irichc     Fecha  7/10/2003 01:59 
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Volver al foro Responder San Agustín. Salmo contra la secta de Donato.   Admin: Borrar 	mensaje
 
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Vosotros, que amáis la paz, juzgad ahora la verdad.

Con acepción de personas es vergonzoso juzgar.
Nunca podrán los injustos el Reino de Dios ganar.
Que rasgues la ajena túnica nadie lo tolerará:
¿Cuánto más reo es de muerte romper de Cristo la paz?
Al autor de estos delitos busquémoslo sin errar.

Vosotros, que amáis la paz, juzgad ahora la verdad.

Atormenta a los hermanos la abundancia de malvados.
Ya quiso nuestro Señor dejarnos bien avisados,
asemejando una red con el celeste Reinado
que por los mares recoge toda clase de pescados.
La sacan hasta la orilla, comienzan a separarlos:
los buenos van a las cestas, al mar se tiran los malos.
Quien conozca el Evangelio hallará, con temor santo,
que en la red vemos la Iglesia, y el mar es el caos mundano.
La mezcla de peces dice que viven buenos con malos.
El fin del mundo es la orilla: allí separarse han ambos.
Quienes rompieron las redes mucho al mar se aficionaron.
Las cestas son de los santos los tronos que no alcanzaron.

Vosotros, que amáis la paz, juzgad ahora la verdad.

Buen hombre, tal vez preguntes: ¿Y quiénes la red rompieron?
- Los henchidos de soberbia, que se dicen justos ellos.
Han creado divisiones, altar contra altar han puesto.
Al diablo se han entregado, con altercados muy viejos,
y el crimen que cometieron lo cargan a hombros ajenos.
Entregaron la Escritura, mas con gran atrevimiento
nos acusan a nosotros, quedando de manifiesto
que es mayor hoy su pecado que lo fuera en otro tiempo.
Podrá excusarse la entrega de los Libros, por el miedo,
que por temor a morir de Cristo renegó Pedro.
Pero ¿cómo excusarán ser causa de enfrentamiento
de un altar contra otro altar? ¿Y el culpable rompimiento
de la paz que nos dio Cristo, sólo en el hombre poniendo
su esperanza? Tanto daño a la Iglesia nunca hicieron
todas las persecuciones, como ellos en paz le han hecho.

Vosotros, que amáis la paz, juzgad ahora la verdad.

Custodio nuestro, Dios grande: Tú nos puedes liberar
de estos bastardos profetas que nos quieren devorar.
Negro corazón de lobo quieren ellos ocultar
bajo piel de oveja mansa, con nombre de santidad,
pero en sus entrañas fieras el cisma escondido está.
Los que ignoran la Escritura se les suelen acercar;
oyen hablar de "traidores", sin conocer la verdad
de los hechos ya pasados. Si yo les digo: -"Probad
lo que afirmáis como cierto", no saben qué contestar.
Ellos dicen que a los suyos creyeron sin vacilar.
Yo les digo que mintieron, pues nosotros, a la par,
a los nuestros damos fe, que testimonio nos dan
de ser vosotros "traidores". ¿Quiénes dicen la verdad?
Los que en la raíz se injertan. ¿Y quiénes la falsedad?
Solamente quien no vive con todos en la unidad.
Tiempo ha concluyó la causa. ¿Por qué no vivís en paz?

Vosotros, que amáis la paz, juzgad ahora la verdad.

(...)

Gozo inmenso nos daría saber que jamás antaño
quisisteis vuestros errores. Mas si entonces no fue claro
dónde estaba la verdad, vedlo ahora los letrados.
Muchos malvados tenéis que soportáis de mal grado,
mas de vuestra comunión no consentís separarlos.
No hablo -los podréis negar- de los famosos pecados:
palizas, hogueras, muertes, obra de vuestros sicarios
a la luz del pleno día. Y los sufrís, sin embargo,
por error o por temor. Hubieran bien soportado
vuestros padres, por la unión, a lo menos un malvado,
si la protesta era tal que impidiese degradarlo.
Añade que era inocente, sin nada en contra probado.
Mas porque nadie moviese la verdad de su pecado,
se fingieron los muy justos, siempre embrollos planeando.

Vosotros, que amáis la paz, juzgad ahora la verdad.

(...)

Caridad cristiana tiene quien ante todo es pacífico.
Prestadnos atención, pueblos, y a la concordia aveníos
quienes carecéis de sede que defender con prejuicios:
Si en un lugar contendiesen entre sí vuestros obispos,
¿a qué jueces llamaríais, como ajenos al litigio,
sino a obispos de otras tierras? Y si ellos en justo juicio
condenasen una parte, ¿no seríais vosotros mismos
los primeros en romper vuestra unión con los obispos
que a los jueces imparciales hicieran sordos oídos?
¿Cómo, pues, sois partidarios de quienes, en tiempos idos,
esto mismo realizaron? Ellos son quienes, sin tino,
a los jueces de ultramar no les prestaron oídos
en sentencia a favor nuestro; y nos están hoy unidos.
¿Aún tendréis que replicar, si lo declara el Juez, Cristo?

Vosotros, que amáis la paz, juzgad ahora la verdad.

La verdad conoceréis, si hay luz en vuestro interior.
Se conservan todavía para darnos la razón,
Preces y Actas de Donato: comprobadlas, por favor,
Si no las queréis creer, probad con otra razón,
y si ésta la rechazamos, habrá eterna discusión.
Abracemos, pues, la paz: ¿Qué importa lo que pasó?
Nos acusáis viejas faltas y ésta es la contestación:
también vosotros faltasteis. Por Macario alzáis la voz,
y nosotros contestamos con lo del circuncelión.
Lo nuestro ya está pasado, mas lo vuestro sigue hoy.
Si hay pajas en nuestra era, paja en ella sólo sois,
cuando no queréis la paz; y esos otros el bastón
levantan con amenazas. ¡Y ojalá sólo el temor,
sin las palizas diarias, infundieran! Pero no;
porque si quitáis a estos, vuestro reino terminó.

Vosotros, que amáis la paz, juzgad ahora la verdad.

(...)

No nos imputéis, hermanos, lo de tiempos de Macario.
De su mucha crueldad estamos avergonzados;
si de ellos dicen calumnias, Dios es quien puede juzgarlo.
Amemos la paz de Cristo, jubilosos nos unamos.
Nada nos podrá dañar que en la Iglesia queden malos,
y si no pueden vivir entre nosotros mezclados,
separados sean al punto, dejando la paz a salvo.
Si esto no es posible, sean del corazón apartados.
Dijo el profeta Ezequiel que unos hombres señalados
se lamentan de maldades causadas por sus hermanos;
pero de ellos no se apartan, siguen viviendo a su lado.
No nos apartemos, pues, por los hermanos malvados
de nuestra única madre. Esto lo hicieron antaño
los impíos, erigiendo su propio altar separado,
para contar en sus filas peores y más dañados
que los que, fingiendo, dicen haber ellos evitado.

Vosotros, que amáis la paz, juzgad ahora la verdad.

(...)

Pon dentro del corazón las dos eras, para ver
lo que quiero demostrar. Las Escrituras dan fe
que en el Viejo Testamento había santos también:
Dijo Dios que siete mil se guardaba para Él;
sacerdotes, reyes, santos, muchos hay bajo la Ley.
Allá ves muchos profetas, y de la plebe los ves.
Mas, dime, ¿quién de estos justos su propio altar quiso hacer?
Cometió muchos pecados el inicuo pueblo aquel:
sacrificó a falsos dioses, mató a profetas también,
pero nadie entre los santos la unidad quiso romper.
A los malos soportaban todos los hombres de bien,
en espera de que el bieldo supiera el grano escoger.
Aunque en el templo mezclados, mezclada el alma no fue,
y por más que los acusen, sólo un altar ha de haber.

Vosotros, que amáis la paz, juzgad ahora la verdad.

¿Qué pensáis de todo esto? Otra mies nueva nació:
la Iglesia por todo el orbe, que ha de sufrir el dolor.
En Jesús tiene un ejemplo con lo de Judas traidor.
Lo admitía entre los buenos y a predicar lo envió.
Un mal siervo predicaba, pero la fe a Cristo vio,
porque los que al juez creían, se olvidaban del pregón.
Cuando dio la Santa Cena, ni siquiera lo excluyó,
y aunque antes salido hubiese, fuera también su traición
quien a Jesús entregara. Pero ejemplo nos dejó,
de tolerar a los malos, y si la separación
no es posible, la ruptura sólo sea de corazón.
Pero cual paja de espigas algunos soberbios son,
que antes de ser aventados la tempestad arrastró.

Vosotros, que amáis la paz, juzgad ahora la verdad.

Sabéis bien qué es "la Católica", y qué "de la vid cortado".
Si de en medio de vosotros hay algunos avisados,
que vuelvan, y vivirán en la raíz injertados,
y, antes de ser ramas secas, serán del fuego librados.
La fe sólo tiene un signo, y a nadie rebautizamos,
por usar la única fórmula, no por veros como a santos.
Ambos la tienen: la cepa y el sarmiento separado.
Mas ¿qué aprovecha la forma a quien está desgajado?
Venid, si queréis hermanos, y a la vid incorporaos.
Nos duele veros yacer por el suelo así cortados.
A partir del mismo Pedro, si queréis, id numerando
los pontífices, y ved qué padres antepasados
en su cátedra se han ido uno tras otro sentando:
ELLA ES LA ROCA INVENCIBLE ANTE LAS FUERZAS DEL TÁRTARO*.

Vosotros, que amáis la paz, juzgad ahora la verdad.

(...)

Atendedme sin enojos a lo que os digo, hermanos:
Nada hay falso en lo que oís, y podéis bien comprobarlo.
¿Qué respondéis si la Iglesia como madre os fuese hablando:
- Hijos míos, a qué viene de vuestra madre quejaros?
Decidme más bien por qué me abandonasteis antaño.
Culpáis a vuestros hermanos, y es a mí a quien dais quebranto.
Antaño con los gentiles, cuando sufrí males tantos,
me abandonaron, sí, muchos, más por miedo renegaron;
¿Y quién os fuerza a vosotros a estar contra mí luchando?
Decís estar de mi parte, pero bien sabéis que es falso.
Yo me llamo la Católica, vosotros los de Donato.
Rezar por todos los reyes me mandó el apóstol Pablo,
y a vosotros os da enojo de ver que ya son cristianos.
¿Cómo os doléis, si sois hijos, de que Dios me haya escuchado?
Cuando trajeron sus dones, no quisisteis aceptarlos,
olvidando a los profetas que tiempo ha profetizaron
que grandes reyes gentiles a la Iglesia harían regalos.
Y al rechazar estos dones dejasteis bien demostrado
no ser parte de la Iglesia, y obligasteis a Macario
dolido de tal desprecio a vengar su desagrado.
Pero yo, madre de todos, ¿qué males os he causado?
Si puedo expulso a los malos, y cuando no, los aguanto.
Los soporto hasta que sanen, o sean al fin separados.
Vuestra muerte me atormenta; ¿por qué os habéis alejado?
Si a los malos tanto odiáis, en los que tenéis fijaos.
Pero si también vosotros toleráis el tener malos,
¿por qué razón no ha de ser en unidad hermanados,
donde nadie rebautiza, ni hay altares enfrentados?
¡A cuántos malos sufrís!, pero será sin salario,
pues que el sufrir lo debéis no a Cristo, sino a Donato.

Cantares de paz son éstos, si escuchar queréis, hermanos.
Os recuerdo que algún día llegará el Juez soberano:
Él es quien exige cuentas, nosotros quienes las damos.


* Mayúsculas mías.

San Agustín de Hipona. Salmo contra la secta de Donato.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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