irichc     Fecha  10/06/2003 02:01 
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Volver al foro Responder Ramón Llull. La concepción universal de la religión cristiana.   Admin: Borrar 	mensaje
 
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VI

Pero no mucho después, Ramón, habiendo sabido de nuevo que otra nave que los genoveses, vulgarmente, llaman barca se preparaba para ir a la predicha ciudad o reno de los sarracenos, es decir, a Túnez, contra la voluntad y los consejos de sus amigos se hizo llevar a dicha barca. Y tan pronto como los marineros salieron del puerto y empezaron a navegar, Ramón, aquella esperanza de conciencia que, bajo la obnubilación predicha, creía haber perdido, súbitamente, alegre en el Señor, por una misericordiosa ilustración del Espíritu Santo, la recuperó juntamente con la salud de su lánguido cuerpo.

De tal modo que, en poquísimos días, con admiración de todos los que navegaban con él y aun de sí mismo, se sintió en tan buen estado de la mente y del cuerpo como nunca se había encontrado en toda su vida pasada. Por ello, rindió las debidas gracias a Dios, y poco después llegaron al puerto de Túnez, saltaron a tierra y entraron en la ciudad.

Entonces Ramón, poco a poco, de día en día, fue convocando a los más versados en la ley de Mahoma y entre otras cosas les dijo que él conocía bien las razones de la ley de los cristianos en todos sus artículos, y que había venido porque él, después de oír las razones de su ley de Mahoma, si una vez tenido un diálogo sobre esto, juzgaba sus argumentos más válidos que los de los cristianos, se convertiría a la religión de ellos.

Así, de día en día, confluían más numerosos y más instruidos en la ley de Mahoma, enalteciendo las razones de su ley, a fin de convertirlo a su religión. Entonces él, satisfaciendo levemente a sus argumentos, les habló así:

"- A todo sabio le está bien que profese la fe que a Dios eterno, en quien creen todos los sabios del mundo, atribuye mayor bondad, sabiduría, virtud, verdad, gloria y perfección y otras cualidades semejantes, y todas estas en mayor igualdad y concordancia. Además, la fe en Dios más laudable es aquella que, entre Dios que es la suprema y primera causa, y su efecto, pone mayor conformidad o conveniencia.

Pero yo, por las razones que me habéis propuesto, ya veo que vosotros los sarracenos, que estáis bajo la ley de Mahoma, no entendéis que en las divinas dignidades predichas y otras semejantes hay actos propios, intrínsecos y extrínsecos, sin los cuales las mismas dignidades habrían estado ociosas, y esto desde toda la eternidad. Y los actos de bondad yo digo que son bonificativo, bonificable, bonificar, y los actos de magnitud, magnificativo, magnificable, magnificar; y lo mismo digo de las demás dignidades divinas predichas y similares.

Pero ya noto que vosotros, estos actos predichos, sólo los atribuís a dos dignidades o razones, es decir, a la sabiduría y a la voluntad. Por esto, queda manifiesto que, en todas las otras razones divinas predichas, o sea, bondad, magnitud, etc. dejáis ociosidad, y por consiguiente, ponéis desigualdad y discordancia entre las mismas, lo cual no es aceptable.

En cambio, por los predichos actos substanciales intrínsecos y eternos de las dignidades, razones o atributos considerados iguales y concordantes como conviene, los cristianos prueban de modo evidente que en una y simplicísima esencia y naturaleza divina hay Trinidad de personas, es decir, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Lo cual, por medio de una Arte recientemente revelada por Dios, según se cree, a un ermitaño, yo con la ayuda de Dios os lo podré demostrar con claras razones, si vosotros, durante algunos días, queréis tratar conmigo sobre estas propiedades con ánimo tranquilo. Además, si os agrada, por medio de la misma Arte, veréis de modo muy razonable cómo en la Encarnación del Hijo de Dios, es decir, por la participación de la unión del Creador y de la creatura, en la sola persona de Cristo, la suprema y primera causa conviene y concuerda muy razonablemente con su efecto.

Y también veréis cómo esto aparece especialmente y de modo nobilísimo en la Pasión de Cristo, Hijo de Dios, la cual Él, por parte de la humanidad asumida, la soportó con voluntaria y misericordiosísima dignación para redimirnos, a nosotros pecadores, del pecado y corrupción del primer padre, y para restituirnos al estado de gloria y fruición divina, por el cual y para el cual estado final a nosotros los hombres nos creó Dios, digno de toda bendición."

IX

En tiempo del señor papa Clemente V [1.305-1.314] salió de París y se fue a Lyon, donde suplicaba al sumo pontífice una cosa importante para bien de la fe, o sea, que el papa dispusiera que se hicieran monasterios en que se constituyeran hombres devotos y aptos que aprendieran idiomas de diversas gentes y pudieran predicar a los infieles cumpliendo el mandato del Señor: "Id al mundo entero y predicad el evangelio a toda creatura". Pero esta súplica interesó poco al señor papa y a los cardenales.

Desde allí Ramón regresó a Mallorca y se embarcó hacia una tierra de sarracenos que se llama Bugía. En la plaza principal de la ciudad, Ramón clamaba en voz alta prorrumpiendo con estas palabras: "La ley de los cristianos es verdadera, santa y grata a Dios; y la ley de los sarracenos es falsa y errónea, y estoy preparado para probarlo". Pero mientras decía esto a favor de la fe de Cristo y ya asistía una multitud de paganos y les exhortaba en la lengua de los sarracenos, muchos irrumpieron con nefandas manos sobre él, dispuestos a lapidar a Ramón hasta matarlo.

Mientras se encarnizaban contra él, el sacerdote principal u obispo [el muftí o cadí de la ciudad] envió mensajeros ordenando que aquel hombre fuera conducido ante él. Cuando Ramón estuvo en su presencia, el cadí le dijo: "¿Cómo has sido tan insensato que te has atrevido a impugnar la ley verdadera de Mahoma? ¿No sabes que cualquiera que presuma esto es condenado a pena capital?" Ramón respondió: "El verdadero siervo de Cristo, que ha experimentado la verdad de la fe católica, no debe temer los peligros de muerte corporal, cuando puede conseguir la gracia de la vida espiritual para las almas de los infieles".

El cadí le dijo: "Pues, si crees que la ley de Cristo es verdadera, y consideras falsa la ley de Mahoma, aduce una razón necesaria que pruebe esto". Pues aquel cadí era conocido como versado en filosofía. Ramón respondió: "Convengamos ambos en algo común; después te daré una razón necesaria". Como esto agradó al cadí, Ramón lo interrogó diciendo: "¿Dios es perfectamente bueno?".

El cadí respondió que sí. Entonces Ramón, queriendo probar la Trinidad, comenzó a argüir de este modo: "Todo ente perfectamente bueno es tan perfecto en sí mismo, que no necesita hacer ni mendigar el bien fuera de sí. Tú dices que Dios es perfectamente bueno desde siempre y para siempre. Luego no necesita mendigar ni hacer el bien fuera de sí, porque si fuera así no sería perfectamente bueno sin más. Y porque tú niegas la Santísima Trinidad, suponiendo que no existiera, Dios no sería perfectamente bueno desde siempre hasta que produjo el mundo en el tiempo.

Y tú crees en la creación del mundo. Y por esto, Dios fue más perfecto cuando creó el mundo en el tiempo, que antes; ya que la bondad es mejor cuando se difunde que cuando existe ociosa. Esto lo digo en cuanto a ti. Pero en cuanto a mí, digo que la bondad desde siempre es difusiva. Y esto pertenece a la razón de bien que es difusivo de sí, y así Dios Padre bueno, de su bondad engendra al Hijo bueno y de ambos es inspirado el Espíritu Santo bueno."

El cadí, estupefacto por este razonamiento, no replicó ni una sola objeción; sino que mandó meterlo inmediatamente en la cárcel. Una multitud de sarracenos estaba fuera esperando para matarlo. Pero el cadí hizo publicar un edicto, ordenando que nadie conspirara para matarlo; pues él mismo pensaba condenarlo a una muerte condigna.

Vida coetánea.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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