irichc     Fecha  31/03/2006 00:25 
Host: 225.red-62-57-3.user.auna.net    IP: 62.57.3.225    Sistema: Windows XP


Volver al foro Responder Marsilio de Padua. El Islam y la violencia.   Admin: Borrar 	mensaje
 
Mensaje
Después de la gran victoria lograda sobre los Persas, Heraclio sometió a una opresión demasiado cruel a los Persas y a otros pueblos orientales; a causa de lo cual, se pusieron de acuerdo para buscar la ocasión de rebelarse. Y, para que el abandono de dicha sumisión fuera firme e irrevocable para siempre, por consejo de Mahoma, que estaba entonces con los ricos y poderosos Persas, adoptaron una religión diferente, de modo que, debido a sus diferentes creencias y fe o secta, en adelante no pudieran recaer en el sometimiento anterior; quizá para seguir el ejemplo de Jeroboán, que enseñó a cada una de las diez tribus que le seguían una religión distinta con el fin de que no volvieran a su antigua y genuina obediencia.

Los Griegos hicieron también algo parecido, pues querían separarse de la obediencia a la Iglesia Romana y adoptaron un culto o ritual diferente en las celebraciones eclesiásticas, y así cayeron a conciencia en diversos errores. De hecho, todos sus monjes, que defienden y fomentan cismas, son Nestorianos, o Eutiquianos, o Arrianos, o Jacobitas o Ebionitas. Esto es, pues, lo que sucedió con los pueblos y naciones de aquellas regiones, en las que surgió dicha rebelión e insumisión. En efecto, a fin de que tal rebelión perdurase, indujeron a convertir el cisma en secta, para separarse no sólo del Imperio, sino también del Cristianismo, y aceptaron incluso algunos elementos comunes a la ley de Moisés y al Evangelio, como se ve en el Corán.

(...)

Sobre estos acontecimientos, Ricardo en su crónica, Martín, Isidoro y Admonio de Fleury en el libro cuarto de su "Historia de los Francos", concuerdan en decir que el principal pueblo que se alzó con tal audacia partió de Arabia y del pie del Cáucaso. Su país, según la crónica de Jerónimo, se llama Nabatea, de Nabaoth, el primogénito de Ismael; por lo que no se les debería llamar Sarracenos, sino Agarenos o Ismaelitas.

Esta nación, tras devastar regiones del Imperio, llegó hasta Siria y Judea. El emperador Heraclio envió contra ella un numeroso ejército, que fue completamente destruido por el enemigo; y fueron abatidos ciento cincuenta mil hombres de dicho ejército imperial. Con todo, se puede leer que el enemigo actuó con humanidad, porque envió todo el botín al Emperador por medio de legados.

(...)

Después de estos sucesos, el ejército de los Árabes y los Nabateanos creció con refuerzos de varias provincias vecinas, como los Caldeos, los Amonitas y los Moabitas, a los que hay que añadir Mahoma que, según cuenta Ricardo en su crónica, tenía el gobierno de Arabia.

Este Mahoma -se dice que ducho en artes mágicas, pero yo creo que más bien sagaz-, con el pretexto de despreciar al Imperio, persuadió a esos mismos pueblos que adoptasen un modo de vida como el suyo, para aumentar así su dominio, engañó a la gente de diversas maneras con su habilidad y la apartó de su fe, con la alegación de que no podrían tener su propio gobierno si no renunciaban a la fe cristiana y observaban sus preceptos. Como también les hizo creer que él poseía algún don divino y engañaba a los hombres con los prodigios que les mostraba, pasó a ser considerado generalmente un profeta por ese pueblo.

Con sus ridículas tretas sedujo asimismo a una noble y poderosa viuda llamada Jadicha, de la provincia de Jorasán, hasta el punto de contraer matrimonio con ella y, por medio de ella, conseguir el gobierno de su provincia. Incluso engañó a muchos judíos para que creyeran que era su Mesías.

Por tanto, Mahoma embaucaba a los pueblos con su astucia, con su fuerza, con la relajación de la ley en materia sexual y con abundantes promesas para vida futura, y les obligaba a abrazar su falsa religión por la fuerza de sus armas. Pues, de acuerdo con la ley dada por Mahoma, los pueblos que se habían levantado en armas contra el Imperio obligaban a las regiones que ocupaban a creer en la doctrina de Mahoma; y condenaban a muerte a quienes se negaban a profesarla. De ese modo, desde Arabia entraron en Egipto y sublevaron allí a la población; luego, cuando salieron de África, hicieron lo mismo. Después, invadieron España y obligaron a gran parte de ella a renegar de su fe anterior. Y así multiplicaron el número de sus seguidores, más por la violencia de la guerra que por la predicación.

Marsilio de Padua. La transferencia del Imperio.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

Respuestas (0)
 


Volver Responder
 
Nombre
E-Mail
Asunto
Web
Enlace a una
imagen

Mensaje