irichc     Fecha  9/03/2003 22:06 
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Volver al foro Responder Leibniz. Sobre la existencia, los sueños y el espacio.   Admin: Borrar 	mensaje
 
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Si se examina bien la cuestión lo único cierto es que nosotros percibimos, y que percibimos coherentemente y que al percibir observamos cierta regla. Percibir coherentemente significa que se percibe de modo tal que se puede dar razón de todo y que todo se puede predecir. La existencia consiste en esto: en percibir observando ciertas leyes, pues, de lo contrario, todo sería como un sueño. No afirmo que muchos perciben lo mismo sino que perciben cosas que los demás perciben concordantemente (consententia). Y diversos espíritus se perciben a sí mismos y perciben sus propios efectos y operaciones. De aquí se sigue que una misma causa es la que provoca las percepciones de los otros y las nuestras. Sin embargo, no es precisamente necesario que, o nosotros actuemos sobre el contenido de aquellas percepciones o bien que el contenido de aquellas percepciones actúe sobre nosotros. Lo único necesario es que percibamos cosas concordes (conformia) y esto forzosamente debido a una misma causa.

Además, no es necesario que el sueño se diferencie intrínsecamente de la vigilia en cierto grado de realidad sino sólo en la forma u orden de las percepciones (sensionum). De aquí se desprende que la cuestión no consiste en investigar el motivo por el cual existen algunos cuerpos fuera de nosotros, si el espacio es algo y otras cosas semejantes, problemas que surgen cuando no se explican suficientemente los términos, a menos que sostengamos que cuerpo es cualquier cosa que puede percibirse coherentemente y espacio es aquello que hace que numerosas percepciones tengan simultáneamente mutua cohesión. Por ejemplo, si llego a un lugar determinado a través de un camino muy largo, y siguiendo otro, llego a un segundo lugar, y mediante un tercero, a un tercer lugar y de nuevo de uno de estos lugares a otro, entonces de aquí deduzco en qué tiempo llegaré desde uno de los lugares restantes a otro de los restantes, según la unidad de espacio que hemos supuesto. Por tanto, la idea de espacio reside, como se reconoce, en aquello por medio de lo cual separamos el lugar, o por así llamarlo Mundo de los sueños, de nuestro mundo. Sin embargo, no veo por qué esto es así. De aquí se sigue que no hay algo diferente de la percepción y de la causa de esta percepción y de esta coherencia. Además, de aquí se sigue que pueden existir otros infinitos espacios y Mundos completamente diferentes de modo que entre ellos y los nuestros no haya distancia alguna, si en verdad existen algunos espíritus (mentes) a los que se les aparezcan otras cosas en nada coherentes con las nuestras. Como el Mundo y espacio de los sueños difiere del nuestro, en él podrían existir otras leyes del movimiento. De todo esto resulta evidente que las cosas materiales están tan lejos de ser más reales que las otras que, a la inversa, siempre puede ponerse en duda la existencia de ellas, o más bien que la existencia de ellas no difiere materialmente en nada, o sea en sí misma, de la existencia de los sueños, aunque por cierto difieren en belleza. Cuando nos despertamos de los sueños encontramos más coherencia en la conducta de los cuerpos, pero, sin embargo, no la encontramos también en la conducta de los espíritus, o sea, la república mejor, y puede suceder que cuando despertemos también del sueño de esta vida, pasemos a un mundo más perfecto. Aunque también puede suceder que durmamos repetidamente por períodos, o sea, que regresemos a esta vida o a otra semejante a ella. Todo el que investigue si puede existir otro mundo, otro espacio, sólo investiga si existen otros espíritus que no se comunican con los nuestros. De esto se puede entender fácilmente que no es necesario que no pueda probarse con certeza la eternidad del Mundo a partir de aquello que percibimos, aunque sea necesario siempre, en efecto, un espíritu y no pueda entenderse de qué modo un espíritu comienza y termina, lo que, en cambio, puede entenderse respecto de las cosas corpóreas, es decir, que este mundo, esto es, percepciones coherentes de este modo, ha comenzado alguna vez.

Leibniz. Antología.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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