irichc     Fecha  17/07/2003 02:23 
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Volver al foro Responder San Agustín. Concordancia de los evangelistas.   Admin: Borrar 	mensaje
 
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Pese a no tolerar un post "fusilado" de otra web*1, acepto el reto de KRYPTO de demostrar la coherencia de los cuatro Evangelios. No quiero que mi silencio se interprete como una huída o, menos aún, como un asentimiento tácito. Para ello cuento con los textos fundamentales de los Padres que se ocupan de la cuestión, que suenan como cañonazos contra el grácil vuelo de mosca de las pseudoautoridades que alega mi retador.

Daniel.

*1 La web referida es:
http://www.pepe-rodriguez.com/Mentiras_Iglesia/Mentiras_Iglesia_resurreccion.htm

* * *

MT. 27, 55-56 - MC. 15, 40-41 / LC. 23, 48-49 / JN. 19, 25-27

Continúa Mateo: "Había allí, a lo lejos, muchas mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea y le habían servido. Entre ellas estaban María Magdalena, María la madre de Santiago y de José y la madre de los hijos del Zebedeo." Marcos lo refiere así: "Había también unas mujeres que miraban de lejos, entre las que estaban María Magdalena y María la madre de Santiago y de José, y Salomé, que cuando estaba en Galilea le seguían y le servían, y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén." Entre estos dos no veo nada que pueda pensarse como oposición. Pues ¿qué importa a la verdad el que a algunas mujeres las nombraran en grupo y a otras individualmente? También Lucas tejió así su relato: "Y toda la muchedumbre que asistía a este espectáculo y veía lo que acontecía, regresaba golpeándose el pecho. Estaban a distancia, viendo estas cosas, todos sus conocidos y las mujeres que le habían seguido desde Galilea." Aquí concuerda lo suficiente con los dos anteriores en lo referente a la presencia de las mujeres, aunque no mencione a ninguna por su nombre.

Respecto a que la muchedumbre que estaba presente y que al ver lo que acontecía se golpeaba el pecho y regresaba, concuerda con Mateo, aunque haya anexionado aparte esto: "El centurión y los que estaban con él." Por tanto, únicamente se queda solo en la mención de sus conocidos, que se mantenían a distancia. Pues también Juan mencionó la presencia de mujeres, antes de que el Señor emitiese su espíritu. Este es su relato: "Estaban junto a la cruz de Jesús su madre y la hermana de su madre, María Cleofás, y María Magdalena. Al ver Jesús de pie a su madre y al discípulo que amaba, dice a su madre: Mujer, he ahí a tu hijo. Luego dice al discípulo: He ahí a tu madre. Y desde aquel momento el discípulo la recibió en su casa." En este asunto, si Mateo y Lucas no hubiesen mencionado claramente a María Magdalena, podríamos decir que unas estaban a distancia y otras junto a la cruz. Pues ninguno de ellos, a excepción de Juan, mencionó a la madre de Jesús. Entonces, ¿cómo se entiende ahora que la misma María Magdalena estuviera a distancia con las otras mujeres, según informan Mateo y Lucas, y a la vez junto a la cruz, como refiere Juan? Podemos entender que estaban a una distancia tal que se las podía considerar al lado, puesto que estaban a su vista, y distantes en comparación con la muchedumbre que le rodeaba más de cerca con el centurión y los soldados.

También podemos pensar que las que acompañaban a la madre del Señor, después que la confió al discípulo, habían comenzado ya a partir, para librarse de la densidad del gentío y contemplar desde más lejos lo acaecido. Por esa razón los otros evangelistas, que las recordaron una vez muerto el Señor, las mencionaron cuando ya estaban lejos.

(...)

MT. 27, 61-28, 7 - MC. 15, 47-16, 11 / LC. 23, 54-24, 9 / JN. 20, 1-18

Pues tampoco el mismo triduo de la muerte y resurrección del Señor puede entenderse rectamente a no ser desde este modo de hablar que emplea la parte por el todo. El mismo Mateo dice: "Como Jonás estuvo en el vientre de la ballena tres días y tres noches, así estará también el Hijo del hombre tres días y tres noches en el corazón de la tierra." Si se computa el tiempo, sea desde que entregó su espíritu, sea desde que fue sepultado, no se halla íntegro más que el día del medio; es decir, tomemos el día del sábado entero, esto es, con su noche; en cambio, respecto a los días que le dejan en el medio, es decir, la preparación de la Pascua y el primer día de la semana, al que llamamos domingo, entendamos el todo por la parte. ¿Qué ayuda el que algunos, coartados por estas estrecheces y desconocedores de que este modo de expresión, es decir, el todo por la parte, es de gran valor a la hora de solucionar los problemas de las santas Escrituras, quisieron contar como noche aquellas tres horas, de la sexta a la nona, en que se oscureció el sol, y como día las otras tres horas en que de nuevo fue devuelto a la tierra, es decir, desde la nona hasta su ocaso? Pues sigue la noche del sábado inmediato, que, computada con su respectivo día, harán ya dos noches y dos días; pero, además, después del sábado sigue la noche del primer día de la semana, es decir, del domingo incipiente en la que el Señor resucitó.

Habrá, pues, dos noches, dos días y una noche, aunque se pudiera entender entera y no mostrásemos que aquel amanecer es su parte última; por lo cual, ni enumeradas aquellas seis horas, en tres de las cuales se oscureció el sol y en tres de las cuales brilló, se hallará justificación para hablar de tres días y tres noches. Sólo queda, pues, que, mediante aquel modo frecuentísimo de hablar de las Escrituras por el que se entiende el todo por la parte, hallemos como día inicial el tiempo de la preparación de la Pascua en que el Señor fue crucificado y sepultado, y por esa su última parte tomemos el día entero que ya había transcurrido; el día del medio, en cambio, es decir, el sábado, lo tomamos no por una parte, sino en su totalidad; el tercero, a su vez, por su parte primera, es decir, por la noche con su tiempo de día. Así resultará el triduo. Es lo mismo que se dio en los ocho días tras los cuales subió a la montaña. Refiriéndose a ellos, Mateo y Marcos, mirando a los días del medio, íntegros, dijeron "después de seis días" donde Lucas había dicho "después de ocho días".

(...)

Así pues, ordenemos como en un único relato todo lo acontecido en el tiempo en torno a la resurrección del Señor según los testimonios de todos los evangelistas, en la medida en que el Señor nos ayude y en cuanto pueda realizarse. Al amanecer del primer día de la semana, como todos están de acuerdo, se fue al sepulcro. Ya había tenido lugar lo que sólo Mateo menciona respecto al terremoto, a la remoción de la piedra y al terror experimentado por los guardias, hasta el punto de yacer como muertos en alguna parte. Según relata Juan, fue María Magdalena, sin duda en compañía de otras mujeres que habían servido al Señor, mucho más ferviente por su amor, hasta el punto de que Juan la menciona sólo a ella, silenciando a las que fueron con ella, como atestiguan los otros. Fue, pues, y vio la piedra del sepulcro removida, antes de mirar alguna otra cosa con más atención; no dudando de que habían sustraído de allí el cuerpo de Jesús, echó a correr, como refiere el mismo Juan, y lo anunció a Pedro y al mismo Juan. Este es, en efecto, el discípulo a quien amaba Jesús.

Estos comenzaron a correr al sepulcro, y Juan, que llegó delante, se inclinó y vio colocados los lienzos, pero no entró. En cambio, Pedro, que llegó detrás, entró al sepulcro y "vio los lienzos colocados y el sudario que llevaba en la cabeza, no puesto con los lienzos, sino enrollado aparte". Luego entró también Juan, vio lo mismo, y creyó lo que había dicho María, es decir, que habían llevado al Señor del sepulcro. Pues aún no conocía la Escritura, es decir, que convenía que resucitase de entre los muertos. Los discípulos se volvieron de nuevo a su casa. María, sin embargo, estaba fuera, llorando junto al sepulcro, es decir, delante de aquel lugar donde estaba el sepulcro excavado en la roca, pero dentro de aquel espacio adonde ya habían entrado. Allí había un huerto como menciona el mismo Juan. Entonces vieron a un ángel sentado a la derecha sobre la piedra del sepulcro removida, a que hacen referencia Mateo y Marcos. "Entonces les dijo: No temáis; sé que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí, ha resucitado, según dijo. Venid y ved el lugar donde estaba puesto el Señor. Id rápidamente y decid a sus discípulos que ha resucitado. Mirad, él os precede en Galilea, donde le veréis. Ved que os lo he predicho."

Tampoco Marcos silenció cosas semejantes. Ante estas palabras, María, que seguía llorando, se inclinó y miró al sepulcro y "vio dos ángeles", así dice Juan, "de blanco, sentados uno a la cabeza y otro a los pies, donde habían puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor e ignoro dónde le han puesto." Aquí hay que entender que se levantaron los ángeles, y así los vieron también de pie, como recuerda Lucas, y que, según el mismo Lucas, dijeron a las mujeres temerosas y con su rostro inclinado a tierra: "¿Por qué buscáis al vivo entre los muertos? No está aquí, sino que ha resucitado. Recordad cómo os habló cuando aún estaba con vosotros en Galilea, diciéndoos: Conviene que el hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores, sea crucificado y al tercer día resucite. Y se acordaron de sus palabras." Después de esto María se volvió atrás, y, como dice Juan, "vio a Jesús de pie sin saber que era Jesús. Le dijo Jesús: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando en el hortelano, le dijo: Señor, si lo llevaste tú, dime dónde le pusiste y yo me lo llevaré. Le dijo Jesús: María. Ella se volvió y le dijo: Rabí, que significa Maestro. Le dijo Jesús: No me toques, pues aún no he subido a mi Padre; pero vete a mis hermanos y diles: Subo al Padre mío y al Padre vuestro, al Dios mío y al Dios vuestro". Entonces salió del sepulcro, es decir, de aquel lugar donde estaba el espacio del huerto cavado ante la roca, y con ella las otras, de las que, según Mateo, se había apoderado un temblor y un pavor, y a nadie decían nada.

Entonces, ya según Mateo, "en esto les sale al encuentro Jesús, diciéndoles: Dios os salve. Ellas se le acercaron, se agarraron a sus pies y lo adoraron". Así deducimos que la doble alocución de los ángeles la escucharon al llegar al sepulcro, y la del Señor, una primera vez, en el momento en que María le tomó por el hortelano, y ahora, por segunda vez, cuando les salió al encuentro en el camino, para afianzarlas con la misma reiteración y liberarlas del temor. Entonces les dijo: No temáis; id, anunciad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán. Llegó, pues, María Magdalena anunciando a los discípulos que había visto al Señor y le había dicho eso". No sólo ella, sino también las otras mujeres mencionadas por Lucas, que lo anunciaron a los once discípulos y a todos los demás.

"Pero estas palabras les parecieron desatinos, y no les daban crédito". También Marcos lo confirma. En efecto, después de mencionar que ellas, temblando y llenas de miedo, salieron del sepulcro y no dijeron nada a nadie, añadió que el Señor, habiendo resucitado, se apareció en la mañana del primer día de la semana, en primer lugar, "a María Magdalena, de la que había echado siete demonios, y que ella fue y lo anunció a los que habían estado con él, que se hallaban tristes y llorosos; y que ellos, al oír que estaba vivo y lo habían visto ellas, no lo creyeron". Ciertamente Mateo insertó también lo de que, al retirarse las mujeres que habían visto y oído todo aquello, llegaron a la ciudad algunos de los guardias que yacían como muertos, y anunciaron a los sumos sacerdotes todo lo sucedido, es decir, lo que ellos pudieron experimentar. Insertó asimismo que, en reunión con los ancianos, decidieron otorgar una generosa recompensa para que dijesen que los discípulos de él habían llegado y lo habían robado mientras ellos dormían, prometiéndoles también seguridad frente al gobernador que los había puesto como guardias. Refirió también que ellos, recibido el dinero, obraron según les habían adoctrinado, y que esa versión corrió entre los judíos hasta el día de hoy.

San Agustín. Concordancia de los evangelistas, Libro III.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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