irichc     Fecha  17/06/2002 16:12 
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Volver al foro Responder Materialismo epicúreo   Admin: Borrar 	mensaje
 
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En primer lugar nada nace de lo que no existe, porque, si todo naciera de todo, no habría necesidad de simientes. Y, si aquello que desaparece, se diluyera en el no ser, todo estaría ya muerto, puesto que no existiría aquello en lo que se habría diluido. De modo semejante, el universo ha sido siempre tal como ahora es, y siempre será igual, puesto que nada hay en que pueda transformarse, ya que más allá del universo no existe nada que, penetrando en él, sea capaz de producir un cambio.

Es asimismo verdad que el universo está compuesto de cuerpos y de vacío. De la existencia de los cuerpos nos da testimonio la sensación, en la que es necesario que se apoye el razonamiento al conjeturar acerca de lo desconocido, como ya he dicho antes. Si no existiera eso que nosotros llamamos vacío, y espacio, y sustancia intangible, los cuerpos no tendrían ni donde existir ni por donde moverse, del modo como vemos que efectivamente se mueven. Ahora bien, a excepción de los cuerpos y el vacío, no hay cosa alguna que podamos imaginar –ni a través de los sentidos, ni por analogía con ellos- como una naturaleza existente en sí misma y no como aquello que llamamos síntomas o contingencias.

Así, de los cuerpos, unos son compuestos, y los otros, los elementos a partir de los cuales los compuestos se han formado. Estos elementos son indivisibles e inmutables –si es verdad que no todo tiene que destruirse en el no ser, sino que estos elementos han de permanecer indestructibles al producirse la disolución de los compuestos-, ya que su naturaleza es compacta y no poseen ni lugar ni medio para disolverse. Por tanto, es necesario que los elementos primeros sean las sustancias indivisibles de los cuerpos.

Insisto: el universo es infinito. Pues todo lo que tiene un límite, tiene un extremo, y este extremo lo es también respecto de otra cosa. De modo que lo que no tiene extremos, tampoco tiene límites y, si no tiene límites, por fuerza tiene que ser infinito y no limitado. Y aún más: el todo es infinito tanto por el número de cuerpos como por la extensión del vacío. Porque, si el vacío fuera infinito y los cuerpos limitados, éstos no podrían mantenerse en ningún lugar, sino que irían rodando de un lado para otro a través del vacío infinito, sin nada que los sostuviera ni volviera a darles impulso después de una colisión. Y, si el vacío fuera limitado, no tendrían donde sostenerse los infinitos cuerpos.

(...)

No existe un comienzo de este movimiento: los átomos y el vacío son eternos.

Y aun más: los mundos existentes son infinitos, tanto los que se parecen al nuestro, como los que son por completo distintos, puesto que los átomos –infinitos en número, tal como hemos demostrado- se extienden hasta los espacios más alejados. Y los átomos aptos para formar o constituir un mundo no se agotan ni en un solo mundo, ni en un número de mundos limitado, ni en todos los que se parecen al nuestro, ni en los que son distintos de él. De modo que nada se opone al hecho de que el número de mundos sea infinito.

(...)

Epicuro. Cartas.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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