irichc     Fecha  1/07/2003 01:05 
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Volver al foro Responder San Ireneo. Exposición sumaria de la 'gnosis' valentiniana.   Admin: Borrar 	mensaje
 
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Había, según dicen, un Eón perfecto, supraexistente, que vivía en alturas invisibles e innominables. Llámanle Pre-Principio, Pre-Padre y Abismo, y es para ellos inabarcable en su manera de ser e invisible, sempiterno e ingénito.

Vivió infinitos siglos en magna paz y soledad. Con él vivía también Pensamiento, a quien denominan asimismo Gracia y Silencio.

Una vez, pensó este Abismo emitir de su interior un principio de todas las cosas, y esta emisión que pensaba emitir la depositó a manera de simiente en Silencio, que vivía con él, como en una matriz. Habiendo ella recibido esta simiente y resultado grávida, parió un Intelecto, semejante e igual al emitente, y único capaz de abarcar la magnitud del Padre. A este Intelecto lo llaman también Unigénito, Padre y Principio de todas las cosas. Junto con él fue emitida Verdad.

Y ésta es, según ellos, la primera y principal Tétrada pitagórica, a la que llaman, asimismo, Raíz del universo. Hay, en efecto, Abismo y Silencio, después Intelecto y Verdad.

El Unigénito, comprendiendo el motivo por el que había sido emitido, emitió a su vez a Logos y a Vida; él era el Padre de todos los seres que iban a existir después de él, y era principio y formación de todo el Pleroma. Por el "conyugio" del Logos y Vida fueron emitidos Hombre e Iglesia. Ésta es la Ogdóada primigenia, raíz y subsistencia de todas las cosas, a la que designan con cuatro nombres: Abismo, Intelecto, Logos, Hombre. Ahora bien, cada uno de ellos es andrógino, de la siguiente forma: primero el Padre Primordial estaba unido formando conyugio con su Pensamiento, a la que llaman también Gracia y Silencio; el Unigénito, es decir, el Intelecto con la Verdad; el Logos con la Vida, y el Hombre con la Iglesia.

Estos eones, emitidos para gloria del Padre, queriendo también a su propia manera glorificar al Padre, emitieron emisiones en conyugio. El Logos y la Vida, después de emitir al Hombre y a la Iglesia, emitieron a otros diez eones, cuyos nombres son los siguientes: Profundo y Mezcla, Inmarcesible y Unión, Genuino y Placer, Inmóvil y Comunión, Unigénito y Beata. Ëstos son los diez eones que, según ellos, fueron emanados por Logos y Vida. Por su parte, el Hombre, en unión con la Iglesia, emitió doce eones, a los que otorgan los nombres siguientes: Paráclito y Fe, Paternal y Esperanza, Maternal y Caridad, Intelecto Perdurable y Entendimiento, Eclesial y Beatitud, Deseado y Sabiduría.

Estos son los treinta eones de su error, mantenidos bajo silencio y no conocidos, y éste es el Pleroma que se imaginan, invisible y espiritual, dividido en tres: Ógdóada, Década y Dodécada. Y por esto dicen que el Salvador -pues no quieren llamarle Señor- no hizo nada en público durante treinta años. con lo cual puso de relieve el misterio de estos eones.

Según ellos, estos treinta eones vienen también clarísimamente indicados en la palabra de los obreros enviados a la viña: unos son enviados a la primera hora, otros a la tercera, otros a la sexta, otros a la novena, otros, finalmente, a la hora undécima. Sumadas estas horas, forman el número treinta, pues 1 + 3 + 6 + 9 + 11 = 30. Pretenden así que a través de las horas vienen indicados los eones. Y éstos son los grandes, maravillosos e indecibles misterios que ellos cosechan, aprovechando todas las veces que las Escrituras dicen algo que pueda ser adaptado y acomodado a su ficción.

Dicen que el Pre-Padre que ellos establecen es conocido únicamente por el Unigénito engendrado por él, es decir, el Intelecto, mientras permanece invisible e incomprensible para todos los demás. Sólo el Intelecto, según ellos, gozaba contemplando al Padre y se alegraba al comprender su inconmensurable magnitud.

Y discurrió comunicar al resto de los eones la grandeza del Padre, así como su poder y manera de ser y cómo era sin principio, inabarcable e incomprensible. Pero le retuvo Silencio por voluntad del Padre, porque quería conducir a todos al pensamiento y al ardiente deseo de buscar al mencionado Pre-Padre.

Y los demás eones, de modo parecido, concebían en su paz un cierto deseo de ver al que había emitido su simiente y de saber acerca de la raíz sin principio. Pero avanzó precipitadamente el último y más joven eón de la Dodécada emitido por el Hombre y por la Iglesia, es decir, Sabiduría, y experimentó una pasión sin el abrazo de su cónyuge, Deseado. Lo que había tenido su comienzo con los que estaban en torno al Intelecto y la Verdad, se concretó en esta descarriada, en apariencia por causa de amor, pero de hecho por audacia, porque no tenía comunidad con el padre perfecto, como la tenía el Intelecto. La pasión -dicen- era búsqueda del Padre, pues quería comprender su grandeza. Puesto que no podía, por haberse lanzado a una empresa imposible, se debatía en una lucha terrible a causa de la grandeza del Abismo y de la inescrutabilidad del Padre, y del amor hacia él. Tendía a ir siempre más allá bajo el influjo de la dulzura de aquél, y al fin habría quedado absorbida y disuelta en la substancia universal de no haber topado con la fuerza que consolida y conserva a los eones fuera de la inefable grandeza. A esta fuerza la llaman también Límite. Por ella fue retenida y consolidada y, apenas convertida a sí misma, reconociendo que el Padre es incomprensible, abandonó su primera intención junto con la pasión que el sobrevino por aquella desconcertante maravilla.

Algunos de ellos narran el mito de la pasión y la conversión de Sabiduría del modo siguiente: al haberse ésta lanzado a una empresa imposible e incomprensible, parió una substancia amorfa, una naturaleza tal como correspondía parir a una hembra. Al ver cómo era, se apenó primero a causa de lo imperfecto de la generación, luego temió por su propia extinción. Seguidamente se conmovió y se llenó de ncertidumbre, buscando la causa de lo sucedido y de qué manera podría ocultar el ser engendrado. Hundida en estas pasiones, asumió la idea de convertirse e intentó remontarse al Padre, pero después de atreverse por un cierto tiempo se fatigó y se hizo suplicante de Aquél. Con ella suplicaron también los demás eones, principalmente el Intelecto.

De aquí -dicen- recibe su primer origen la substancia de la materia: de la ignorancia, de la tristeza, del temor y del estupor.

A consecuencia de estos hechos, el Padre, por medio del Unigénito, emitió al mencionado Límite a su propia imagen, sin cónyuge, sin elemento hembra. Es de saber que presentan al Padre a veces como cónyuge de Silencio, a veces como superando la condición de macho y hembra. A este Límite le denominan también Cruz, Redentor, Emancipador, Limitador, Reintegrador.

Gracias a este Límite, dicen, fue Sabiduría purificada, consolidada y restablecida en su conyugio. Al separarse de ella la intención junto con la pasión añadida pudo permanecer dentro del Pleroma, mientras que su intención, junto con la pasión, fue expulsada por el Límite, crucificada y dejada fuera de él. Era la intención, ciertamente, una substancia espiritual, puesto que poseía una especie de impulso natural de eón, pero amorfa y sin figura, pues no comprendía nada. Por esto la llaman fruto débil y femenino.

Después de ser expulsada fuera del Pleroma de los eones, y después de que su Madre fuera restablecida en su propio conyugio, el Unigénito emitió todavía otro conyugio, según la previsión del Padre en orden a que nada semejante a lo sufrido por ella le aconteciera a ninguno de los eones. Esta pareja fueron Cristo y el Espíritu Santo, para fijación y consolidación del Pleroma; por ellos quedó restablecido el orden entre los eones.

Cristo le senseñó la naturaleza del conyugio, ya que eran capaces de acceder a la comprensión del Ingénito y anunció entre ellos el conocimiento del Padre, a saber, que es inabarcable e incomprensible, que no se le puede ver ni oír, sino solamente a través del Unigénito, y que la causa de la eterna permanencia de los eones reside en lo incomprensible del Padre, mientras la causa de su generación y su formación depende de lo que en él hay de comprensible, esto es, el Hijo. Y esto es lo que Cristo, acabado de emitir, obró en ellos.

Por su parte, el Espíritu Santo, una vez hechos iguales todos, les enseñó a practicar la eucaristía e introdujo el verdadero reposo. De esta manera, dicen, los eones fueron establecidos iguales en forma y juicio, hechos todos Intelectos y todos Logos, todos Hombres y todos Cristos; e igualmente las hembras pasaron a ser todas Verdades, todas Vidas, todas Espíritus e Iglesias. Cuando todos los eones hubieron quedado consolidados de esta guisa y alcanzado el reposo, al fin, con gran gozo -dice- cantaron himnos al Pre-Padre, henchidos de gran alegría.

Y a causa de este beneficio, con una voluntad y una intención, con el consentimiento del Cristo y del Espíritu Santo, todo el Pleroma de los eones, con la ratificación de su Padre, aportó y puso en común lo que cada uno de los eones tenía de más bello y floreciente, disponiéndolo armónicamente y reuniéndolo con cuidado; y emitieron una emisión para honor y gloria del Abismo, el ser de hermosura más perfecta, el astro del Pleroma, un fruto perfecto; Jesús, al que llaman también Salvador, Cristo y Logos, de acuerdo con los nombres patronímicos, y también Todo, porque proviene de todos. Como lanceros en su honor fueron emitidos simultáneamente ángeles de su mismo género.

(...)

Todo esto, dicen, no aparece anunciado abiertamente, porque no todos son capaces de conocer estos acontecimientos, pero fue revelado de manera misteriosa por el Salvador, a través de parábolas, a los que eran capaces de comprender. Así, por ejemplo, los treinta eones, como ya hemos dicho, vienen revelados por los treinta años durante los cuales dicen que nada hizo en público el Salvador y también por la parábola de la viña. Dicen que Pablo asimismo menciona muchas veces y abiertamente a estos eones, preservando incluso su orden cuando dice: "Por todas las generaciones de los eones en el eón". Pero también nosotros, cuando en la Eucaristía decimos "por los eones de los eones", nos referimos, según ellos, a aquellos eones precisamente. Y dondequiera que aparezcan mencionados un eón o unos eones, sostienen que se trata de una referencia a aquéllos.

La emisión de la Dodécada de los eones viene revelada -dicen- por el diálogo del Señor con los maestros de la Ley, cuando tenía doce años, y por la elección de los apóstoles, puesto que son doce. Los restantes dieciocho eones vienen manifestados por los dieciocho meses durante los cuales, después de la resurrección, permaneció hablando con sus discípulos; y también por las dos primeras letras de su nombre, la iota y la eta, se revelan claramente los dieciocho eones. Igualmente, los diez eones vienen significados por la primera letra de su nombre. De aquí que, según ellos, dijera el Salvador: "No perecerá ni una iota ni una tilde hasta que todo se cumpla".

La pasión que afectó al duodécimo eón viene significada -dicen- por la apostasía de Judas, que era el duodécimo de los apóstoles, y también porque padeció el Salvador en el mes duodécimo; pues sostienen que después del bautismo predicó durante un año.

(...)

A continuación se refieren a su Límite, al que denominan con otros muchos nombres, afirmando que tiene dos actos: el de consolidar y el de dividir. En cuanto consolida y da firmeza, es cruz; pero en cuanto divida y delimita, es Límite. Dicen que el Salvador reveló los actos del Límite de la siguiente manera: primero, el de consolidar, cuando dijo: "el que no lleva su cruz y me sigue, no puede llegar a ser discípulo mío", y además: "cargando su propia cruz, sígame"; y luego, el acto suyo de dividir, cuando exclamó: "No vine a traer paz, sino espada". Y Juan había significado esto mismo al decir: "El bieldo en su mano, y purificará la era, y congregará el trigo en su propio granero; pero la paja la quemará con fuego inextinguible". Y por este medio indicó el acto del Límite. Aquel bieldo, interpretan, es la cruz, que abrasa también todo lo material, como el fuego a la paja, y purifica a cuantos se salvan, como el bieldo al trigo. Y el mismo apóstol Pablo rememora esta cruz -dicen- al escribir: "Porque la palabra de la cruz es necedad para los que perecen, mas para los que se salvan, para nosotros, potencia de Dios". Y todavía: "Dios me libre de gloriarme en otra cosa sino en la cruz de Jesús, mediante el cual el mundo me está crucificado, y yo al mundo".

(...)

Los sucesos que describen fuera del Pleroma son los siguientes: la Intención . a la que, asimismo, llaman Achamot- de la Sabiduría superior, una vez apartada del Pleroma, entró en ebullición por necesidad en regiones de sombra y de vacío, porque salió de la luz y del Pleroma, informe y sin figura, a manera de aborto, por no haber comprendido nada. El Cristo de arriba se apiadó de ella, se extendió a través de la cruz y con su propia potencia le dio forma, la que es según la substancia solamente, no la que es según el conocimiento. Y una vez realizado esto, se remontó de nuevo, sustrayendo su potencia, y la abandonó, a fin de que, tomando conciencia ella de la pasión que la rodeaba a causa de su detierro del Pleroma, apeteciera las cosas de arriba, gracias al aroma de incorrupción que le dejaron el Cristo y el Espíritu Santo. Por esto se la designa con dos nombres: Sabiduría, del nombre del Padre -puesto que su padre es Sabiduría- y Espíritu Santo, del espíritu que está con Cristo.

Una vez formada y capaz de entender, pero al mismo tiempo vaciada del Logos invisible que estaba con ella, es decir, del Cristo, se lanzó a la búsqueda de la luz que la había abandonado, pero no pudo alcanzarla a causa del impedimento del Límite. Y entonces, el Límite, al impedirle avanzar más, dijo: Iaó. I de aquí dicen que proviene el nombre de Iaó.

Al no poder rebasar el Límite, por estar entrelazada con la pasión, y al quedar abandonada sola en el exterior, cayó en toda clase de pasión multiforme y variada. Padeció tristeza, porque no había comprendido; temor de perder la vida como había perdido la luz; y además, perplejidad. Todo esto lo sufrió en ignorancia. Y no le acaeció, como a su madre, la primera Sabiduría y eón, sufrir alteración con estas pasiones, sino contrariedad. Mas le sobrevino también una disposición distinta, la conversión al dador de vida.

Tal fue, según enseñan, la constitución en su substancia de la materia, de la que provino este mundo. En la conversión tiene su origen toda el alma del mundo y la del Demiurgo, las demás cosas recibieron su principio del temor y de la tristeza. De las lágrimas de aquélla provino toda la substancia húmeda, de su risa la substancia luminosa, de la tristeza y el estupor los elementos corporales del mundo. Pues a veces lloraba y se acongojaba, según dice, por haber sido abandonada sola en la oscuridad y en el vacío, a veces daba en pensar en la luz que la había abandonado y entonces cobraba ánimos y reía, para volver luegp a sus temores y quedar de nuevo sumida en consternación y estupor.

¿Qué sucede aquí? Gran espectáculo nos ofrecen estos hombres intentando explicar cada cual a su guisa de qué pasión y de qué elementos procede la substancia. Creo que hacen bien en no querer enseñar tales cosas abiertamente a todo el mundo, reservándolas para los que pueden pagar sustanciosos honorarios por tales misterios. Pues todo esto no se asemeja a aquello acerca de lo que nuestro Señor dijo: "Habéis recibido gratuitamente, ded gratuitamente". Antes bien, se trata de temas abstrusísimos, prodigiosos y profundos, cuyo descubrimiento ha costado grandes sudores a estos embusteros. ¿Quién no gastaría toda su fortuna para enterarse de que de las lágrimas de la Intención del eón doliente procedieron los mares, las fuentes y toda la sustancia húmeda? ¿Y que de su risa viene la luz y de su estupor y angustia provienen los elementos corporales del mundo?

San Ireneo de Lyón. Contra las herejías. Libro I.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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