irichc     Fecha  21/10/2002 07:07 
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Volver al foro Responder Orígenes. Hermenéutica, profecías y mesianismo en el cristianismo primitivo.   Admin: Borrar 	mensaje
 
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42. Advertencias metodológicas

Digamos, antes de comenzar nuestra defensa, que el intentar demostrar como realmente sucedidas casi todas las historias, por más que sean verdaderas, de manera que se logre sobre ellas una certeza completa, es de las cosas más difíciles y, en algunos casos, imposible. Supongamos que alguien da en la flor de decir no haber existido la guerra de Troya, fundándose sobre todo en que con ella se entreteje la leyenda imposible de cierto Aquiles, que sería hijo de la diosa marina, Tetis, y del hombre Peleo, o Sarpedón de Zeus, Ascálafo y Jálmeno de Ares, y Eneas de Afrodita. ¿Cómo demostraríamos el hecho, apurados sobre todo por esa mezcla inextricable de fantasía con la opinión dominante entre todos de que hubo realmente, en Ilio, una guerra entre griegos y troyanos? Supongamos, por el mismo caso, que alguien no crea en la leyenda de Edipo y Yocasta y los dos hijos que nacieron de ellos, Eteocles y Polinices, pues también con ella se entreteje cierta esfinge semivirgen. ¿Cómo demostrar la historicidad de tal leyenda? Dígase lo mismo de los Epígonos, aunque nada semejante se entreteja en su leyenda, o de la vuelta de los Heraclidas y de infinitas cosas más. Mas el lector inteligente de esas historias, que no quiere dejarse engañar por ellas, sabrá discernir qué cosas podrá aceptar simplemente, qué otras explicar figuradamente, indagando la intención de quienes inventaron tales leyendas; sabrá, en fin, a qué cosas negará todo crédito, como escritas para agradar a determinadas gentes.

Todo este prólogo a la historia entera de Jesús, que se cuenta en los evangelios, hemos antepuesto aquí, no por invitar a hombres de mayor pericia a una fe desnuda y sin razón, sino para advertir a los futuros lectores que habrán de menester de mucha inteligencia e indagación, y adentrarse, como quien dice, en la mente de los escritores, a fin de hallar en qué sentido secreto fue escrita cada cosa.

48. Explicación de las visiones proféticas

Ahora, pues, aunque el judío no defenderá a Ezequiel e Isaías, al identificar nosotros lo que se cuenta de que a Jesús se le abrió el cielo y oyó la voz consabida con cosas semejantes que hallamos escritas en Ezequiel, en Isaías o en cualquier otro profeta, vamos por lo menos nosotros a fundar, en lo posible, nuestra razón diciendo lo siguiente: Para todos los que admiten una Providencia es cosa axiomática que muchos tienen sus visiones, entre sueños, que les anuncian cosas divinas, o acontecimientos por venir de la vida diaria, ora con claridad, ora por enigmas. ¿Qué tendrá, entonces, de extraño que la fuerza que impresiona la mente entre sueños pueda también impresionarla durante la vigilia, para bien y provecho de quien recibe la impresión o de quienes se lo oyeron referir? Y como nos figuramos entre sueños que estamos oyendo y que se impresiona nuestro oído sensible y que vemos por nuestros ojos, siendo así que ni los ojos corporales ni el oído sensible se impresiona, sino que todo eso sucede pasivamente en el alma; así, nada tendría de extraño que lo mismo aconteciera en los profetas cuando se escribe que vieron cosas prodigiosas, que oyeron palabras del Señor y que contemplaron los cielos abiertos. Personalmente, no me imagino que para escribir Ezequiel lo que escribe fuera menester que el cielo sensible se abriera y se dividiera su masa, al abrirse, en dos partes. ¿Por qué, pues, no ha de suponer algo semejante respecto del Salvador quien prudentemente lea el Evangelio? A riesgo, eso sí, de escandalizar a los demasiado simples, que, justamente por su demasiada simpleza, ponen al cosmos en movimiento, partiendo por gala en dos, por muy compacto que esté, tamaño cuerpo como el cielo entero.

Pero el que examine más a fondo este punto dirá que hay, como dice la Escritura, un sentido general divinp que sólo el bienaventurado encuentra ya en esta vida, según se dice en Salomón: Hallarán un sentido divino (Prov. 2,5). De este sentido existen varias especies: de visión, que naturalmente ve cosas superiores a los cuerpos, entre las que hay, evidentemente, que contar a querubines y serafines; de oído, que percibe voces que no tienen su consistencia en el aire; de gusto, que saborea el pan vivo que bajó del cielo y da la vida al mundo (Io 6,33); de olfato, igualmente, que huele cosas por las que Pablo dice ser bueno olor de Cristo para Dios (2 Cor 2,15); de tacto, según el cual dice Juan haber palpado con las manos el Verbo de la vida (1 Io 1,1). Ahora, pues, los bienaventurados profetas, que hallaron ese sentido divino, ven divinamente, oyen divinamente, gustan de igual modo; huelen, por así decir, con sentido no sensible, y tocan por la fe al Logos, de quien les viene una emanación que los cura, y así veían lo que escriben haber visto, y oían lo que dicen haber oído, les pasaban cosas parecidas a las que escriben, como el comerse el volumen de un libro que se les daba (Ez 3,2). Por modo semejante olió también Isaac los vestidos espirituales de su hijo, y con bendición espiritual dijo: He aquí el olor de mi hijo, como de campo lleno, al que bendijo el Señor (Gen 27,27). De modo semejante a éstos, más bien espiritual que sensiblemente, tocó también Jesús al leproso (Mt 8,3), a fin de limpiarlo, a mi ver, doblemente, librándolo no sólo, como entiende la gente, de la lepra sensible por el toque sensible, sino también de la otra por toque suyo verdaderamente divino. Así, en fin, dio Juan testimonio, diciendo: He visto al Espíritu bajar del cielo, como una paloma, y posarse sobre Él. Yo no lo conocía; mas el que me envió a bautizar en agua me dijo: Sobre el que vieres descender el Espíritu y posarse sobre Él, ése es el que bautiza en Espíritu Santo. Y yo lo he visto y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios (Io 1,32ss).

También a Jesús se le abrieron los cielos, y, si bien es cierto que no se escribe hubiera entonces quien, fuera de Juan, viera los cielos abiertos, sin embargo, el Salvador mismo predice a sus discípulos que verían un día los cielos abiertos, diciéndoles: En verdad, en verdad os digo, veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios que suben y bajan sobre el Hijo del hombre (Io 1,51). Y de este modo Pablo, por ser discípulo de Jesús, fue arrebatado al tercer cielo, que antes viera abierto. Ahora, explicar por qué diga Pablo: Si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, tampoco lo sé, Dios lo sabe (2 Cor 12,1), no es cosa de este lugar y momento.

(...)

53. La profecía de Jacob.

¿Será menester aducir otra profecía que nos parece referirse claramente a Jesús? Pues expongamos la que fue consignada por Moisés muchos, muchísimos años antes del advenimiento de Jesús. Dice, en efecto, Moisés que Jacob, estando a punto de salir de esta vida, profetizó a cada uno de sus hijos, y a Judá, entre otras cosas, le dijo: No faltará príncipe de Judá, ni caudillo salido de su muslo hasta que vengan las cosas que le están reservadas (Gen 49,10). Quien leyere esta profecía que, en realidad de verdad, es más antigua que Moisés, pero que algún incrédulo supondría dicha por Moisés mismo, no podrá menos de admirarse de cómo pudo predecir Moisés que, siendo doce las tribus de Israel, de la tribu de Judá precisamente nacerían los reyes de los judíos y que ellos mandarían al pueblo (de ahí que el pueblo entero se llamen judíos, del nombre de la tribu reinante). Y no dejará tampoco de admirar en segundo lugar el que atentamente leyere la profecía, cómo, ya que dijo que de la tribu de Judá saldrían los príncipes y caudillos del pueblo, fijó también el término de su mando diciendo: No faltará príncipe de Judá ni caudillo salido de su muslo hasta que vengan las cosas que le están reservadas, y Él será la expectación de las naciones. Vino, en efecto, Aquel para quien estaban reservadas las cosas, el Ungido de Dios, el príncipe a quien se refieren las promesas de Dios. Y, evidentemente, sólo Él de entre todos los que le precedieron y, sin miedo puedo decir, de entre todos los que le siguieron, fue la expectación de las naciones. Y es así que de todas las naciones han creído por Él en Dios y, como dice Isaías, en su nombre han esperado los pueblos: En su nombre, dice, esperarán los pueblos (Is 42,4). Él fue también el que dijo a los que estaban entre cadenas -pues cierto es que cada uno está atado por las cuerdas de sus pecados (Prov 5,22)-: "Salid afuera", y a los que estaban en la ignorancia: "Venid a la luz"; pues también esto fue profetizado con estas palabras: Te he puesto por alianza de las naciones para que restaures la tierra y heredes la herencia del desierto y digas a los que están en cadenas: Salid afuera, y a los que están entre tinieblas: Salid a la luz (Is 49,8-9). Y es de ver cómo, al advenimiento de Jesús, se cumplió en quienes, por todo el orbe, creen con fe sencilla la otra parte de la profecía: Y se apacentarán por todos los caminos y en todas las sendas habrá pastos (Is 49,9).

57. Filiación señera de Jesús.

El judío por cuya boca habla Celso, le dice además al Salvador: "Si dices que todo hombre que nace por disposición de la providencia divina, es hijo de Dios, ¿en qué te diferencias tú de cualquier otro?" A esto le diremos que, ciertamente, todo el que, en expresión de Pablo, no se guía ya por el temor, sino que abraza el bien por el bien mismo, es un hijo de Dios; mas Jesús se diferencia mucho y muchísimo de quienquiera recibe, por razón de su virtud, nombre de hijo de Dios, pues Él es como la fuente y principio (Plat., Phaidros 245c) de los que son tales. He aquí el texto de Pablo: Porque no habéis recibido otra vez espíritu de servidumbre para temer, sino espíritu de filiación, por el que gritamos: Abba!, Padre (Rom 8,15). "Más habrá miles", como dice el judío de Celso, "que argüirán a Jesús afirmando haberse dicho de ellos lo que de Él fue profetizado". Realmente no sabemos si Celso conoció algunos que, mientras vivieron, quisieron hacer algo semejante a Jesús, proclamándose a sí mismos hijos de Dios o poder de Dios (Act 8,10). Mas, como quiera que estamos examinando por amor a la verdad cada punto, diremos que, antes del nacimiento de Jesús, apareció entre los judíos un tal Teudas que afirmaba de sí ser hombre grande (Act 5,36); pero, apenas murió, se dispersaron los que habían sido por él engañados. Después de éste, en los días del empadronamiento, cuando parece haber nacido Jesús, un tal Judas de Galilea arrastró tras sí a muchos del pueblo judío, dándoselas de hombre sabio y en parte revolucionario. Mas, cuando también éste sufrió el rigor de la justicia, se deshizo su enseñanza, que sólo se mantuvo en muy pocos y hasta poquísimos (Act 5,36-37). Después de los días de Jesús, el samaritano Dositeo quiso persuadir a sus paisanos ser él el Mesías profetizado por Moisés, y parece haber atraído a algunos a su predicación. Mas no será fuera de razón alegar aquí el dicho de aquel Gamaliel de quien se escribe en los Hechos de los Apóstoles, para mostrar que todos ésos fueron ajenos a la promesa y no son ni hijos de Dios ni poderes del mismo; Jesucristo, empero, fue verdaderamente Hijo de Dios. Dijo, pues, allí Gamaliel: Si este consejo o esta doctrina es de los hombres, él mismo se deshará, como se deshicieron los planes de todos aquéllos una vez que murieron; mas si es de Dios, no podréis acabar la doctrina de éste, y debéis temer no parezca hacéis la guerra a Dios (Act 5,38-39).

También el samaritano Simón Mago quiso engatusar a algunos con su magia, y entonces, efectivamente, los engañó; pero ahora no creo que se pueda hallar en todo el orbe una trentena de simonianos, y acaso me exceda en el número. En Palestina son escasísimos, y en el resto de la tierra, por donde Simón quiso esparcir su gloria, no se le conoce ni de nombre. Entre quienes aún lo pronuncian, lo toman de los Hechos de los Apóstoles, y son cristianos quienes hablan de él. En fin, la evidencia misma ha demostrado que nada divino había en Simón.

Orígenes. Contra Celso (Libro I).                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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