irichc     Fecha  17/05/2003 02:17 
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Volver al foro Responder Servet contra Calvino: unitarismo antitrinitario   Admin: Borrar 	mensaje
 
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Sigue la disputa sobre la Trinidad, mil doscientos años después de su primera formulación en el Concilio de Nicea (325). La oposición de Servet al dogma le enfrentará por igual a la Iglesia católica y a la reformada, encontrando su vida desdichado término en la hoguera de la inquisición calvinista.

Dedico el post al amigo cohen, tipo quemado donde los haya.

Daniel.

* * *

(La forma humana del Verbo)

Dices que admites ese Hijo incorpóreo e invisible realmente distinto del Padre y como un rayo de luz separado por Pablo, quien afirma que Cristo fue engendrado "de la semilla de David según la carne" (Rom. 1). De lo cual infieres tú igualmente: así como Cristo es llamado hijo de David por su naturaleza humana, del mismo modo es Hijo de Dios por su naturaleza divina. Inferencia recta, desde luego. Pero también puedo yo sacar esta conclusión por igual procedimiento: así como la naturaleza humana misma no es llamada hijo, del mismo modo la naturaleza divina misma tampoco deberá ser llamada hijo. Ya ves cómo tu argumento se vuelve contra ti. De lo contrario, nos habrás dado tres hijos: para ti será hijo la naturaleza humana, y será hijo la divina, y lo será todo el Cristo mismo.

Si prosigues la comparación de Pablo, "kata sarka" y "kata pneuma", dirás que es hijo de David "según la carne" e Hijo de Dios "según el espíritu". Pero ahí no se le llama hijo al espíritu de Cristo; sólo se dice que este hombre es declarado hijo por el espíritu. De una distinción semejante se vale Pedro: "Fue mortificado Cristo en la carne, vivificado en el espíritu". Al espíritu de Cristo no le llama hijo. También en 2 Cor. 13: "El crucificado en debilidad vive por fortaleza de Dios". Pero esta fortaleza consta ahí que no es hijo. En estos lugares toda la divinidad del Cristo es llamada espíritu, pero no hijo.

Ingenuamente te confieso, pues, que Cristo mismo es hijo de David por razón de su naturaleza humana, pero que la naturaleza humana misma no lo es. Y que por razón de la naturaleza divina es hijo de Dios, pero que la naturaleza divina misma no lo es. Tú eres hijo de tu padre y tu madre, pero lo que tienes de tu padre no es separadamente hijo, ni lo que tienes de tu madre, aunque tú seas hijo suyo por razón de ello. Por el alma eres hombre, pero el alma misma no es llamada por sí hombre. Por la deidad es Cristo hijo de Dios, pero la deidad no es hijo de Dios. Por él nos es dado el espíritu que nos hace hijos, pero ese espíritu no es hijo. Si, por ejemplo, viendo un alma separada y una razón esencial, dices que es un hombre, del mismo modo concederás que la Palabra es hijo; pero no por eso, propiamente hablando, dirás que hay dos hombres en uno, o dos hijos.

Muéstrame un solo lugar en que se diga que Dios es padre de la deidad del Cristo, como lo es del Cristo. Admitirás que Cristo es nombre de un hombre, luego Dios padre del Cristo es padre del hombre, Dios engendrador del hombre. Nació un hombre natural, un hombre hijo natural; el hombre naturalmente engendrado es naturalmente hijo. Si aquel mismo Dios y padre mío es vuestro Dios y padre, el Dios del hombre es el padre del hombre (Jn. 20). Hay en el Cristo una doble naturaleza, divina y humana, pero ninguna de ellas es hijo, sino el que consta de ambas, el Cristo hijo unigénito, hijo de padre y madre, único hijo.

Podría ponerte otros ejemplos, como que la deidad prevalece en todas las cosas. Por la deidad es esto piedra, aquello oro y esto hierro; pero no sólo la deidad, sino al todo llamamos propiamente piedra, oro y hierro. Muéstrame, si puedes, que esa deidad que está en Cristo sea llamada Hijo alguna vez. No está en Cristo una porción de esa Trinidad que tú dices, sino toda la plenitud de la deidad. Por lo tanto, no hay en él hijo alguno, sino que él mismo es el hijo. No hay un solo lugar de las Escrituras en que se hable de un hijo sin hombre. ¿Por qué, pues, construís un hijo sin hombre?

Estáis en un gran error, cuya causa te diré en pocas palabras, si quieres escucharme. Leyendo que "Cristo estaba junto a Dios", y oyendo que se le atribuye generación divina, los sofistas metafísicos se vieron obligados a imaginar este otro Hijo invisible. De Él dieron el salto a una tercera entidad distinta. Se trata de la tricéfala ilusión del dragón que a instancias del reino del Anticristo se introdujo furtivamente entre los sofistas. ¿Pero no has leído sobre el espíritu del dragón y el espíritu de la bestia y el espíritu del pseudoprofeta, de esos tres espíritus? De verdad, esos tres son los espíritus diabólicos de los que están poseídos quienes reconocen la Trinidad de la Bestia. Los tres excitan al mundo contra el cordero inmaculado Jesús el Cristo, hijo de Dios (Apoc. 16).

Falsos son, pues, esos dioses invisibles de los trinitarios, tan falsos como los dioses de los babilonios. Y más aún, porque esos tres dioses son adorados en Babilonia.

Adiós.

Miguel Servet. Treinta Cartas a Juan Calvino.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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