irichc     Fecha  6/08/2003 23:31 
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Volver al foro Responder Spinoza. Carta XXXV a Johannes Hudde: Que sólo Dios implica la existencia necesaria.   Admin: Borrar 	mensaje
 
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Al muy generoso y prudente Señor
JOHANNES HUDDE
B. de S.

Generoso Señor:

Lograsteis muy bien aclararme en vuestra última carta del 30 de marzo, lo que en la anterior, fechada el 10 de febrero, no terminé de comprender. Puesto que ya conozco cuál es vuestra opinión, plantearé la cuestión tal y como vos mismo la concebís: ¿no hay acaso más que un solo Ente que subsista por su propia suficiencia o virtud? No sólo lo afirmo, sino que creo incluso demostrarlo, a partir del hecho de que su naturaleza implica necesariamente su existencia. Puede esto mismo demostrarse muy fácilmente a partir del Entendimiento Divino (como hago en la Proposición 11 de mis Principios de Descartes demostrados geométricamente) o de cualquiera de los otros atributos de Dios. Para entrar en el estudio de la cuestión, mostraré brevemente antes, cuáles son las propiedades que debe poseer un Ente que implica la existencia necesaria. Son éstas, sin duda:

1) Es eterno: si le atribuyéramos una duración determinada, este Ente, se concebiría, fuera de ella, como no existente o como un Ente tal que no implica la existencia necesaria, lo cual contradice su definición.

2) Es simple y no está compuesto de partes. Pues las partes y los componentes deben ser anteriores en su naturaleza y en el conocimiento que de ellas tenemos al compuesto: esto no tiene sentido en aquello que es, por naturaleza, eterno.

3) No puede concebirse como determinado, sino sólo como infinito. Pues, si la Naturaleza de este Ente fuera determinada y así se le concibiera, habría de concebirse tal naturaleza como no existente fuera de los límites que la determinan, lo cual contradice su definición.

4) Es indivisible. Si, en efecto, fuera divisible, lo sería o bien en partes de su misma naturaleza, o bien en partes de naturaleza distinta, y si ello ocurriera, podría ser destruido y no existir, lo cual se opone a la definición. Si ocurriera lo primero, cualquier parte implicaría la existencia necesaria por sí misma, y, de este modo, podría existir sin las demás y ser, por consiguiente, concebida separadamente. Con lo cual, esta Naturaleza podría ser comprendida como finita, lo cual es contrario a la Definición, según todo lo anterior. De donde se ve con claridad que, si pretendemos atribuir alguna imperfección a un Ente de este tipo, caeremos al instante en una contradicción. Pues si la imperfección que pretendemos atribuir a esa Naturaleza, residiera en algún defecto o en algunas limitaciones que poseyera una Naturaleza de este tipo, o en algún cambio debido a causas externas que pudiera sufrir esta por falta de potencia, siempre nos encontraríamos con que la Naturaleza que implica la existencia necesaria no existe o no existe necesariamente. Concluyo sobre esto:

5) Que todo aquello que implica existencia necesaria, no puede tener en sí ninguna imperfección; sino que debe expresar sólo perfección.

6) Y finalmente, puesto que no puede resultar más que de su perfección el que un Ente exista por su suficiencia y potencia, si suponemos que un Ente que no expresa todas las perfecciones existe por su propia naturaleza, también debemos admitir la existencia del Ente que comprende en sí todas las perfecciones. Si algo dotado de una menor potencia existe por su propia suficiencia, tanto más habrá de existir aquello que está dotado de una potencia mayor.

Para entrar finalmente en el tema que nos habíamos propuesto, afirmo que no puede ser sino único el Ente cuya existencia pertenece a su naturaleza. Tal ente es el único que posee en sí todas las perfecciones, y le daré el nombre de Dios. Si se admitiera algún Ente, a cuya naturaleza perteneciera la existencia, tal Ente no debería contener en sí ninguna imperfección, sino, contrariamente, expresar toda la perfección (por la nota 5). Por ello, la naturaleza de ese Ente debe pertenecer a Dios (cuya existencia hemos de afirmar también, por la nota 6), porque Este tiene en sí todas las perfecciones y ninguna imperfección. Y este Ente no podría existir fuera de Dios, pues si ello fuera así, una idéntica Naturaleza, que implica necesariamente la existencia, existiría por partida doble, lo cual es absurdo según la demostración anterior. En conclusión, nada que no sea Dios mismo, implica la existencia necesaria. Que es lo que había que demostrar.

Esto es, noble señor, lo que puedo aportar, hoy por hoy, para la demostración de esta tesis. Quisiera poderos demostrar que soy etc.

Voorburg, 10 de abril de 1.666                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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