irichc     Fecha  31/03/2006 01:09 
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Volver al foro Responder Nietzsche. Que el derecho no nace de la voluntad.   Admin: Borrar 	mensaje
 
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Para la crítica del ideal.

Esta crítica hay que comenzarla suprimiendo la palabra "ideal" por lo pronto: convirtiéndola en crítica de lo deseable.

Quizá son los menos quienes comprenden que el punto de vista de lo deseable, es decir, el "así debía ser, pero no es" o el "así debiera haber sido" implica una censura de la marcha general de las cosas. Pues en ésta no hay nada aislado, y lo más pequeño sirve de base a lo más grande; en tu pequeño entuerto está edificado todo el futuro; por consiguiente, la crítica que condena lo pequeño también condena lo grande. Admitiendo que la norma moral, como la imaginaba Kant, nunca se llega a realizar completamente y deba permanecer siempre como un más allá de la realidad, sin jamás encajar en ella, la moral encerrará un juicio sobre todo lo "en sí", lo cual autoriza a pensar de dónde nace el derecho para esto: ¿cómo es posible que la parte se erija en juez del todo? Y aun cuando este juicio moral y este descontento ante la realidad fuese, como se ha afirmado, un instinto imposible de desarraigar, ¿no sería este instinto, con sus indestructibles raíces, una de tantas tonterías de nuestra especie? Sin embargo, al decir semejantes cosas, hacemos precisamente lo que censuramos; el punto de vista de lo deseable, del juzgar incompetente, entra en el curso regular de las cosas, así como toda injusticia y toda imperfección: nuestro concepto de perfección es el que no se justifica. Todo instinto quiere ser satisfecho, expresa su disconformidad con el actual estado de cosas. ¿Cómo? ¿Está compuesto el todo quizá de partes disconformes que albergan todas en su cabeza al tipo de la deseabilidad? ¿Es quizá la marcha de las cosas, el "fuera de aquí", "fuera de la realidad", el eterno descontento mismo? ¿Es la deseabilidad quizá la fuerza que nos mueve a todos? ¿Es "deus"?

Me parece importante que despachemos el todo, la unidad, una fuerza, un absoluto; no tendríamos más remedio que tomarlo como suprema instancia y llamarlo Dios. Hay que descomponer este todo, hay que perderle todo respeto; aquello que hemos concedido a lo desconocido, al todo, recobrarlo y dárselo a lo inmediato, a nosotros mismos.

Nietzsche. La voluntad de poder.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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