irichc     Fecha  24/09/2003 04:23 
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Parte I

(...)

En mis comienzos, condescendí fácilmente con los filósofos modernos que han resucitado a Demócrito y Epicuro, a quienes no sin tino llama corpusculares Roberto de Boyle, como Galileo, Bacon, Gassendi, Descartes, Hobbes, Digbeo, y les concedí que, para dar razón de los fenómenos corporales, no había que recurrir innecesariamente ni a Dios ni a ninguna otra cosa o forma o cualidad incorporal:

(No interfiera Dios como no sobrevenga
dificultad digna de tal juez),

sino que, en cuanto fuese posible, había que deducirlo todo de la naturaleza del cuerpo y de sus cualidades primarias: el tamaño, la figura y el movimiento.

Mas, ¿y si demostrase yo que no es posible hallar en la naturaleza del cuerpo ni siquiera el origen de estas cualidades primarias? Entonces confesarán nuestros naturalistas, así lo espero, que los cuerpos no se bastan a sí mismos y que no pueden subsistir sin un principio incorpóreo. Y lo voy a demostrar sin rodeos ni tortuosidades.

Porque, a saber, si estas cualidades no pueden deducirse de la definición de cuerpo, es manifiesto que no podrán existir en los cuerpos por sí mismos (sibi relictis). Pues la razón de toda afección hay que deducirla o de la cosa misma o de algo exterior a ella. Ahora bien, el cuerpo lo definimos como algo que existe en el espacio. Y todos los hombres llaman cuerpo a lo que encuentran en algún espacio, y al revés, lo que es cuerpo encuéntranlo en algún espacio. Esta definición consta de dos términos: el espacio y el estar en él.

De la delimitación del espacio se originan en el cuerpo el tamaño y la figura, pues el cuerpo tiene sin más el mismo tamaño y la misma figura que el espacio que llena. Mas, queda la duda de por qué se llena tanto y tal espacio más bien que otro, por ejemplo por qué mide tres pies más bien que dos y por qué es cuadrado en vez de redondo. Y de esto no es posible dar razón a partir de la naturaleza de los cuerpos, pues una misma materia está indeterminada respecto a cualquier figura, cuadrada o redonda. Sólo se pueden contestar, pues, dos cosas: o dicho cuerpo fue cuadrado toda la eternidad, o bien se hizo cuadrado por el choque con otros cuerpos, si es que no quieres recurrir a una causa incorpórea. Si dices que fue cuadrado desde toda la eternidad, no das con ello razón de por qué no pudo ser eternamente esférico, pues que la eternidad no puede ser causa de nada. Y si dices que se hizo cuadrado por el movimiento de otro cuerpo, todavía quedará la duda de por qué, antes de recibir el impacto de ese movimiento, tenía tal o cual figura. Y si de nuevo remites la razón al movimiento de otro cuerpo y así hasta el infinito prosiguiendo infinitamente con tus respuestas a nuevas preguntas, se echará de ver que nunca falta materia para preguntar por la razón de la razón y que así no se habrá dado plena razón nunca. Pues se verá manifiestamente que, basándose en la naturaleza de los cuerpos, no es posible dar razón de que hayan tomado una cierta figura y tengan un cierto tamaño. Decíamos que la definición de cuerpo tiene dos partes: el espacio y la existencia-en (inexistentiam). Y decíamos que de la voz espacio se origina el que haya de haber tamaño y figura, pero no un tamaño y una figura determinados, y que, para empezar a estar en ese espacio, hace falta el movimiento, pues cuando un cuerpo empieza a estar en un espacio distinto del anterior se traslada de éste mismo. Empero, considerando más atentamente la cosa se echará de ver que de la naturaleza del cuerpo se origina la movilidad pero no el movimiento. Pues por el mismo hecho de estar puesto en este espacio un cuerpo, puede estar también en otro espacio igual y semejante al primero, es decir, puede moverse. Pues poder estar en otro espacio que el anterior, es poder cambiar de espacio, y poder cambiar de espacio es poder moverse. Pues el movimiento es el cambio de espacio. Y el movimiento en acto no se origina del mero estar en un espacio; lo que se origina, más bien, dejado el cuerpo a sí mismo, es lo contrario del movimiento, es decir, que se queda en ese mismo espacio, o sea el reposo. En consecuencia, no es posible encontrar en los cuerpos dejados a sí mismos, la razón del movimiento. Así que es inútil la escapatoria de los que dan razón del movimiento diciendo: Todo cuerpo, una de dos: o está en movimiento ab aeterno, o es movido por otro cuerpo contiguo y en movimiento. Porque si dicen que el antedicho cuerpo está en movimiento ab aeterno, no se ve la razón de que no haya estado en reposo ab aeterno, pues un tiempo, aunque sea infinito, no puede ser la causa del movimiento. Pero si dicen que el cuerpo es movido por otro contiguo que está en movimiento y que éste a su vez es movido por otro y así sin fin, no habrán dado más razón del movimiento del primero ni del segundo ni del tercero ni de cuantos se quiera, mientras no den razón del movimiento aquél que mueve a todos los anteriores, dado que no se ha acabado de dar razón de la conclusión, mientras no se da razón de la razón, sobre todo quedando como queda siempre aquí la misma duda.

Creo haber demostrado suficientemente, pues, que, en los cuerpos, dejados a sí mismos, no puede haber una figura y un tamaño determinados, así como tampoco tal y cual movimiento. Pasaré por alto ahora, por ser asunto de mayor envergadura, el que, hasta hoy, nadie ha señalado, partiendo de la misma naturaleza de los cuerpos, la causa de la consistencia de los mismos.

Pero, de la consistencia de los cuerpos, proviene 1) que el cuerpo grande no ceda ante el cuerpo pequeño que lo empuja; 2) que los cuerpos, o sus partes, mantengan mutuamente su cohesión, de donde se originan las cualidades táctiles que se llaman ordinariamente secundarias, es a saber, solidez y fluidez, dureza y blandura, finura y aspereza, tenacidad y fragilidad, pulverizabilidad, ductilidad, maleabilidad, fusibilidad; que un cuerpo duro que topa con un cuerpo que no cede, reacciona. En pocas palabras, de la consistencia vienen tres cosas: resistencia, cohesión y reflexión. Si alguien da razón de las mismas a partir de la figura, tamaño y movimiento, bien a gusto confesaré que es gran filósofo. Y no parece que haya casi más que un camino, a saber: un cuerpo ofrece resistencia y rechaza al cuerpo que le empuja, porque sus partes se mueven imperceptiblemente en la superficie saliendo a su encuentro. Pero supongamos que el cuerpo que choca no incide en la línea en que saldrán al paso las partes del cuerpo empujado, sino en otra línea pongamos oblicua; sin más, cesarán al punto toda reacción, toda resistencia, toda reflexión, contra lo que nos enseña la experiencia. Mas, no es posible dar enteramente razón de la cohesión a partir de la reacción y en general del movimiento. Porque, si empujo una parte de un papel, cede la parte que empujo, por tanto no cabe imaginar reacción o movimiento de resistencia alguno. Sin embargo, no cede sola, sino que se lleva consigo al mismo tiempo al resto de partes que tiene adheridas. Realmente es verdad, y tiene su razón, lo que antiguamente dijeron Demócrito, Leucipo, Epicuro y Lucrecio y pregonan hoy sus seguidores Pedro Gassendi y Juan Crisóstomo Magneno: toda causa de la cohesión de los cuerpos radica naturalmente en ciertas figuras implicatorias, a saber, garfios, ganchos, anillos, relieves, en suma todas las curvas o flexiones de los cuerpos duros que encajan recíprocamente. Mas, todos estos instrumentos implicatorios es preciso que sean sólidos y tenaces para cumplir su objetivo y contener las partes de los cuerpos. Mas, ¿de dónde les viene esa tenacidad? ¿Tendremos que suponer garfios de garfios hasta el infinito? El mismo motivo que hay para dudar de los primeros, lo habrá para dudar de los segundos, terceros y así sin fin. Frente a estas dificultades no les quedó más remedio a estos agudísimos filósofos que suponer la existencia de ciertos corpúsculos indivisibles en la última resolución de los cuerpos. Ellos los llaman átomos y, con sus varias figuras diversamente combinadas, harían las cualidades de los cuerpos sensibles. Mas, no se ve razón alguna de la cohesión e indivisibilidad de estos últimos corpúsculos. Alguna razón ya dieron los antiguos, pero tan endeble que se avergüenzan de la misma los atomistas recientes. Es ésta: las partes de los átomos están en cohesión porque no hay vacío. De donde se sigue que todos los cuerpos que alguna vez entraron en contacto deben mantener una cohesión inseparable a ejemplo de los átomos, pues no se interpone vacío alguno en el contacto entre cuerpo y cuerpo. Y no hay cosa más absurda ni más alejada de la experiencia que esta perpetua cohesión. Así que, para dar razón de los átomos, haremos bien en recurrir en último término a Dios para que dé firmeza a estos últimos fundamentos de las cosas. Y me asombro que ni Gassendi ni ningún otro de los agudísimos filósofos del siglo presente haya caído en la cuenta de la notable ocasión que se ofrece en este punto para demostrar la existencia de Dios. Pues se ve que la Naturaleza no puede estar desprovista del auxilio de Dios donde se trata de la resolución última de los cuerpos.

Habiendo demostrado, pues, que los cuerpos no pueden tener una determinada figura y cantidad ni tampoco un cierto movimiento, sin presuponer la existencia de un ente incorporal, echaráse de ver fácilmente que tal ente incorporal es único para todos en razón de la armonía de todas las cosas entre sí, principalmente dado que los cuerpos no se mueven cada cual desde su ente incorporal sino los unos a los otros. Y no es posible dar razón de por qué dicho ente incorporal elige tal tamaño, figura y movimiento más bien que otros, a menos que sea inteligente, y a menos que sea sabio con vistas a la belleza de las cosas, y a menos que sea poderoso con vistas a que le obedezcan. Así pues, tal ente incorporal será la mente rectora de todo el mundo, es decir Dios.

Leibniz. Confesión de la Naturaleza contra los ateístas.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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