irichc     Fecha  24/12/2003 03:16 
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Volver al foro Responder Leibniz. La superación de la "res extensa" cartesiano-spinoziana.   Admin: Borrar 	mensaje
 
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Para probar que la naturaleza del cuerpo no consiste en la extensión me había servido yo de un argumento explicado en el Journal des Savants del 18 de junio de 1.691, cuyo fundamento es que, con la sola extensión, no es posible dar razón de la inercia natural de los cuerpos, es decir, de lo que hace que la materia resista al movimiento, o bien de lo que hace que un cuerpo que ya se mueve no pueda llevarse por delante a otro que está en reposo, sin sufrir un retraso. Pues siendo indiferente por sí misma la extensión al movimiento y al reposo, no debería estorbar nada que los dos cuerpos fuesen en compañía con toda la velocidad del primero de ellos, que trata de imprimírsela al segundo. A esto se responde en el Journal del 16 de julio del mismo año (según he sabido hace poco) que, efectivamente, el cuerpo debe ser indiferente al movimiento y al reposo, supuesto que su esencia consista en ser solamente extenso; pero que, no obstante, un cuerpo que va a empujar a otro cuerpo, deberá ser retardado (no a causa de la extensión, sino a causa de la fuerza), porque la misma fuerza que se aplicaba a uno de los cuerpos, es aplicada ahora a los dos. Ahora bien; la fuerza que mueve a uno de los cuerpos con una cierta velocidad, moverá a los dos juntos con menos velocidad. Es como si, con otros términos, se dijese que el cuerpo, si consiste en la extensión, debe ser indiferente al movimiento, pero que no siendo efectivamente indiferente (pues que se resiste a quien se lo da), es preciso emplear, además de la noción de extensión, la de fuerza. Así, esta respuesta me concede justamente lo que yo deseo. Y, en efecto, los partidarios del sistema de las causas ocasionales se han dado cuenta ya muy bien de que la fuerza y las leyes del movimiento que de ella dependen, no pueden deducirse de la sola extensión, y como quiera que han tomado el acuerdo de que en la materia no hay más que extensión, se han visto obligados a negarle la fuerza y la acción y a no poder recurrir más que a la causa general, que es la pura voluntad y acción de Dios. Sobre lo que puede decirse que han razonado muy bien "ex hypothesi". Pero la hipótesis no está aún demostrada, y como la conclusión parece poco conveniente en física, a juzgar por las apariencias se diría que la hipótesis claudica (además de otras dificultades de que adolece) y que en la materia hay que reconocer algo más que lo que consiste en la sola relación de extensión, la cual (igual que el espacio) es incapaz de acción y de resistencia, cosa que pertenece solamente a las sustancias. Quienes quieren que la extensión misma sea sustancia, dan la vuelta al orden de las palabras y al de los pensamientos. Además de la extensión, ha de haber un sujeto que sea extenso, es decir una sustancia a la que pertenece ser repetida o continua. Pues la extensión no significa más que una repetición o multiplicidad continuada de lo que está extendido, una pluralidad, continuidad y coexistencia de partes. Y, en consecuencia, no basta ella sola para explicar la naturaleza misma de la sustancia extendida o repetida, cuya noción es anterior a la de su repetición.

Leibniz. Extracto de una carta.

* * *

La materia, tomada en sí misma, o desnuda, se constituye por la antitypia y la extensión. Llamo antitypia al atributo en cuya virtud la materia está en el espacio. La extensión es la continuidad por el espacio, o difusión continua por un lugar. Y así, cuando la antitypia se difunde en continuidad por un lugar, o sea se extiende, y no se pone en él otra cosa, surge la materia en sí o nuda.

La modificación o variación de la antitypia consiste en la variación de lugar. La modificación de la extensión consiste en la variación de tamaño y figura. De donde se pone de manifiesto que la materia es algo meramente pasivo, dado que sus atributos y variedades no envuelven ninguna acción. Y en cuanto no consideramos en el movimiento más que la variación de lugar, de tamaño y de figura, nada consideramos que no sea meramente pasivo.

(...)

De donde se sigue que, si no es posible concebir cómo se origina la percepción en una máquina grande, sea cual sea su composición de fluidos y sólidos, tampoco podrá concebirse cómo de máquina más sutil se origina alguna percepción, pues que, aun en el caso de que nuestros sentidos fuesen más sutiles, la cuestión sería la misma que si percibiéramos una máquina crasa, como hacemos ahora. Y así hay que tener por cierto que no puede explicarse la percepción a partir del solo mecanismo o de la mera materia y sus modificaciones, no más de lo que se explica el principio de la acción y del movimiento.

Leibniz. Materia, antitypia y extensión.

* * *

En todo caso, se inclinarían hacia la opinión de la conservación del movimiento, cuando creo haber demostrado que se conserva la misma fuerza y que su cantidad es diferente de la cantidad de movimiento. Todo esto hace saber que en la Naturaleza hay algo más que lo puramente geométrico, es decir, algo más que la extensión y su mero cambio. Y si se considera bien la cosa, se cae en la cuenta de que hay que añadir alguna noción superior o metafisica, es a saber, la de sustancia, acción y fuerza. Nociones que dicen que lo que padece debe accionar en reciprocidad, y que todo lo que actúa debe padecer alguna reacción, y, por consiguiente, que un cuerpo en reposo no puede ser empujado por otro cuerpo en movimiento, sin cambiar algo de la velocidad y de la dirección del agente. Estoy de acuerdo en que todo cuerpo es naturalmente extenso y en que no hay extensión sin cuerpo; pero no es preciso confundir las nociones de lugar, de espacio y de mera extensión con la noción de substancia, que, además de la extensión, comprehende también la resistencia, es decir, la acción y la pasión. (...) Pues que, aunque estoy persuadido de que en la Naturaleza corporal se hace todo mecánicamente, no dejo de creer tampoco que los principios mismos de la Mecánica, es decir, las primeras leyes del movimiento, tienen un origen más sublime que el que puedan ofrecer las puras Matemáticas.

Leibniz. Materia y extensión.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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