irichc     Fecha  22/11/2003 04:37 
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Volver al foro Responder San Agustín. La redención por la muerte.   Admin: Borrar 	mensaje
 
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POR QUÉ LOS QUE SE HAN VISTO ABSUELTOS DEL PECADO POR LA GRACIA NO HAN SIDO LIBERADOS DE LA MUERTE, ESTO ES, DE LA PENA DEL PECADO

Quizá alguno pregunte por qué han de sufrir esa primera muerte, si es pena del pecado, aquellos cuyo reato ha sido abolido por la gracia. Esta cuestión la hemos tratado ya y resuelto en la obra que escribimos sobre el bautismo de los párvulos. Allí se dijo que, aun suprimiendo el vínculo del delito, le quedaba al alma la experiencia de la separación del cuerpo, porque si la inmortalidad del cuerpo siguiera inmediatamente al sacramento de la regeneración, se enervaría la misma fe, que es fe precisamente porque se aguarda en la esperanza lo que no se ve en la realidad. Y es cabalmente por el vigor y esfuerzo de la fe como, al menos en la edad crecida, había de ser superado el temor de la muerte. Lo vemos destacar especialmente en los santos mártires: su combate no reportaría voctoria ni gloria alguna al no existir en absoluto esa lucha si después del baño de la regeneración no estuvieran ya sujetos los santos a la muerte. Y ¿quién no correría con los niños a la gracia del bautismo de Cristo, con el objeto más bien de liberarse de la muerte? Así no se probaría la fe con el premio invisible; antes ni existiría la fe al buscar y recibir inmediatamente la recompensa de su trabajo.

Ahora bien, la pena del pecado se ha trocado, por la gracia más elevada y admirable del Salvador, en instrumento de justicia. Pues si entonces se dijo al hombre "Si pecas, morirás", ahora se le dice al mártir: "Muere para no pecar". Si entonces se le dijo al hombre: "Si traspasas el mandamiento, morirás", ahora se le dice: "Si rehúsas la muerte, traspasas el mandamiento". Lo que había de temer entonces para no pecar debe aceptarse ahora por miedo de pecar. Así, por la inefable misericordia de Dios, la pena de los vicios se transformó en arma de virtud, e incluso el suplicio del pecador se convierte en recompensa del justo. Se adquirió la muerte pecando; ahora se completa la justicia muriendo.

Esto se realiza en los santos mártires, a quienes el perseguidor propone la alternativa de dejar la fe o de sufrir la muerte, pues los justos prefieren sufrir por la fe lo que los primeros pecadores sufrieron por no creer. En efecto, aquéllos, si no hubieran pecado, no morirían, y éstos pecan si no mueren. Murieron, pues, aquéllos por haber pecado; no pecan éstos, porque mueren. Por la culpa de aquéllos se llegó a la pena; por la pena de éstos se evita la culpa. No porque se ha convertido en un bien la muerte, que antes fue un mal; antes bien, Dios otorgó tal gracia a la fe, que la muerte, que tan contraria es a la vida, se ha convertido en un medio de pasar a la vida.

San Agustín. La Ciudad de Dios (Libro XIII).                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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