irichc     Fecha  14/02/2003 13:51 
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Volver al foro Responder Leibniz. El problema del mal.   Admin: Borrar 	mensaje
 
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12. En todos tiempos se han empleado las comparaciones tomadas de los gustos de los sentidos, mezcladas con lo que aproxima al dolor, para hacer ver que hay algo semejante en los placeres intelectuales. Cosas que son un poco ácidas, agrias o amargas, agradan muchas veces más que el azúcar; las sombras hacen que resalten los colores, y una disonancia colocada en lugar oportuno, da realce a la armonía. Deseamos que nos den miedo los bailarines de cuerda que están a punto de caer, y queremos que las tragedias nos hagan casi llorar. ¿Nos complacemos lo bastante en gozar de salud y damos por ello las debidas gracias a Dios, si no hemos estado nunca enfermos? Y muchas veces, ¿no es preciso que un poco de mal haga más sensible el bien, es decir, le haga mayor?

13. Pero se dirá que los males son grandes y numerosos en comparación de los bienes. Esto no es exacto. Por falta de atención parecen menores los bienes, y es preciso que aquella se despierte por virtud de la mezcla de males. Si estuviéramos ordinariamente enfermos y raras veces sanos, sentiríamos maravillosamente este gran bien, y advertiríamos menos nuestros males; y sin embargo, ¿no vale más que la salud sea lo ordinario y la enfermedad lo raro? Suplamos con nuestra reflexión lo que falta a nuestra percepción para hacer que el bien de la salud sea más sensible. Si no tuviéramos conocimiento de la vida futura, creo que habría pocas personas que en el momento de la muerte no se manifestaran dispuestas a recobrar la vida a condición de gozar de los mismos bienes y males, con tal, sobre todo, que no fueran de la misma especie. Nos contentaríamos con variar, sin exigir una condición mejor que aquélla en que hubiésemos vivido.

14. Cuando se considera la fragilidad del cuerpo humano, se admira la sabiduría y la bondad del autor de la naturaleza, que lo ha hecho tan durable, y tan aceptable su condición. Por esto he dicho muchas veces, que no me sorprende el que los hombres estén enfermos alguna vez, y sí el que lo estén tan pocas y que no lo estén siempre. Por esta razón también debemos estimar más el artificio divino del mecanismo de los animales, que el autor de la naturaleza ha convertido en máquinas tan delicadas y tan sujetas a la corrupción, y sin embargo tan capaces de conservarse, porque la naturaleza es la que nos cura más bien que la medicina. Ahora bien: esta fragilidad misma es un resultado de la naturaleza de las cosas, a no ser que se quiera que esta especie de criaturas que razonan y que están vestidas de carne y hueso, no estén en el mundo. Pero esto al parecer constituiría un defecto que algunos filósofos de otro tiempo hubieran llamado vacuum formarum, un vacío en el orden de las especies.

Leibniz. Ensayos de Teodicea.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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