irichc     Fecha  17/06/2002 16:50 
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Volver al foro Responder Schopenhauer y las mujeres   Admin: Borrar 	mensaje
 
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"Lo que hace a las mujeres particularmente aptas para cuidarnos y educarnos en la primera infancia, es que ellas mismas continúan siendo pueriles, fútiles y limitadas de inteligencia. Durante toda su vida son niños grandes, una especie de intermedio entre el niño y el hombre. [...]" (p. 59)

"En las jóvenes solteras la Naturaleza parece haber querido hacer lo que en estilo dramático se llama un efecto teatral. Durante algunos años las engalana con una belleza, una gracia y una perfección extraordinarias, a expensas de todo el resto de su vida, a fin de que, durante esos rápidos años de esplendor, puedan apoderarse fuertemente de la imaginación de un hombre y arrastrarle a cargar legalmente con ellas de cualquier modo. La pura reflexión y la razón no daban suficiente garantía para triunfar en esta empresa. Por eso la Naturaleza ha dotado a la mujer, como a cualquier otra criatura, de las armas y los instrumentos necesarios para asegurar su existencia, y sólo durante el tiempo preciso, porque en esto la Naturaleza obra con su habitual economía. Así como la hormiga hembra, después de unirse con el macho, pierde las alas, que le serían inútiles y hasta peligrosas para el período de la incubación, así también, la mayoría de las veces, después de dos o tres partos, la mujer pierde su belleza." (pp. 59-60)

"No ven más que lo que tienen delante de los ojos, se fijan sólo en el presente, toman las apariencias por la realidad y prefieren las fruslerías a las cosas más importantes. [...]" (p. 61)

"[La mujer padece] miopía intelectual, que, por una especie de intuición, le permite ver de un modo penetrante las cosas próximas; pero su horizonte es muy pequeño y se le escapan las cosas lejanas. De ahí viene el que todo cuanto no es inmediato, o sea lo pasado y lo venidero, obre más débilmente sobre la mujer que sobre nosotros. [...]" (p. 61)

"En el fondo de su corazón, las mujeres imaginan que los hombres han venido al mundo para ganar dinero y las mujeres para gastarlo. [...]" (p. 61)

"[Las mujeres] tienen una manera de concebir las cosas enteramente diferente de la nuestra. Van derechas al fin por el camino más corto, porque, en general, sus miradas se detienen en lo que está a su alcance. [...]" (p. 62)

"[...] las mujeres tienen positivamente un juicio más aplomado, y no ven en las cosas nada más que lo que hay en ellas en realidad, al paso que nosotros, por influjo de nuestras pasiones excitadas, amplificamos los objetos y nos fingimos quimeras." (p. 62)

"[...] al negarles la fuerza, la Naturaleza les ha dado como patrimonio la astucia para proteger su debilidad, y de ahí su falacia habitual y su invencible tendencia al embuste. El león tiene dientes y garras, el elefante y el jabalí colmillos de defensa, cuernos el toro, la jibia tiene su tinta con que enturbiar el agua en torno a sí; la naturaleza no ha dado a la mujer más que el disimulo para defenderse y protegerse. Esta facultad suple a la fuerza que el hombre toma del vigor de sus miembros y de su razón. El disimulo es innato en la mujer, lo mismo en la más aguda que en la más porte. [... Esto es lo que] hace que sea casi imposible encontrar una mujer absolutamente verídica y sincera. Por eso precisamente es por lo que con tanta facilidad comprenden el disimulo ajeno, y por lo que no es fácil usarlo con ella." (p. 63)

"La moral secreta, inconfesa y hasta inconsciente, pero innata, de las mujeres consiste en esto: «Tenemos fundado derecho a engañar a quienes se imaginan que, proveyendo económicamente a nuestra subsistencia, pueden confiscar en provecho suyo los derechos de la especie. A nosotras es a quienes se nos han confiado; en nosotras descansa la constitución y salud de la especie, la creación de la generación futura; a nosotras nos incumbe trabajar para ello con toda conciencia.»" (p. 64)

"Como las mujeres únicamente han sido creadas para la propagación de la especie, y toda su vocación se concentra en ese punto, viven más para la especie que para los individuos, y toman más a pecho los intereses de la especie que los intereses de los individuos. Esto es lo que da a todo su ser y a su conducta cierta ligereza y miras opuestas a las del hombre. [...]" (p. 65)

"La posición social que ocupa un hombre depende de mil consideraciones; para las mujeres, una sola circunstancia decide su posición: el hombre a quien han sabido agradar. [...]" (p. 66)

"Las mujeres no tienen el sentimiento ni la inteligencia de la música, así como tampoco de la poesía y las artes plásticas. En ellas todo es pura imitación, puro pretexto, pura afectación explotada por su deseo de agradar. Son incapaces de tomar parte con desinterés en nada, sea lo que fuere, [... El] interés que parecen tomarse por las cosas exteriores siempre es un fingimiento, un rodeo, es decir, pura coquetería y pura monada." (pp. 66-67)

"Pero, ¿qué puede esperarse de las mujeres, si se reflexiona que en el mundo entero no ha podido producir este sexo un solo genio verdaderamente grande, ni una obra completa y original en las bellas artes, ni un solo trabajo de valor duradero, sea lo que fuere? (p. 67)

"[...] No pueden salir de sí mismas. [...]" (p. 67)

"Gracias a nuestra organización social, absurda en el mayor grado, que les hace participar del título y la situación del hombre, [...]." (p. 68)

"Esto es lo que han pensado en todo tiempo los antiguos y los pueblos de Oriente, que se daban mejor cuenta del papel que conviene a las mujeres que nosotros con nuestra galantería a la antigua moda francesa y nuestra estúpida veneración, que es el despliegue más completo de la necedad germanocristiana. Esto no ha servido más que para hacerlas tan arrogantes y tan impertinentes. [...]" (p. 69)

"La mujer de Occidente, lo que se llama la «señora», se encuentra en una posición enteramente falsa. [...]" (p. 69)

"Es inútil disputar acerca de la poligamia, puesto que de hecho existe en todas partes y sólo se trata de organizarla." (p. 73)

"Si todo hombre tiene necesidad de varias mujeres, justo es que sea libre y hasta que se le obligue a cargar con varias mujeres. Estas quedarán de ese modo reducidas a su verdadero papel, que es el de un ser subordinado, y se verá desaparecer de este modo la «dama», ese monstruo de la civilización europea y de la estolidez germanocristiana, con sus ridículas pretensiones al respeto y al honor. [...]" (p. 73)

"Es evidente que, por naturaleza, la mujer está destinada a obedecer, y prueba de ello es que la que está colocada en ese estado de independencia absoluta, contrario a su naturaleza, se enreda en seguida, no importa con qué hombre, por quien se deja dirigir y dominar, porque necesita un amo. Si es joven, toma un amante; si es vieja, un confesor." (p. 74)

"[...] En la vida de las mujeres, las relaciones sexuales son el gran negocio. El honor consiste para una joven soltera en la confianza que inspire su inocencia, y para una mujer casada, en la fidelidad que tenga a su marido." (p. 74)

"Por eso marchan como una sola mujer, en apretadas filas, al encuentro del ejército de los hombres, quienes, gracias al predominio físico e intelectual, poseen todos los bienes terrenales. El hombre: he ahí el enemigo común que se trata de vencer y conquistar, a fin de llegar con esta victoria a poseer los bienes de la tierra." (p. 75)

"Una joven soltera que ha caído, se ha hecho culpable de traición hacia todo su sexo, porque si ese acto se generalizase, quedaría comprometido el interés común. La expulsan de la comunidad, se la cubre de vergüenza, y de ese modo se entera de que ha perdido su honor. Toda mujer debe huir de ella como de una apestada. La misma suerte espera a la mujer adúltera, porque ha faltado a una de las cláusulas de la capitulación consentida por el marido. Su ejemplo es de tal naturaleza, que retraería a los hombres de firmar semejante tratado, y de éste depende la salud de todas las mujeres." (pp. 75-76)

"Viendo con claridad las cosas, reconócese, pues, que el principio del honor de las mujeres es un «espíritu de cuerpo» útil, indispensable, pero bien calculado y fundado en el interés. [...]" (p. 76)

Schopenhauer. Aforismos.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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