irichc     Fecha  5/02/2003 19:01 
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Volver al foro Responder Locke. La deducción sensual del alma.   Admin: Borrar 	mensaje
 
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Que hay una gran variedad de substancias en este mundo está fuera de toda duda para cualquiera; veamos, pues, qué ideas tenemos de estas substancias particulares en las que se emplea nuestro pensamiento a cada momento. Comencemos con las ideas más generales de cuerpo y de espíritu. Pregunto qué otra idea de cuerpo tiene un hombre más que la de solidez, extensión y movilidad, unidas juntas, que son todas ideas simples de los sentidos. Quizá alguien dijera aquí que, para tener una idea compleja de cuerpo, ha de añadirse a la solidez y a la extensión la idea de substancia. Pero al que hace esa objeción le preguntaría yo cuál es su idea de substancia. Del mismo modo, nuestra idea de espíritu es la de una substancia que tiene el poder de pensar y de mover el cuerpo, de lo cual, concluyo, dicho sea de paso, que tenemos una idea de espíritu tan clara como la tenemos del cuerpo; pues de uno tenemos las ideas claras de solidez, extensión y movilidad o un poder de ser movido, junto con la ignorancia de su substancia, y del otro tenemos dos ideas igual de claras, la de pensamiento y la de motividad, si puedo decirlo así, o poder de mover, junto con una ignorancia similar de su substancia. Pues la substancia no es en ambos sino un supuesto, aunque desconocido, substrato de estas cualidades, algo, no sabemos qué, que sustenta su existencia; de modo que la única idea que tenemos de la substancia de algo es una idea obscura de lo que hace y no una idea de lo que es. A esto además tengo que añadir que, puesto que son igualmente obscuras nuestras ideas de substancia espiritual y substancia corporal, y puesto que nuestras ideas de movilidad y de motividad (si puedo por brevedad acuñar esta nueva palabra) son igualmente claras en ambos, sólo queda comparar la extensión y el pensamiento. Estas ideas son ambas muy claras, pero la dificultad que algunos han erigido contra la noción de espíritu ha sido que, según dicen, no pueden concebir una cosa pensante inextensa, y yo, por el contrario, afirmo que pueden tan fácilmente concebir una cosa pensante inextensa como un sólido extenso. Para hacer un sólido extenso, debe haber una idea de cohesión de las partes, y digo que es tan fácil concebir cómo piensa un espíritu que concebir cómo están cohesionadas las partes sólidas; esto es, cómo se extiende un cuerpo; pues donde no hay partes cohesionadas, no hay partes extra partes, y, por consiguiente, no hay extensión; pues, si el cuerpo es divisible, debe tener partes unidas y, si no hubiera coesión de las partes del cuerpo, el cuerpo estaría tan perdido que dejaría de ser. Quien pueda decirme lo que mantiene juntas las partes del acero o de un diamante, explicará una dificultad fundamental en la filosofía natural. Bernoulli, que ha tratado de explicar la cohesión de las partes de todos los cuerpos por la presión de los otros, ha pasado por alto dos importantes puntos: primero, que no da cuenta de que, por grande que sea la presión de cualquier fluido ambiente, si no hay, sin embargo, algo más que mantenga juntas las partes de un cuerpo, aunque no se pudieran separar entre sí tirando de ellas perpendicularmente, con todo, cabe demostrar que, al deslizarse, se pueden separar una de otra tan fácilmente como si no hubiera tal presión; y lo hace evidente al sentido el experimento de dos mármoles pulidos que se mantienen unidos por la presión de la atmósfera, puesto que pueden separarse muy fácilmente mediante un movimiento lateral, aunque no lo pueden ser por un movimiento perpendicular. Que no tiene en consideración las partículas del éter mismo, pues al ser también cuerpos y al constar de partes, tiene que haber algo que las mantenga juntas, lo cual no pueden ser ellas mismas, pues tan difícil es concebir el modo en que están juntas las partes del menor átomo de materia como el modo en que lo están las de las masas mayores y, no obstante, sin esto, tenemos una dificultad de concebir el cuerpo tan grande como la de concebir el espíritu, de concebir una cosa extensa, como una cosa pensante.

Locke. Ensayo sobre el entendimiento humano.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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