irichc     Fecha  14/07/2003 01:20 
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Volver al foro Responder San Isidoro de Sevilla. Noticia sobre el naciente Islam.   Admin: Borrar 	mensaje
 
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Vuelvo a estar contigo. Hace unas semanas llegó a Hispalis un embajador sasánida, hombre muy culto. Parece ser que más allá de la lejana Arabia Petraea ha surgido una especie de formidable santón, llamado Muhámmad, hijo de un tal Abdul'lah bnu Abd-il-Muttálib, grande de la tribu Quraix, la principal tribu de la importante ciudad de la Meca, que mediante numerosas batallas (el erudito embajador sasánida me nombró las principales: las de Bard, Uhud, Hunain, Aljandaq, Alfath y Tabuk), este santón que vive actualmente en la ciudad de Yatreb, ha unificado las diversas tribus arábigas; con lo que ha creado una poderosa y peligrosísima nación. Parece ser también que incluso escribió una carta al sasánida Cosroes invitándole a la adopción de la religión de que él es inventor, que se llama Islam. Naturalmente el desgraciado Cosroes rompió la carta de este alucinado del desierto. También ha escrito cartas iguales a Heraclio, el emperador de Constantinopla; a Yarih bnu Matta, gobernador de Egipto; y finalmente a Negus de Abisinia, quien parece ser el primer monarca que ha abrazado la nueva religión.

Estos sucesos me dan miedo. Esta nueva religión me preocupa, y nos debe preocupar a todos los buenos discípulos de Nuestro Señor Jesucristo. Tiene una fuerza increíblemente embriagadora y arrebatadora; o si no, observa estas máximas del tal Muhámmad, que en su idioma parecen llamarse hadices. Observa: "Instruirse en la juventud es grabar sobre la piedra". "Buscad la ciencia, aunque debáis ir a la China para encontrarla". "Buscad la ciencia desde la cuna hasta la tumba". "Por cierto que la tinta de los sabios es más preciosa que la sangre de los mártires". "Recibe la sabiduría sin preocuparte por el recipiente que la contiene". "A quien se dirige por el camino del estudio, Dios le conduce por el camino del Paraíso. "Asistir a las lecciones de un sabio es más meritorio que hacer mil genuflexiones, que visitar mil enfermos, que seguir mil entierros". "Haz polvo bajo los pies de tu madre; porque el Paraíso estará donde ella pise". "El Paraíso está bajo los pies de las madres". "Haz por este mundo como si debieras vivir siempre y por el otro como si debieras morir mañana". "Todos los hombres son iguales, como los dientes del peine del tejedor; no hay superioridad del blanco sobre el negro ni del árabe sobre el no árabe". "La mano de Dios está con la multitud". "Amaos los unos a los otros en el nombre de Dios". "Venerad a buestros padres y os venerarán vuestros hijos". "Trata bien a tu vecino y será un verdadero creyente". "La verdadera religión es el mejor trato". "Una hora de justicia es preferible a setenta años de adoración". "El hombre es hermano del hombre, quiera o no quiera". "Di la verdad aunque sea amarga". "Di la verdad, aun contra ti mismo". "Jamás habrá superioridad del árabe sobre el no árabe, o a la inversa, ni del blanco sobre el negro, o inversamente, sino por la piedad"...

¿Qué me dices, amadísimo hermano? La energía libertadora de estas máximas pueden hacer que su religión se expanda fatalmente como una mancha de aceite. Es una necesidad imperiosa que Muhámmad se convierta a la fe de Cristo. Y es inquietante observar que cuando un gran invasor hereje empieza a movilizarse en el sur, los dos grandes imperios orientales -Bizancio y Persia- se encuentran exhaustos, con sus territorios asolados, su potencial humano disminuido y sus riquezas agotadas, formando un vacío siniestro que si Dios no lo impide ocuparán los salvajes seguidores de Muhámmad. Las guerras inútiles entre Bizancio y Persia por la Santa Cruz (como sabes, Braulio hijo, la Santa Cruz ya ha sido devuelta a la Ciudad Santa hace dos primaveras) han aniquilado el flanco oriental de nuestra civilización grecolatina, y ahora estamos desguarnecidos, a merced de las feroces y paganas tribus del desierto. Mientras tanto, nuestros generales se adormecen en la ociosidad y en la ignorancia; colmados de riquezas y de honores, prefieren el bullicio y la lujuria de las fiestas a las fatigas de la guerra. Hay que luchar contra esta nueva superstición religiosa. Este fanatismo inhumano, mucho más cruel que el Yahveh judío y más irracional que el más ortodoxo cristianismo paulino sólo puede llenar el mundo de barbarie y desolación. La crueldad de las hordas mahometanas puede acabar con nuestra civilización judeocristiana. Y la única arma de que disponemos para luchar contra todo tipo de crueldad es la cultura, la quintaesencia de una civilización. La crueldad, si no revela claros estados patológicos, nos muestra un alma muy primaria, muy fanatizada, aún muy animalizada (aunque los animales no son crueles por no ser fanáticos). Desde una pura postura, la crueldad del carácter que sea, debe ser puesta a raya por las fuerzas de la cultura, creadora de ciudadanos. En verdad, la civilización es sólo el triunfo de las cosas nobles, de las cosas que no son inmediatamente necesarias, sobre las cosas imprescindibles. Todo el progreso humano se basa en la creación de artificios que nos permitan, no vivir sin trabajar, pero sí trabajar para crear cosas que no sean estrictamente necesarias para vivir como meros animales.

Mucho cuidado con el terror fanático y sanguinario del Islam, o el mundo puede volver a la barbarie preclásica. El bárbaro mahometano del desierto presupone con el empleo de su brutalidad asesina que su contundencia bélica será mucho mayor que la de las naciones civilizadas. Su morbosa conciencia se equivoca por completo. Las naciones civilizadas (cristianas) serán mucho más contundentes que estos bárbaros mahometanos, militarmente hablando, porque tienen mucho más que perder. Heródoto decía que los griegos vencieron al innumerable ejército persa, porque si salían derrotados también perdían la libertad. Pero los persas, tanto victoriosos como derrotados, seguirían siendo esclavos del Rey. Por eso la contundencia bélica empleada por Milcíades y Temístocles fue inmensamente mayor que la de los degenerados generales persas. Una teocracia, como la musulmana, que liquida la civilización grecolatina y su "logos", debe desaparecer cuanto antes en nombre del decoro humano.

San Isidoro de Sevilla. Correspondencia con San Braulio.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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