irichc     Fecha  14/07/2003 01:15 
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Volver al foro Responder San Isidoro de Sevilla. Secularización del cristianismo.   Admin: Borrar 	mensaje
 
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La Historia de la corrupción y perversión del Cristianismo en Hispania comienza hace ya trescientos años. Acilius Severus, que fue praeses de la Tarraconense y que continuó su carrera ascendente siendo vicario de Italia el Año de Nuestro Señor Jesucristo CCCXVIII, cónsul en el CCCXXIII y prefecto de Roma en el CCCXXV, fue el primer cristiano al que se nombró cónsul ordinario y prefecto de Roma. Su meteórica carrera guarda relación con la prostitución que hizo con sus ideas cristianas, que tenían una gran significación política frente a la aristocracia romana pagana, mucho menos hipócrita. Acilius Severus fue el primero que utilizó los ideales cristianos, pervirtiéndoles previamente, para frenar los deseos y anhelos de justicia de los hermanos más pobres y necesitados, para santificar la propiedad privada y para justificar y acreditar la abominable desigualdad que reina en este Mundo.

El notario Paulus fue el primer cristiano hispánico que se convirtió de forma vesánica en un cruel y despiadado perseguidor de los hermanos paganos. Sus persecuciones hacen que sean juegos de niños las que llevaron a cabo Domiciano, Decio y Diocleciano contra los discípulos de Cristo. Por su habilidad en torturar y atormentar las carnes a los sospechosos paganos, se le dio el cognomen de Catena. Debido a su morbosa pericia y constancia, se le encargó de localizar a los partidarios de Majencio, a los que desolló y despellejó vivos; luego intervino en los procesos posteriores a la ejecución de Galo y, más tarde, con sus habilidades probadas de torturador ducho trató de sacar a la luz a los partidarios de Silvano.

Con Teodosio la corrupción y putrefacción se extienden por toda la sangre del cuerpo del cristianismo hispano. Su esposa Flacila colocaba en el poder a los miembros de su familia, muy piadosos todos, más que Eneas, envenenando previamente a los que estaban en él. No obstante su sabiduría excelsa de famoso veneficiis mulier, fue una gran protectora de los obispos y presbíteros hispanos, a los que su pietas regaló grandes sumas de dinero, oceánicas fortunas. Materno Cinegio, el mayor simoniaco del que yo tenga noticia, fue comes sacrarum largitionum en los años de Nuestro Señor Jesucristo que van del CCCLXXXI al CCCLXXXIII. Al cesar en este cargo pasó a ser quaestor sacri palatii, y luego, hasta su muerte, prefecto del pretorio de Oriente. Su esposa Acantia trasladó a Hispania sus restos, que en el Año de Nuestro Señor Jesucristo de CCCLXXXVIII habían sido enterrados en la Iglesia de los Santos Apóstoles con la mayor pompa y solemnidad.

Flavio Euquerio, el tío salvaje de Teodosio I, Flavio Siagrio, hermano y amante de la emperatriz Flacila, Asturio, suegro del anterior. Leocadio, primicerius domesticorum, que gastó un millón de soldi para construirse su propio sarcófago o comedor de carne en Barcelona, Honorio, el hermano bastardo de Teodosio, el poeta Juvenco, Melania la Vieja y otros a los que me da asco y grima pronunciar sus nobles nombres, todos ellos cristianos poderosos, son los ejemplos más sobresalientes de feroces y desalmados perseguidores de hombres, hermanos nuestros, que se obstinaban en no conocer la Palabra de Cristo a consecuencia de los perversos ejemplos de que daban constancia con sus actos impuros los cristianos poderosos de esta Hispania nuestra. Todos ellos son responsables del tránsito moral que va de los principios de la vida de fe del cristianismo a lo práctico de la cobardía útil. Lo práctico es siempre un subterfugio con el que se intenta legitimar la traición a los principios morales que estableciese Nuestro Señor Jesucristo. Han convertido el cristianismo en una gigantesca liturgia que con su masa inercial de minucias escrupulosas, rito y rituelos lleva a los fieles por un camino en donde los principios están escritos en un vocabulario completamente degradado por falta de práctica. Han convertido el cristianismo en un código huero gracias al que se reconocen mutuamente los súbditos de un Estado hiperterrenal. Pero hay que decir que existió un pasado político romano no absolutista, así como un período cristiano no sacerdotalista. Ahora bien, la República romana y el Evangelismo sencillo debieron desaparecer tras la colosal bambalina del Sacerdocio y el Imperio. ¡Pero allá los que besan las cadenas y se arrodillan mentalmente ante príncipes absolutos y tiranos religiosos!

San Isidoro de Sevilla. Correspondencia con San Braulio.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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