irichc     Fecha  24/12/2003 00:16 
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Volver al foro Responder Spinoza, precursor de Leibniz   Admin: Borrar 	mensaje
 
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Citas tomadas del Tratado de la reforma del entendimiento, de Spinoza:

19. Si considero cuidadosamente, todos estos modos [de conocimiento] pueden muy bien ser reducidos a cuatro:

I. Hay una percepción que adquirimos por el oído o por algún signo considerado convencional.

II. Hay una percepción que adquirimos por experiencia vaga, es decir, por una experiencia que no está determinada por el entendimiento. Se la llama así sólo porque acontece fortuitamente y porque no tenemos ninguna otra que se le oponga; por eso permanece en nosotros como algo firme.

III. Hay una percepción en la que la esencia de una cosa se concluye a partir de otra cosa, pero no adecuadamente; esto sucede cuando colegimos la causa a partir de algún efecto o cuando se concluye a partir de algo universal que siempre está acompañado por cierta propiedad.

IV. Finalmente, hay una percepción en la que una cosa es percibida por su sola esencia o por el conocimiento de su causa próxima.

(...)

29. Sólo el cuarto modo capta la esencia adecuada de una cosa y sin riesgo de error. Por consiguiente, es el que debe ser utilizado sobre todo. Entonces, lo que procuraremos explicar es cómo se debe recurrir a él para llegar a conocer con tal conocimiento las cosas desconocidas y, al mismo tiempo, para hacerlo de la manera más directa.

[Este cuarto modo sería el conocimiento esencial, opuesto al conocimiento empírico o "per accidens". Leibniz decía que los empíricos conocían como los animales].

34. Pedro, por ejemplo, es algo real: la verdadera idea de Pedro es la esencia objetiva de Pedro, algo real en sí y algo enteramente distinto de Pedro mismo. Al ser la idea de Pedro algo real, que tiene su esencia peculiar, será también algo inteligible, es decir, objeto de otra idea que tendrá, en sí, objetivamente, todo lo que la idea de Pedro tiene formalmente y, a su vez, esta idea, que es la idea de la idea de Pedro, tiene por su parte su esencia que también puede ser objeto de otra idea, y así indefinidamente. Esto lo puede comprobar cada uno al saber que sabe qué es Pedro y que también sabe que sabe y, además, sabe que sabe lo que sabe, etc. Por lo cual, es evidente que para conocer la esencia de Pedro no es necesario conocer la idea misma de Pedro, y mucho menos la idea de la idea de Pedro. Esto es lo mismo que si dijera que para saber no me es necesario saber que sé y menos aún saber que sé que sé. No lo necesito más de lo que necesito conocer la esencia del círculo para conocer la esencia del triángulo. Es lo contrario lo que se da en estas ideas, pues, para saber que sé, antes debo necesariamente saber.

[Se observa claramente, por un lado, lo que Leibniz más tarde llamaría "cadena infinita de verdades"; por el otro, se insiste en la necesidad de verdades innatas que den comienzo a esa cadena, ya que de lo contrario el conocimiento nunca tendría lugar].

41. Añádase que con la idea sucede objetivamente lo que sucede realmente con aquéllo de lo que ella es la idea. Por lo tanto, si se diera en la Naturaleza algo que no tuviese ninguna comunicación con otras cosas, y si de ello se diera también una esencia objetiva, que debería convenir totalmente con la esencia formal, no tendría tampoco ninguna comunicación con otras ideas, es decir, nada podríamos concluir de ella. Por el contrario, las cosas que tienen comunicación con otras, como son todas las que existen en la Naturaleza, serán conocidas y sus esencias objetivas también, es decir, de ellas se deducirán otras ideas que, a su vez, se comunicarán con otras, y así aumentarán los instrumentos para avanzar. Era lo que intentábamos demostrar.

[En este párrafo se está aludiendo al paralelismo entre la conexión natural y la ideal, es decir, a la "característica universal" leibniziana].

66. Entendido esto así, pasemos ahora a la investigación de la idea falsa, con el fin de ver acerca de qué versa y cómo podemos prevenirnos para no incurrir en falsas percepciones. Después de la investigación de la idea figurada, ya ninguna de las dos cuestiones será difícil: pues no hay entre ellas diferencia, fuera de que la idea falsa supone el asentimiento, es decir que mientras aparecen ciertas representaciones, no se presenta causa alguna que permita colegir, como sucede en el caso de quien se figura algo, que las mismas no surgen de causas exteriores. No es casi nada más que soñar con los ojos abiertos, o sea, soñar despiertos. Por tanto, la idea falsa versa o (para hablar mejor) se refiere a la existencia de una cosa cuya esencia es conocida, o bien a una esencia, de la misma manera que la idea figurada.

67. La que se refiere a la existencia se corrige de la misma manera que la ficción. En efecto, si la naturaleza de la cosa conocida supone la existencia necesaria, es imposible que nos engañemos acerca de la existencia de tal cosa. Pero si la existencia de la cosa no es una verdad, como lo es su esencia, sino que la necesidad o la imposibilidad de no existir depende de causas externas, entonces que se retome todo lo que hemos dicho cuando hablábamos de la ficción, pues se corrige de la misma manera.

[Se afirma, en fin, que de una idea distinta se sigue una existencia cierta, y esto no es más que una formulación primitiva del principio de razón suficiente].

Saludos.

Daniel.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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