irichc     Fecha  17/07/2003 02:24 
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Volver al foro Responder Orígenes. El misterio de la resurrección.   Admin: Borrar 	mensaje
 
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Condición del cuerpo resucitado.

Y era consecuente que todo lo que de Él se había profetizado (y en las profecías entra también su resurrección), lo que Él hizo y lo que le aconteció fuera coronado por este milagro señero. Efectivamente, en persona de Jesús, había predicho el profeta: "Mi carne descansará con confianza, porque no dejarás mi alma en los infiernos, y no permitirás que corrupción tu santo vea" (Ps. 15, 9-10). Por lo demás, después de su resurrección se hallaba Jesús en una especie de estado fronterizo entre la solidez del cuerpo antes de la pasión y la aparición de un alma desnuda del cuerpo. Así se explica que, estando reunidos los discípulos y Tomás con ellos, "vino Jesús, a puertas cerradas, se puso en medio de ellos y dijo: La paz sea con vosotros. Y luego dijo a Tomás: trae aquí tu dedo, etc." (Jn. 20, 26-27). Y en el evangelio de Lucas, cuando Simón y Cleofás iban conversando entre sí sobre todo lo que les había acaecido, Jesús se les juntó en el camino. Y los ojos de ellos estaban cerrados para no reconocerlo; y Él les dijo: "¿Qué conversación es esa que lleváis uno con otro mientras vais caminando?" Y cuando se les abrieron los ojos y lo reconocieron, dice literalmente la Escritura: "Y Él desapareció de su presencia" (Lc. 24, 31). Así, pues, aunque Celso se empeñe en equiparar otras apariciones y otros aparecidos con lo que se escribe de Jesús y de quienes lo vieron después de resucitado, todo el que inteligente y discretamente examine los hechos verá patente que se trata de algo más maravilloso.

Jesús no se apareció a todo el mundo.

Después de esto, ataca Celso la Escritura de forma que no debe desdeñarse, y dice: "Si Jesús quería realmente hacer ostentación de poder divino, debiera haberse mostrado a los que lo insultaron, al juez que lo condenó a muerte y a todo el mundo en absoluto". Porque, realmente, también para nosotros es evidente que, según el Evangelio, no fue visto Jesús después de su resurrección de la misma manera que aparecía antes en público y a la vista de todos. Cierto que en los Hechos se escribe que, durante cuarenta días, fue visto por sus discípulos y él les daba instrucciones sobre el reino de Dios (Act. 1, 3); mas en los evangelios no se dice que estuviera siempre con ellos, sino que una vez se les apareció después de ocho días a puertas cerradas, y se puso en medio de ellos (Jn. 20, 26), otras veces por modos semejantes. Y Pablo, al final de su carta primera a los corintios, da a entender que no se presentaba ya ante el pueblo como antes de su pasión, pues dice así: "Porque yo os he transmitido, en primer lugar, lo mismo que recibí, a saber, que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, y se apareció a más de quinientos hermanos juntos de los que la mayor parte viven aún, y algunos han muerto; luego se apareció a Santiago, luego a todos los apóstoles, y al último de todos, como a un abortivo, se me apareció también a mí" (1Cor 15, 3ss). Ahora bien, poner en claro la causa por qué Jesús, después de resucitar de entre los muertos, no se manifestó del mismo modo que antes, es punto que encierra grandes y admirables cosas y que superan la comprensión, no ya solamente del vulgo de los creyentes, sino también, en mi opinión, de los muy adelantados. Sin embargo, en una obra que se destina a refutar un discurso contra los cristianos y su fe, veremos, razonablemente, de presentar sólo algunos puntos que convenzan a los oyentes de nuestra defensa.

Jesús uno y múltiple

Jesús, aun siendo uno solo, ofrecía muchos aspectos a la consideración, y no era igualmente visto por todos los que lo miraban. Que ofrecía muchos aspectos a la consideración se ve por dichos como éstos: "Yo soy el camino, la verdad y la vida"; y: "Yo soy el pan"; y: "Yo soy la puerta" (Jn. 14, 6; 36; 10, 9), y por otros innumerables. Y que, visto, no aparecía igualmente a todos los que lo miraban, resultará claro a quienes consideren por qué, cuando iba a transfigurarse en el monte elevado, no tomó consigo ni siquiera a todos los apóstoles, sino sólo a Pedro, Santiago y Juan. Sin duda, porque estos solos eran capaces de contemplar a Moisés y Elías aparecidos en su gloria, oír lo que hablaran entre sí y la voz que vendría del cielo (cf. Mt. 17, 1-5). Yo pienso también que, antes de subir al monte, donde se le acercaron sólo sus discípulos a los que instruyó sobre las bienaventuranzas (cf. Mt. 5, 1ss), cuando luego estuvo abajo en algún paraje del monte, ya atardecido, y curó a todos los que le fueron presentados, librándolos de toda enfermedad y de toda dolencia, no parecía Jesús el mismo a los enfermos que necesitaban de su cura que a quienes, por su salud, habían sido capaces de subir con Él al monte. Igualmente, cuando explicaba en particular a sus discípulos las parábolas (Mt. 13, 19) que a las turbas de fuera se decían entre velos, los que escuchaban las explicaciones de las parábolas tenían mejores oídos que quienes las oían sin explicación; pero también mejor vista, del alma, desde luego, y, a mi parecer, también del cuerpo. Que no apareciera siempre el mismo lo pone de manfiesto el hecho de que Judas, cuando lo iba a traicionar, dijo a las turbas que salieron con él como si no lo conocieran: "Al que yo besaré, ése es" (Mt. 24, 48). Lo mismo creo ya da a entender el Salvador cuando dice: "Cada día estaba enseñando en el templo, y no me prendisteis" (ibid., 55).

Así, pues, teniendo nosotros esa idea de Jesús, no sólo en cuanto a su divinidad interior, oculta a las turbas, sino también en cuanto a su cuerpo, que se transfiguraba cuando quería, afirmamos que todos eran capaces de ver a Jesús antes de que despojara "a los principados y potestades" (Col. 2, 15) y antes de "morir al pecado" (Rom. 6, 10); mas una vez que despojó a principados y potestades y no tiene ya nada capaz de ser visto por las muchedumbres, no todos los que antes lo vieran eran ya capaces de verlo. De ahí que, por consideración a ellos, no apareció a todos después de su resurrección de entre los muertos.

La presencia de Jesús resucitado con sus apóstoles no era continua.

¿Qué digo a todos? Ni siquiera con sus mismos apóstoles y discípulos estaba continuamente ni se les aparecía siempre, pues no podían soportar continuamente su contemplación. Y es así que, una vez acabada su dispensación, el resplandor de su divinidad era más intenso. Este resplandor lo pudo soportar Cefas-Pedro, que era como las primicias de los apóstoles, y después de él los doce, agregado Matías en lugar de Judas (Act. 1, 26); después de ellos, se apareció a quinientos hermanos juntos, luego a Santiago, luego a todos los otros apóstoles, distintos de los doce, acaso a los setenta discípulos; por último, a Pablo, como a un abortivo que sabía en qué sentido decía: "A mí, el más pequeño de todos los santos, me ha sido dada esta gracia" (Eph 3, 8). Y acaso la expresión "el más pequeño" equivalga a "abortivo". Ahora bien, como nadie puede razonablemente reprochar a Jesús que no tomara consigo a todos los apóstoles para subir al monte elevado, sino solamente a los tres antedichos, cuandi quiso transfigurarse y mostrar la brillantez de sus vestidos y la gloria de Moisés y Elías que hablaron con Él; así nadie tiene tampoco derecho a censurar los discursos apostólicos, según los cuales, después de su resurrección, Jesús no se apareció a todo el mundo, sino sólo a los que sabía tenían ojos capaces de contemplar su resurrección.

Yo creo será también oportuno, para apoyar lo que estamos diciendo, alegar el dicho del Apóstol acerca de Jesús: "Porque Cristo murió y resucitó para ser señor de vivos y muertos" (Rom. 14, 9). Porque es de notar en este texto que Jesús murió para ser señor de los muertos, y resucitó para serlo, no sólo de los muertos, sino también de los vivos. Entiende el Apóstol por muertos, de los que es señor Cristo, a los que enumera así en su primera carta a los corintios: "Sonará la trompeta y los muertos resucitarán incorruptos" (1Cor 15, 52); y por vivos, a ellos y a los que han de ser cambiados, que son distintos de los muertos que han de resucitar. El texto sobre esto dice así: "Y también nosotros seremos cambiados", que viene seguidamente de éste: "Los muertos se levantarán primero". Además, en la primera a los tesalonicenses, establece, con otras palabras, la misma distinción, diciendo ser unos los que duermen y otros los vivos. He aquí el texto: "No queremos, hermanos, estéis en la ignorancia acerca de los que se duermen, para que no os pongáis tristes a la manera de los otros que no tienen esperanza. Porque, si creemos que Jesús murió y resucitó, así también Dios reunirá con Jesús a los que se durmieron en Él. Con palabras del Señor os decimos, en efecto, que nosotros, los que vivimos, los que quedamos para el advenimiento del Señor, no nos adelantaremos a los que se han dormido (1Tes 4, 13ss). La interpretación que nos pareció mejor a este pasaje la expusimos en los comentarios que compusimos sobre la carta primera a los tesalonicenses.

Dios se apareció a Abrahán, pero no siempre.

Y no es de maravillarse que no todas las muchedumbres que creyeron en Jesús vieran su resurrección, cuando Pablo, escribiendo a los corintios, de los que piensa no son capaces de más, dice: "Por mi parte, juzgué no saber nada entre vosotros, sino a Jesucristo, y éste crucificado" (1Cor 2, 2). Lo mismo viene a decir este otro pasaje: "Porque no erais aún capaces, ni lo sois aún, pues todavía sois carnales" (1Cor 3, 2-3). De este modo, pues, la Escritura, que todo lo hace con juicio divino, consignó acerca de Jesús que, antes de su pasión, se manifestaba sencillamente a todos, aunque tampoco siempre; mas después de la pasión, ya no se manifestó así, sino con cierta selección que medía a cada uno lo que le convenía. Y como se escribe que Dios se apareció a Abrahán (Gen. 12, 7), o a alguno de los santos (48, 3), pero esta aparición no era continua, sino a intervalos y no se concedía a todos, así hay que entender haberse aparecido el Hijo de Dios de modo semejante a lo que se dice de aquéllos sobre aparecérseles Dios.

Jesús vino al mundo para manifestarse y estar oculto.

Hemos, pues, respondido según nuestras fuerzas y en cuanto cabe en obra como la presente, a lo que dijo Celso: "Si quería realmente hacer ostentación de su poder, debiera haberse aparecido a los que lo insultaron, al juez que lo condenó y a todo el mundo absolutamente." Pero no, no tenía que aparecerse al juez que lo condenó ni a los que lo insultaron; pues Jesús quería justamente evitar que el juez que lo condenó y los que lo insultaron no fueran heridos de ceguera, como lo fueron los de Sodoma, cuando intnetaron abusar de la hermosura de los ángeles hospedados en casa de Lot. Este episodio se narra con estas palabras: "Alargando los hombres las manos, tiraron de Lot y lo metieron en casa, y cerraron la puerta; mas a los que estaban junto a la puerta de la casa los hirieron, del menor al mayor, de ceguera, de suerte que se cansaron buscando la puerta" (Gen. 19, 10-11). Quería, pues, Jesús mostrar su propia virtud, que es divina, pero a quienes eran capaces de verla y en la medida que podían verla. Y no hay otra razón por que evitara mostrarse, sino la incapacidad de los que no lo podían contemplar.

Es vano, pues, lo que alega Celso: "Porque no iba a temer aún a nadie, una vez que había muerto y siendo, como afirmáis, un dios; ni fue en absoluto enviado para estar oculto." Fue, efectivamente, enviado no sólo para ser conocido, sino también para estar oculto (cf. II 72; IV 15.19). Y es así que ni siquiera los que lo conocieron, conocieron todo lo que era, sino que algo de Él se les ocultaba; y algunos no lo conocieron en absoluto. Él, ciertamente, abrió las puertas de la luz a los que se habían hecho hijos de las tinieblas y de la noche, pero se esforzaron en hacerse hijos del día y de la luz. Y el Señor salvador vino, como buen médico, más bien a los cargados de pecados que a los justos (Mt. 9, 12-13).

Orígenes. Contra Celso, Libro II.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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