irichc     Fecha  9/02/2003 23:39 
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Volver al foro Responder Leibniz. De cómo la distinción entre verdades de razón y verdades de hecho se funda en los universales. Refutación avant la lettre del escepticismo humeano.   Admin: Borrar 	mensaje
 
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La naturaleza de los universales

Finalmente, no se debe silenciar el grave error de Nizolio sobre la naturaleza de los universales, pues el lector no suficientemente avisado puede desviarse totalmente del recto camino de la filosofía. Intenta convencernos de que el universal no es otra cosa que todos los singulares tomados simultánea y colectivamente y de que, cuando digo "todo hombre es animal", el sentido es "todos los hombres son animales". Esto ciertamente es verdad, pero de aquí no se sigue que los universales sean todo el colectivo. Sin embargo, Nizolio lo prueba de la siguiente manera: toda totalidad es continua o discreta; ahora bien, el universal es el todo no continuo, luego es el todo discreto. Pero el todo discreto es colectivo y es la misma razón de género de los hombres que la de rebaño. Así, la razón de esta proposición "todo hombre (o todo el género humano) es racional" es idéntica a esta otra: "todas las ovejas que pacen aquí son blancas" o "todo el rebaño es blanco". Pero te equivocas, Nizolio, pues hay otro género del todo discreto, además del colectivo, a saber, el distributivo. Por consiguiente, cuando decimos "todo hombre es animal", el sentido es distributivo, pues tanto si se toma aquél (Ticio) como si se toma éste (Cayo), etc., nos encontramos con que es animal, esto es, que siente.

Si, como piensa Nizolio, todo hombre o todos los hombres son un todo colectivo, lo mismo que todo el género humano, al hablar se seguirá el absurdo. Pues, si son una misma cosa, veamos qué pasa en esta proposición: "todo hombre es animal" o "todos los hombres son animales"; sustituyamos por "todo el género humano" y nos dará esta proposición más que absurda: "todo el género humano es un animal". De semejante modo, si se trata de un rebaño, la proposición "todas las ovejas que pacen aquí" o el universal abstraído de todas las ovejas es lo mismo que todo el rebaño formado por ellas, como pretende Nizolio, y así será verdadera la proposición "todo el rebaño es una oveja" o, al menos, si queremos echarle una mano a Nizolio, "todo el rebaño es las ovejas", lo cual, sin embargo, no podemos decir que sea suficientemente verdadero.

Pero veamos ahora otro ejemplo menos propicio en último extremo a cualquier escapatoria. Los antiguos juristas, que Nizolio, creo yo, no negó que hablaran perfectamente el latín, afirmaron que el género es el legado, en el caso de que uno haga el legado de esta manera: "doy y lego mi caballo a Ticio". Pero en el sentido que le da Nizolio, como el género es el todo formado por singulares, será igual que si hubiese dicho: "doy y lego a Ticio todos mis caballos". Notable ejemplo de jurisprudencia, ¡con permiso de los dioses! Por el contrario, sustituyendo por el todo distributivo, la cosa es clara. En efecto, el sentido será: "yo doy y lego este y aquel caballo a Ticio".

Añadamos, además, que cuando digo "todo hombre es animal", si se afirma el género de la especie y el género es universal, el universal es todo el género formado de los singulares. Sustituyamos la palabra "animal" por "todos los animales tomados conjuntamente" y resultará esta proposición: "el hombre es todos los animales tomados conjuntamente". Pero ya sería suficiente para un hombre ser cierto animal o alguno de todo el género universal de los animales.

* * *

Las proposiciones universales son los fundamentos de la demostración filosófica

Ahora bien, este error de Nizolio no es despreciable porque lleva en el fondo algo de gran importancia. Pues, si los universales no son otra cosa que colecciones de singulares, se seguirá que no existe la ciencia por demostración (cosa que dice también Nizolio más adelante), sino colección de singulares o inducción. Mas por este procedimiento desaparecerán absolutamente las ciencias y los escépticos habrán conseguido la victoria. En efecto, por este procedimiento no pueden formarse nunca proposiciones perfectamente universales, porque por inducción nunca se puede estar seguro de que se han experimentado todos los individuos, sino que siempre nos moveremos en el ámbito de la proposición "todo lo que he experimentado es tal cosa". Pero, como no puede darse ninguna verdadera razón universal, siempre permanecerá la posibilidad de que innumerables cosas que tú no has experimentado sean distintas. Pero dirás que el fuego (es decir, el cuerpo luminoso, fluido y sutil) que brota de la leña de modo ordinario, quema; decimos, de modo universal, aunque nadie haya experimentado todos los fuegos de tal tipo, sino porque esto ya ha quedado claro en aquellos que hemos experimentado. Así que inferimos de esto y creemos con certeza moral que todos estos fuegos queman y nos quemarán si acercamos la mano.

Pero esta certeza moral no está fundada en la inducción solamente, ya que no se consigue sólo por la inducción, sino con la ayuda y el apoyo de las siguientes proposiciones universales que dependen no de la inducción de los singulares, sino de la idea universal o definición de los términos: 1.ª Si la causa es la misma o semejante en todos los casos, el efecto será el mismo o semejante en todos los casos. 2.ª No se presupone la existencia de una cosa que no es percibida. Y, finalmente, 3.ª Todo lo que no se presupone, en la práctica hay que tenerlo por nada, antes de que se pruebe.

De estas proposiciones surge la certeza moral de la proposición "todo aquel fuego quema". Pues supongamos que el fuego que ahora se me presenta sea de tal clase, digo, que sea en todos los aspectos (en lo referente a nuestra cuestión) semejante a los anteriores, porque, por hipótesis, no percibo diferencia alguna que afecte a la cuestión; y lo que no se percibe no se presupone, por la proposición de apoyo 2.ª Por la proposición 3.ª, lo que no se presupone, en la práctica, hay que tenerlo por nada. Luego hay que mantener, en la práctica, que es igual en todos los aspectos (en lo referente a nuestra cuestión). Ahora bien, por la proposición 1.ª, el efecto, es decir, la combustión, por hipótesis, será semejante en todos los aspectos. Luego hay que admitir, en la práctica, que cualquier fuego dado de tal clase, o todo aquel fuego, quemará. Cosa que se pretendía demostrar.

De esto ya queda claro que la inducción per se no produce nada, ni siquiera certeza moral, sin la ayuda de proposiciones dependientes no de la inducción, sino de la razón universal. Porque, si también estas proposiciones de apoyo tuvieran su valor por inducción, necesitarían de nuevas proposiciones de apoyo y así no tendríamos certeza moral en un proceso hasta el infinito. Pero la certeza perfecta no puede esperarse totalmente de la inducción con la ayuda de cualquier tipo de apoyo y, así, no conoceremos nunca perfectamente sólo por inducción la proposición "el todo es mayor que una de las partes". En efecto, aparecerá luego quien niegue, por cualquier razón peculiar, que sea verdadera en otros casos no experimentados, como sabemos, de hecho, que Gregorio de S. Vicente negó que el todo fuese mayor que una de sus partes, por lo menos en los ángulos de contacto; y que otros lo han negado a propósito del infinito; y que Thomas Hobbes (pero ¡hasta ese hombre!) comenzó a dudar de aquella proposición geométrica demostrada por Pitágoras y considerada digna de un sacrificio de hecatombe, cosa que yo he leído, no sin estupor.

Leibniz. Sobre el estilo filosófico de Nizolio (1.670).                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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