recordarse a sí mismo” más que por un Deseo: por el deseo de comer, por ejemplo. Es el Deseo (consciente) de un ser el que constituye a ese ser en tanto que Yo y lo revela como tal al decir: “Yo...”. Es el Deseo el que transforma al Ser revelado a sí mismo y por él mismo en el conocimiento (verdadero), en un “objeto” revelado a un “sujeto” por parte de un sujeto diferente al objeto y “opuesto” a él. Es en y por, o mejor aun, en tanto que “su” Deseo que el hombre se constituye y se revela –a sí mismo y a los otros- como un Yo, como el Yo esencialmente diferente de y radicalmente opuesto a un no-Yo. El Yo (humano) es el Yo de un –o del- Deseo.

El ser mismo del hombre, el ser consciente de sí, conlleva, pues, y presupone el Deseo. Por consiguiente, la realidad humana no puede constituirse y mantenerse más que en el interior de una realidad biológica, de una vida animal. Pero si el Deseo animal es la condición necesaria de la Conciencia de sí, no es de ningún modo la condición suficiente. Por sí solo, este Deseo no constituye sino el mero Sentimiento de sí.

A diferencia del conocimiento que mantiene al hombre en una quietud pasiva, el Deseo le vuelve in-quieto y le pone en acción. Habiendo nacido del Deseo, la acción tiende a satisfacerlo, y ésta no puede hacerlo más que por la “negación”, la destrucción o por lo menos la transformación del objeto deseado: para satisfacer el hambre, por ejemplo, hace falta destruir o, en todo caso, transformar el alimento.

Así, toda acción es “negadora”. Lejos de dejar lo dado tal como es, la acción lo destruye; sino en su ser, al menos en su forma dada. Y toda “negatividad-negadora” en relación con lo dado es necesariamente activa. Pero la acción negadora no es puramente destructiva. Ya que si la acción que nace del Deseo destruye, para satisfacerlo, una realidad objetiva, crea en su lugar, en y por esta misma destrucción, una realidad subjetiva. El ser que come, por ejemplo, crea y mantiene su propia realidad por la supresión de una realidad otra que la suya, por la transformación de una realidad otra en una realidad suya, por la “asimilación”, la “interiorización” de una realidad “extranjera”, “exterior”. De un modo general, el Yo del Deseo es un vacío que no recibe un contenido positivo real más que por la acción negadora que satisface el Deseo destruyendo, transformando y “asimilando” el no-Yo deseado. Y el contenido positivo del Yo, constituido por la negación, es una función del contenido positivo del no-Yo negado. Luego, si el Deseo lleva consigo un no-Yo “natural”, el Yo será también “natural”. El Yo creado para la satisfacción activa de un tal Deseo tendrá la misma naturaleza que las cosas sobre las cuales produce ese Deseo: será un Yo “cosista”, un Yo únicamente viviente, un Yo animal. Y este yo natural, función del objeto natural, no podrá revelarse a sí mismo ni a los otros más que como Sentimiento de sí. No llegará jamás a la Conciencia de sí.

Para que haya Conciencia de sí hace falta, pues, que el Deseo lleve consigo un objeto no-natural, algo que vaya más allá de la realidad dada. O bien, la única cosa que va más allá de lo real dado es el mismo Deseo. Ya que el Deseo tomado en tanto que Deseo, esto es antes de su satisfacción, no es en efecto más que una nada revelada, un vacío irreal. El Deseo, siendo la revelación de un vacío, siendo la presencia de la ausencia de una realidad, siendo esencialmente otra cosa que la cosa deseada, otra cosa que una cosa, que un ser real estático y dado, se mantiene eternamente en la identidad consigo mismo. El Deseo que lleva consigo otro Deseo, tomado en tanto que Deseo, creará, pues, por la acción negadora y asimiladora que lo satisface, un Yo esencialmente otro que el “Yo” animal. Este Yo, que se “alimenta” de Deseos, será él mismo Deseo en su ser mismo, creado en y por la satisfacción de su Deseo. Y dado que el Deseo se realiza en tanto que acción negadora de lo dado, el ser mismo de este Yo será acción. Este Yo no será, como el Yo animal, “identidad” o igualdad consigo mismo, sino “negatividad-negadora”. En otras palabras, el ser mismo de este Yo será devenir, y la forma universal de este ser no será el espacio, sino el tiempo. Su conservación en la existencia significará, pues, para este Yo: “no ser lo que se es (en tanto que ser estático y dado, en tanto que ser natural, en tanto que “carácter innato”) y ser (es decir, devenir) lo que no se es”. Este Yo será de este modo su propia obra: será (en el futuro) lo que ha devenido por la negación (en el presente) de lo que ha sido (en el pasado), siendo esta negación efectuada en vista de lo que devendrá. En su ser mismo, este Yo es devenir intencional, evolución querida, progreso consciente y voluntario. Es el acto de trascender lo dado lo que le es dado y lo que es él mismo. Este Yo es un individuo (humano), libre (frente a frente con lo real efectivo) e histórico (en relación consigo mismo). Y es este Yo, y sólo este Yo, el que se revela a sí mismo y a los otros en tanto que Conciencia de sí.

Alexandre Kojève. Introducción a la lectura de Hegel (traducido del original francés).                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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