irichc     Fecha  22/11/2003 04:39 
Host: 62.57.124.228    IP: 62.57.124.228    Sistema: Windows XP


Volver al foro Responder Santa Catalina de Siena. El valor de la penitencia.   Admin: Borrar 	mensaje
 
Mensaje
RECAPITULACIÓN Y PROMESA DE MISERICORDIA.

Has visto que yo, la Verdad, te he enseñado la doctrina para adquirir y conservar la gran perfección, y hasta te he explicado en qué modo se satisface por la culpa y la pena, en ti y en el prójimo, al hablarte de los sufrimientos que la criatura soporta mientras se halla en cuerpo mortal; que no son suficientes por sí solos para satisfacer por la culpa y por la pena si es que el alma no se halla unida con el afecto de la caridad y con aborrecimiento del pecado.

Sin embargo, el sufrimiento la satisface cuando está unida con la caridad; no en virtud de sufrimiento temporal alguno, sino en virtud de la caridad y dolor del pecado cometido. Esta caridad es adquirida con la luz de la inteligencia, con corazón puro y generoso, en atención a mí, que soy la caridad misma.

Todo esto te lo he dicho porque me pedías sufrimientos. También a fin de que tú y mis servidores sepáis en qué medida y cómo me debéis hacer el sacrificio de vosotros mismos a mí. Hablo del sacrificio temporal y espiritual a la vez, como el vaso con el agua que se ofrece al señor; porque el agua no se podría ofrecer sola, y no le agradaría el vaso si no iba con el agua. Por eso os digo que debéis ofrecerme el vaso de los muchos padecimientos temporales tal como yo los envié, sin elegir vosotros ni el lugar ni el tiempo; ni sufrir a vuestro modo, sino al mío. El vaso debe estar lleno, es decir, soportándolos todos con afecto de amor y verdadera paciencia, sufriendo y aguantando los defectos de vuestro prójimo, pero con odio y aborrecimiento del pecado.

Entonces, las penalidades que tenéis puestas en el vaso se encontrarán llenas del agua de mi gracia, la cual da vida al alma. Recibiré el presente de mis dulces esposas, o sea, de toda alma que me sirva; recibiré, digo, sus angustiados deseos de lágrimas y suspiros, sus humildes y continuadas oraciones, cosas que, por el amor que tengo a esas esposas, son instrumento para aplacar mi ira contra mis enemigos, los malvados hombres del mundo, que tanto me ofenden.

Sufrid, pues, esforzadamente hasta la muerte, y esto será la señal de que me amáis de veras. No debéis volver la mirada atrás ni por temor a criatura ni por las tribulaciones, antes bien alegraos en ellas. El mundo se alegra injuriándome, y vosotros os entristecéis al ver las injurias que me hacen; ofendiéndome, os ofenden, y cuando os ofenden a vosotros, me ofenden a mí, porque me he hecho uno con vosotros.

Bien ves que, habiéndoos dado mi imagen y semejanza y habiendo vosotros perdido la gracia por el pecado, para devolveros la vida de la gracia uní a vosotros mi naturaleza, cubriéndola con el velo de vuestra humanidad. Siendo vosotros mi imagen, tomé la vuestra al tomar forma humana. De modo que soy uno con vosotros si el alma no se aparta de mí por la culpa del pecado mortal, pues quien me ama está en mí, y yo en él. El mundo os persigue porque no tiene semejanza conmigo, y por eso persiguió a mi Hijo unigénito hasta la afrentosa muerte de la cruz; y lo mismo hace con vosotros. Os persigue y perseguirá hasta la muerte, porque no me ama. Si el mundo me ama, os amaría a vosotros. Pero alegraos, porque vuestra alegría será completa en el cielo.

Más te digo: que cuanto más abunden ahora las tribulaciones en el cuerpo místico de la santa Iglesia, tanto más abundará en ella la dulzura y el consuelo. La dulzura consistirá en esto: en la reforma de los santos y buenos pastores, que son flores de gloria, es decir, que dan gloria y alaban mi nombre ofreciéndome los perfumes de la virtud fundada en la verdad. Esta es la reforma de las perfumadas flores de mis ministros y pastores. No es que haya necesidad de reformar los frutos de esta Esposa, ya que nunca disminuyen ni se echan a perder por los defectos de los ministros. Por eso, dentrode la amargura, alegraos tú, el Padre de tu alma y los demás servidores míos, pues yo, Verdad eterna, he prometido daros alivio; después de la amargura y de muchos sufrimientos, os daré consuelo en la reforma de la Iglesia.

Santa Catalina de Siena. El Diálogo.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

Respuestas (0)
 


Volver Responder
 
Nombre
E-Mail
Asunto
Web
Enlace a una
imagen

Mensaje