irichc     Fecha  30/11/2002 12:14 
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Volver al foro Responder Orígenes. Magia y cristianismo.   Admin: Borrar 	mensaje
 
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Algo vio, sin duda, Celso en la Escritura cuando le hizo decir a Jesús que "cierto Satanás armaría todas esas tramoyas". Pero saca una conclusión precipitada diciendo que "ni Jesús mismo niega que nada tiene todo eso de divino, sino que son obras de malvados". Con ello pone en el mismo género cosas que son de género distinto. Como el lobo y el perro, aunque aparentemente se asemejan en la forma del cuerpo y en el aullido, no son de la misma especie, como no lo son tampoco la paloma torcaz y la doméstica; así nada tiene de semejante lo que se hace por virtud divina y lo que procede de la magia.

Pero, además, a las malignas argucias de Celso diremos también lo que sigue: ¿Conque pueden darse milagros de la magia en virtud de los malos espíritus y no podrá realizarse milagro alguno que proceda de la naturaleza divina y bienaventurada? ¿Conque la vida de los hombres tendrá que soportar lo peor y no le quedará por ningún cabo lugar para lo mejor? A mi parecer hay que sentar en todo este principio: Dondequiera hay algo malo que pretende ser de la misma especie que el bien, allí tiene por fuerza que haber algo bueno que se le oponga. Así, dado que hay cosas que se llevan a cabo por magia, es de absoluta necesidad haya en la vida cosas que se realizan por operación divina. Y, lógicamente, o hay que negar ambas cosas y decir que no se da ni la una ni la otra, o, afirmada la una y, señaladamente, la mala, hay que confesar también la buena. El que afirmara lo que procede de la magia, pero negara lo que viene de la operación divina, me parecería a mí como el que afirmara que existen sofismas y proposiciones persuasivas, carentes de verdad, no obstante pretender demostrar la verdad, pero no verdad alguna entre los hombres, ni dialéctica con derecho de ciudadanía, opuesta a los sofismas.

Ahora bien, si admitimos ser consecuente haya de haber entre los hombres algo que se opera por virtud divina desde el momento que es una realidad la magia y la hechicería operada por malos espíritus, encantados por curiosos encantamientos y obedientes a las órdenes de los magos, ¿por qué no hemos de examinar con diligente examen a los que prometen realizar milagros, por su vida y carácter y circunstancias de los milagros, y ver si los hacen para daño de los hombres o para corrección de las costumbres? Así averiguaremos quién hace todo eso en servicio de los démones, y quién, "estando en tierra limpia y santa" (Ex 7,8ss), según alma y espíritu y hasta (opino yo) según el cuerpo delante de Dios, habiendo recibido cierto espíritu divino, realiza esas cosas para bien de los hombres y para incitarlos a creer en el verdadero Dios. Ahora bien, si es menester indagar, sin prejuicios, sobre los milagros quién los hace con buen fin y quién con malo, de suerte que ni los condenemos todos, ni todos los admiremos y aceptemos como divinos, ¿cómo no ha de saltar a los ojos, por las circunstancias que concurrieron en Moisés y Jesús, pues por sus milagros se constituyeron pueblos enteros, haber hecho por virtud divina lo que de ellos se escribe que hicieron? A la verdad, por maldad y arte de encantamiento no se habría constituido todo un pueblo, que no sólo abandona los ídolos y templos, obra de hombres, sino que sobrepasa toda la naturaleza creada y se remonta al principio increado del Dios del universo.

Orígenes. Contra Celso (II, 50).                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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