irichc     Fecha  13/03/2005 18:10 
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Volver al foro Responder Leibniz. Percepción, razón y sueño.   Admin: Borrar 	mensaje
 
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Hasta aquí he hablado de lo que nos aparece a los sentidos; ahora consideraremos las cosas que no aparecen pero que pueden colegirse de las que aparecen. Pues, ciertamente, todo fenómeno tiene alguna causa; y, si alguien dice que la causa de los fenómenos está en la naturaleza de nuestra mente en la cual están los fenómenos, nada falso dirá por cierto, pero tampoco dirá toda la verdad. En primer lugar, es necesario que haya una razón de que nosotros existamos más bien que no existamos; y, aunque supusiéramos haber existido eternamente, habría que buscar la razón de tal existencia eterna, la cual habría de encontrarse o bien en la esencia de nuestra mente, o bien fuera de ella. Y, ciertamente, no hay inconveniente en que existan innumerables mentes como la nuestra, pero no todas las mentes son posibles, cosa que demuestro porque todas las cosas existentes mantienen comercio entre sí. Es posible entender que haya mentes de otra naturaleza que la nuestra y que mantengan comercio con la nuestra. Y que todo lo existente está en mutuo comercio, demuéstrase tanto por el hecho de que, en caso contrario, no podría decirse si ahora sucede en ella algo o no (y, por tanto, no sería verdadera o falsa tal proposición, cosa que es absurda), como porque se dan muchas denominaciones extrínsecas y nadie enviuda en la India al morírsele la mujer en Europa, sin que acontezca en él una mutación real. Pues, en verdad, todo predicado se contiene en la naturaleza del sujeto. Existiendo, pues, algunas mentes posibles, hay que preguntar por qué no existen todas. Luego, pues que es necesario que todo lo que existe mantenga comercio, es necesario que haya una causa de su comercio; más aún, es necesario que todas las cosas expresen la misma Naturaleza pero de modo diverso. Más, la causa por que se produce que todas las mentes mantengan comercio o expresen lo mismo y, por tanto, existan, es la que expresa perfectamente el Universo, a saber: Dios. Ésta no tiene causa, y es única. Con ello se pone al punto de manifiesto que, además de la nuestra, existen muchas mentes, y siendo fácil de pensar que los hombres que tratan con nosotros pueden tener tantos motivos para dudar de nosotros como tenemos nosotros para dudar de ellos, y no siendo mator la razón en favor nuestro, también ellos existirán y tendrán mentes. Con esto quedan confirmadas la historia sagrada y la profana y todo lo relativo al restado de las mentes o sustancias racionales.


Leibniz. Opúsculos.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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