irichc     Fecha  17/06/2002 15:01 
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Volver al foro Responder La moral de Confucio   Admin: Borrar 	mensaje
 
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El camino de El Gran Estudio (es decir, lo que el hombre debe aprender y practicar desde la adolescencia) consiste en tres cosas, que son: hacer brillar en sí mismo las virtudes superiores que la Naturaleza pone en el alma de cada uno, renovar (es decir, reformar) a los otros hombres, y fijarse como objetivo la más alta perfección. [...] El primer carácter “ming” significa hacer brillar; “Mingte”, las virtudes superiores que el hombre, al nacer, recibe del Cielo. Las recibe libres de trabas, luminosas, exentas de tinieblas, a fin de que, por ellas, él conozca todos sus orígenes y ordene su conducta en todas las cosas. Pero, en las ligaduras de un cuerpo compuesto de elementos materiales, en medio de las tinieblas acumuladas por las pasiones humanas, aquellas virtudes a veces se oscurecen. Sin embargo, la luz, que es inherente a la naturaleza, no se extingue jamás enteramente. Por esto, el discípulo de la sabiduría debe servirse de la luz que aun proyectan, a fin de hacerlos brillar y producirle el primer resplandor. “Sin”, significa renovar a los otros hombres, hacer desaparecer sus antiguos defectos.

Esto quiere decir que el sabio, después de haber hecho brillar en sí mismo sus virtudes superiores, debe extender su acción a otros hombres, y hacer de manera que éstos se libren de las impurezas que les ensucian desde largo tiempo. “Mingte”, las virtudes superiores, son: la benevolencia, la justicia, el conocimiento de lo razonable, la prudencia y la sinceridad, que el Cielo pone en el corazón de cada hombre, y que se llaman las cinco reglas principales.

Conociendo el objeto que se debe alcanzar y en él detenerse, se puede tomar una determinación. Tomada esta determinación, el espíritu puede tener descanso. Estando el espíritu en descanso, se puede gozar de tranquilidad. Gozando de tranquilidad, se puede examinar las cosas. Después de este examen, se puede alcanzar el objeto, que es la perfección.

En toda cosa hay que distinguir lo principal y lo accesorio, y en los asuntos, el fin y el principio. El que sabe poner cada cosa en su lugar, no está lejos del camino de El Gran Estudio o de la perfección.

Los antiguos príncipes, para hacer brillar las virtudes naturales en el corazón de todos los hombres, se aplicaban antes a gobernar bien, cada uno, su principados. Para gobernar bien sus principados, ponían antes el buen orden en sus familias. Para poner orden en sus familias, se adiestraban antes en la perfección de ellos mismos. Para perfeccionarse ellos mismos, regulaban antes los sentimientos de su corazón. Para regular los sentimientos de su corazón, hacían antes su voluntad perfecta (se adiestraban en amar con sinceridad y en hacer el bien, en odiar y evitar el mal). Para hacer su voluntad perfecta, desarrollaban sus conocimientos lo más posible. Desarrollaban sus conocimientos investigando la naturaleza de las cosas.

Una vez investigada la naturaleza de las cosas, los conocimientos llegaban a su más alto grado, la voluntad alcanza la perfección. Siendo la voluntad perfecta, los sentimientos del corazón son ordenados. Siendo ordenados los sentimientos del corazón, todo hombre está exento de defectos. Después de haberse corregido a sí mismo, se establece el orden en la familia. Reinando el orden en la familia, el principado está bien gobernado. Estando bien gobernado el principado, pronto todo el Imperio goza de la paz.

Desde el hijo del Cielo (emperador) hasta el súbdito más humilde, cada uno debe, ante todo, perfeccionarse a sí mismo. El que descuida lo principal (su propia persona), no puede ordenar, convenientemente, las cosas que de él dependen (su familia y su principado). Jamás un hombre que cuida poco de lo que debe amar más (su familia) ha gobernado con diligencia lo que le es menos querido (su principado o el Imperio).


(...)

Conocer el principal deber del hombre es la más alta ciencia.

El capítulo V del comentario de Tseng-tsé sólo contenía estas dos expresiones: “investigar la naturaleza de las cosas perfeccionar sus conocimientos”; no decía más. Últimamente, con el fin de ampliar su significado, yo, Tchu-Hi , me he permitido añadir la explicación de Tseng-tsé. Es la siguiente: Al decir que el hombre, para perfeccionar sus conocimientos, debe investigar la naturaleza de las cosas, Confucio enseña que si queremos ampliar nuestros conocimientos lo más posible, es necesario examinar las cosas y buscar su razón de ser. No hay persona cuya inteligencia no pueda adquirir conocimientos, y no existe nada en la Tierra que no tenga su razón de ser. Pero el que no ha profundizado enteramente la razón de las cosas, no la conoce sino imperfectamente. Así, El Gran Estudio, desde el principio, advierte al estudiante que al examinar todas las cosas con las cuales se ponga en contacto, se sirva del conocimiento que ya tiene de ellas, para penetrar más su razón de ser, y continúe sus investigaciones hasta los últimos límites. Cuando, durante largo tiempo, haya hecho todo cuanto esté en su poder, y, un feliz día, haya comprendido todo perfectamente, el exterior y el interior de las cosas, los puntos más sutiles, como los más aparentes, todo le será conocido. Los principios innatos del alma y sus manifestaciones ya no tendrán para él oscuridad. Esto se llama “haber penetrado la naturaleza de las cosas”; esto se llama “el más alto punto del conocimiento”.

Lo que Confucio llama “hacer su voluntad perfecta”, es no engañarse a sí mismo: tener aversión a un olor fétido, amar una cosa realmente bella, no es engañarse. Eso se llama encontrar su perfecta satisfacción en sí mismo (en la práctica de la virtud). Así el sabio vigila atentamente lo que sólo él conoce (sus pensamientos y sus acciones más secretas). El discípulo de la sabiduría después de haber investigado (la naturaleza de las cosas) y perfeccionado (sus conocimientos), tiene las luces necesarias para hacer el bien y evitar el mal. Si no sabe desplegar una verdadera energía se engaña él mismo.

(...)

He aquí el sentido de las siguientes palabras: “Un príncipe hace reinar la paz en todo el Imperio gobernando bien su principado”. Si el príncipe honra a sus padres, el pueblo practicará la piedad filial. Si el príncipe respeta a su primogénito, el pueblo practicará el respeto con los primogénitos. Si el príncipe tiene compasión de los huérfanos, el pueblo hará lo mismo. Así un príncipe sabio tiene una regla para juzgar. No hagas a tus inferiores lo que te desagradaría de parte de tus superiores. No hagas a los que te siguen lo que te desagrada de parte de los que te preceden, ni a los que te preceden lo que te desagrada de parte de los que te siguen. No hagas a los que están a tu izquierda lo que te desagrada de parte de los que están a tu derecha, ni a los que están a tu derecha lo que te desagrada de parte de los que están a tu izquierda. A esto se llama regla para juzgar.

(...)


Confucio. Ta-Hio, o El Gran Estudio.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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