irichc     Fecha  14/02/2003 10:22 
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La tierra o planeta Mercurio y sus espíritus y habitantes

Que todo el Universo se asemeja a un hombre, a quien, por lo tanto, se le denomina Hombre Máximo, y que todas las cosas generales y particulares del hombre, tanto las exteriores como las interiores, están en correspondencia con ese Hombre Celestial, es un arcano todavía desconocido en el mundo. Para constituir el Hombre Máximo, aquellos que vienen de nuestra Tierra son insuficientes y comparativamente pocos; deben venir de muchos otros planetas y ha sido establecido por el Señor que tan pronto como surja una deficiencia en la calidad o cantidad en cualquiera de las partes del Hombre Máximo, aquellos que puedan reemplazarlas deberán ser inmediatamente llamados de otros planetas, para que así guarde la debida proporción y de este modo el Cielo conserve su consistencia.

También me ha sido revelado por el Cielo cuál es la relación que los espíritus del planeta Mercurio tienen con el Hombre Máximo, a saber, que su relación es con la memoria, pero con la memoria de las cosas abstraídas de los meros asuntos terrenos y materiales. Puesto que se me ha concedido la oportunidad de hablar con ellos durante muchas semanas, llegué a saber cuál es su naturaleza; por otra parte he podido examinar cuál es la índole de los habitantes de ese planeta. Quiero, pues, presentar las experiencias por sí mismas.

Algunos espíritus vinieron a mí y declararon ser del planeta más próximo al Sol, el cual es conocido en nuestra Tierra con el nombre de Mercurio. Al poco de venir absorbieron de mi memoria todas las cosas que yo sabía, esto pueden hacerlo los espíritus muy hábilmente, pues cuando se acercan a un hombre ven en su memoria todas las particularidades que contiene.

Pasando revista a todo lo que vi y todas las ciudades y lugares en los que había estado, observé que ellos no tenían ningún interés en conocer los templos, palacios, casas y calles, sino únicamente las cosas que se supiera habían sido hechas en ellos; también estaban interesados en los asuntos de los respectivos gobiernos y sobre el ingenio y modales de los habitantes y otras cosas similares, pues tales cuestiones están estrechamente asociadas con los dichos lugares en la memoria del hombre; de tal manera que cuando estos lugares aparecen en la mente, tales cuestiones vienen por sí mismas. Me sorprendió hallarlos de tal catadura, así es que pregunté por qué menospreciaban los magníficos objetos de estos lugares y sólo se ocupaban de los hechos y asuntos relacionados con ellos; respondieron que no encontraban placer en la contemplación de las cosas terrestres, materiales y corpóreas, sino sólo en las que fueran reales. De aquí pude comprobar que los espíritus de ese planeta tienen, en el Hombre Máximo, relación con la memoria de las cosas abstraídas de todo lo material y terreno.

Me fue dicho que la vida de los habitantes de ese planeta es tal, que no se preocupan sobre los asuntos terrenos y corporales, sino sobre las normas, leyes y gobiernos de las naciones de allí, así como de todas las cuestiones celestiales, que son innumerables; me enteré posteriormente que muchos hombres de ese planeta conversan con los espíritus y en consecuencia tienen conocimiento sobre los asuntos espirituales y sobre los estados de la vida después de la muerte; así es que sienten desprecio por todo lo terreno y corporal, pues aquellos que saben con certeza, y así lo creen, que hay una vida después de la muerte, sólo les interesa lo celestial y lo eterno, pero no los asuntos mundanos, a no ser aquellos que tengan relación con las necesidades de la vida.

(...)

Apareció entonces una llama de gran esplendor que ardió vivamente durante más de una hora; esto advertía la llegada de algunos espíritus de Mercurio, quienes en agudeza, pensamiento y discurso, eran más resueltos que los que les precedían; en cuanto hubieron llegado, se arrojaron instantáneamente sobre las cosas de mi memoria y debido a su rapidez, no fui capaz de apercibirme de lo que ellos observaban; a continuación les oí decir que el asunto de mi memoria era tal y cual. Respecto a las cosas que yo había visto en el cielo y en el mundo de los espíritus, me comunicaron que ya las sabían de antemano; me di cuenta entonces que una multitud de espíritus que había llegado con ellos estaba detrás, un poco a la izquierda, en el plano del occipucio.

En otra ocasión vi una legión de tales espíritus a una corta distancia de mí, enfrente y a la derecha; desde allí me hablaron a través de espíritus intermediarios, pues su habla es tan rápida como el pensamiento, el cual no se traduce en lenguaje humano si no es mediante el concurso de otros espíritus. Lo que más me sorprendió fue que hablaran siempre en grupo y tan presta y rápidamente como podían. Su habla, siendo la de muchos a la vez, llegaba formando ondas, y lo más extraño, se deslizaba hacia mi ojo izquierdo, aunque ellos estaban situados a mi derecha. La razón de esto es que el ojo izquierdo corresponde al conocimiento de las cosas no materiales, es decir, las que pertenecen a la inteligencia, mientras que corresponden al ojo derecho las que pertenecen a la sabiduría. Con la misma presteza con la que hablaban, percibían las cosas que oían y de la misma manera las enjuiciaban. Así expresaban su opinión sobre cualquier tema, siendo su juicio instantáneo.

(...)

Los espíritus del planeta Mercurio no permanecen en un mismo lugar o entre las legiones de espíritus de un sistema solar, sino que deambulan a lo largo de todo el universo; sucede esto así a causa de que toda su dedicación es a la memoria de las cosas, la cual exige ser enriquecida continuamente; por esta razón se les permite vagar por todo el universo y adquirir de esta manera abundantes conocimientos.

(...)

Puesto que ellos viajan por el Universo de esta manera y llegan así a conocer más que todos los demás sobre los planetas más allá de nuestro sistema solar, llegué a interesarme sobre estos temas y ellos me dieron cumplida información sobre todo lo que inquirí. Contaron que en el universo hay gran cantidad de planetas con seres humanos sobre ellos, y que se extrañan de que haya hombres de tan poco juicio que puedan pensar que el Cielo del Omnipotente Dios esté formado sólo por los ángeles y espíritus de un solo planeta cuando éstos son apenas nada en comparación con la Omnipotencia de Dios, y esto sería así aún si hubiera miríadas de sistemas solares con miríadas de planetas cada uno; además, hablaron de que el número de los planetas del universo pasaba de varios cientos de miles; ¿y qué es esto todavía para la Divinidad, que es infinita?

(...)

En una ocasión los espíritus de Mercurio me enviaron un papel de irregular tamaño que comprendía varios papeles pegados y aparecían escritos con tipos parecidos a los de la Tierra. Pregunté si también ellos gozaban de tal invento y respondieron que no, pero que sabían de la existencia de tales tipos en la Tierra. No quisieron decir más. Pero pude darme cuenta de que pensaban que en nuestra Tierra el conocimiento podía encontrarse antes en la letra impresa que en el hombre, insinuando irónicamente que los papeles, por así decirlo, sabían más que el hombre. (...)

Según los hechos que acaban de relatarse aparece claramente que los espíritus guardan en su memoria todo lo que han visto y oído en vida y que son igualmente capaces de adquirir instrucción de la misma manera que cuando eran hombres en la Tierra; de este modo se van perfeccionando en todo lo tocante a la fe; cuanto más profundos sean los espíritus y ángeles, mejor retienen lo que ven y oyen; esta capacidad permanece para siempre y es evidente que la sabiduría crece continuamente en ellos.

Además, la naturaleza única de los espíritus del planeta Mercurio aparece más claramente después de considerar los siguientes hechos: ha de saberse que todos los espíritus y ángeles sin excepción pasaron por el estado de hombres, pues no hay que olvidar que la raza humana es el seminario del cielo y que los espíritus, respecto a sus afectos e inclinaciones son semejantes a como lo fueron en su condición de hombres en su planeta, pues la vida del hombre continúa tras la muerte. Siendo esto así, la naturaleza de los hombres de cada Tierra podrá saberse a través del carácter de los espíritus del correspondiente planeta.

(...)

Es su costumbre no decir a nadie lo que ellos saben. Más aún, pretenden aprender de los demás lo que ya les es conocido. En su propia comunidad, sin embargo, se comunican todas las cosas, pues lo que uno sabe, todos lo saben, y lo que todos saben, cada uno en la colectividad lo sabe.

(...)

Tenía grandes deseos de saber cuál era el rostro y el cuerpo de los hombres del planeta Mercurio, y si se parecerían a los de nuestra Tierra. Me fue mostrada entonces una mujer que se parecía extraordinariamente a las que hay en nuestra Tierra. Su rostro era hermoso, pero más pequeño que el de las mujeres de nuestro planeta; era de cuerpo más liviano, pero de igual estatura: su cabeza estaba cubierta con un paño de lino, arreglado sin arte, pero de una manera graciosa. También me fue mostrado un hombre; él también era de cuerpo más frágil que los hombres de nuestra Tierra; vestía una túnica de color azul oscuro muy ceñida al cuerpo y sin pliegues ni protuberancias; tal era la forma de vestir de los hombres de ese planeta. Presentaron luego diversas clases de bueyes y vacas, los cuales, verdaderamente, no diferían mucho de los de nuestra Tierra, a no ser en el tamaño, que era aproximadamente el de la especie de los ciervos.

Se les preguntó también sobre el Sol y a qué semeja desde su planeta. Respondieron que desde allí se ve muy grande, mucho mas grande que desde los demás planetas; y dijeron que llegaron a saber esto a través de las ideas que los demás ángeles tenían sobre el Sol. Añadieron que gozan allí de una suave temperatura, ni muy calurosa ni muy fría, y me fue permitido decirles que se trataba de una concesión del Señor para que así no estuvieran expuestos a un calor excesivo, dada la circunstancia de la proximidad de su planeta al Sol, pues hay que decir que el calor no procede de la cercanía del planeta al Sol, sino de la altura y densidad de la atmósfera del aire, como es evidente en las altas montañas de los países de clima cálido; también hay que observar que el calor varía según que la incidencia de los rayos sea oblicua o perpendicular, como lo demuestra la existencia del verano y del invierno en cada región del planeta. Estos son todos los particulares que me ha sido dado conocer respecto a los espíritus y habitantes del planeta Mercurio.

* * *

El Infierno. El Señor preside los infiernos.

La relación que existe entre el Cielo y el Infierno es semejante a la que existe entre dos opuestos que actúan uno contra el otro y de la acción y reacción de ellos resulta un equilibrio en el que todas las cosas permanecen en orden. Para que todas las cosas puedan estar en perfecto equilibrio es necesario que Aquel que gobierna la primera esfera gobierne igualmente la segunda, pues a no ser que el Señor refrenara y acallara cada levantamiento que hay en el Infierno y hundiera en él a todos los perversos y malvados del mundo de los espíritus, este equilibrio perecería arrastrando con él todo el orden establecido.

El Infierno, al igual que el Cielo, está dividido en sociedades. Pude averiguar que existe el mismo número de sociedades en el Cielo que en el Infierno, para que el equilibrio entre ellos pueda mantenerse. Las sociedades del Infierno están organizadas de acuerdo con las maldades y falsedades del mismo; a cada bondad se le opone una maldad y a cada verdad se le enfrenta una falsedad. De aquí podemos deducir que en el mundo espiritual nada puede existir sin su opuesto correspondiente y es el Señor quien continuamente provee para que exista perfecto equilibrio entre Cielo e Infierno.

Existen, como ya se sabe, tantas sociedades infernales como celestiales. Cada sociedad celestial es en sí misma una perfecta representación de la totalidad del Cielo.

Existen tres cielos y tres infiernos: el inferior, que se opone al más inferior o tercer cielo; el medio, que se opone al segundo cielo y el superior que se opone al último cielo. Los castigos del Infierno son muchos y variados; más suaves o más duros de acuerdo con las maldades de los espíritus. Los más perversos de entre los espíritus infernales son puestos a la cabecera de las sociedades de los abismos infernales.

Pero estos jamás osan traspasar los límites de su jurisdicción. Hay que decir que el único medio de refrenar la violencia y furia de los habitantes del infierno es el miedo a ser castigados. No existe otra manera.

Ha sido creencia constante en la Tierra que hay en el Infierno un demonio que gobierna sobre los demás, y que fue creado Ángel de la Luz, pero habiéndose rebelado contra el Señor fue arrojado a las profundidades del Infierno con sus hordas. Ha prevalecido este pensamiento a causa de que las palabras Diablo, Satán y Lucifer, son mencionadas repetidas veces en las Sagradas Escrituras y estos nombres han sido interpretados de acuerdo con el sentido de la letra. Pero por las palabras Diablo y Satán se entiende el Infierno que está detrás, donde habitan los más perversos, a quienes se denomina genios malignos. La palabra Satán significa el Infierno que está frente del anterior en donde habitan los menos perversos, quienes son conocidos con el nombre de espíritus malignos. Lucifer significa el lugar donde residen todos los seres malignos que habitaron Babel y Babilonia, quienes llegan con sus poderes hasta el mismo Cielo. Es evidente que todos los espíritus infernales pertenecen a la raza humana y que el número de los que allí habitan desde el origen de la Creación alcanza miríadas y miríadas teniendo cada uno de ellos la misma naturaleza del pecado de soberbia que les enfrentó a la divinidad. Cuando se contempla a todos los espíritus infernales a la luz del Cielo, aparece cada uno bajo su respectiva forma maligna, pues en todos ellos el interior se trasluce al exterior cuando se contemplan sus cuerpos bajo cualquier luz celestial, única existente en aquellas profundidades. Pueden verse claramente sus rostros, sus cuerpos y sus movimientos, de tal manera que se reconoce al instante su naturaleza diabólica y todas sus características infernales. En general son en sí mismos formas de desprecio hacia todos los demás, así como formas amenazantes contra aquellos que no les guardan respeto. Son asimismo manifestaciones del odio y de la venganza. Pero cuando los que les rodean les adoran, veneran o manifiestan cualquier actitud de respeto sus rostros se iluminan con una cierta expresión de alegría.

Es imposible describir en unas pocas palabras cómo aparecen estas formas, pues ninguno es semejante a otro, aunque existe un cierto parecido general entre quienes comparten una misma forma de perversidad y viven, por lo tanto, en la misma sociedad infernal. Por lo común sus rostros son horrendos y cerúleos como los de un cadáver; sus ojos están desprovistos de vida y pude ver algunos rostros negros y otros brillantes y resplandecientes de fuego como si fueran antorchas; otros, desfigurados con úlceras, llagas y verrugas; muchos de ellos aparecen sin cabeza teniendo en su lugar una excrecencia porosa y velluda; en otros solamente se ven enormes filas de dientes. Sus cuerpos son igualmente monstruosos y el lenguaje que usan es el del odio, la venganza y la ira; cada uno habla de acuerdo con su maldad particular, mientras que el tono de su voz es el de la falsedad que les llevó al Infierno.

En una palabra, son la imagen de su propio Infierno. No se me permitió ver cuál es la forma general del Infierno. Solamente se me dijo que así como el Cielo semeja en su forma a la de un hombre, de la misma manera el Infierno semeja a un solo demonio. Sin embargo, se me ha permitido ver a menudo la estructura de las sociedades infernales y de los más recónditos infiernos en donde moran extrañas especies de demonios. A la entrada de estos nauseabundos lugares, denominadas puertas del infierno, puede verse normalmente a un monstruo que representa fielmente a la configuración de los que habitan en el interior. Pude ver representadas al mismo tiempo las fieras pasiones de los que allí habitan bajo formas que jamás osaría describir.

Ha de saberse, al menos, que tal es la forma en que aparecen los espíritus infernales a la luz del Cielo cuando son vistos por los ángeles y espíritus del mundo de los espíritus; pero entre sí aparecen y se ven como hombres. Esta es la gracia del Señor: que ante sus compañeros no aparezcan bajo las odiosas y abominables formas con que son vistos por los espíritus celestiales.

Pero esto es una mera falacia, pues en cuanto el más mínimo rayo de luz celestial se introduce en los infiernos, su aparente figura humana se troca en monstruosas formas; pues la luz del cielo vuelve todas las cosas tal como realmente son. Por esta razón los monstruos infernales huyen despavoridos de cualquier mínimo rayo de luz celestial, ya que la verdad que estos descubren les llena del más intenso de los dolores al contemplar cuáles son sus auténticas formas. Inmediatamente, al vislumbrar la luz del Cielo, huyen a refugiarse a los vahosos rincones en donde alumbran sus propias luces; semejan éstas carbones encendidos y en algunos casos aparecen como ardiente sulfuro; pero esta luz se convierte en densa oscuridad cuando el más mínimo asomo de rayo celestial se vislumbra en la lejanía. Esta es la razón por la que se dice que los infiernos están cubiertos por espesas tinieblas.

Hay algunos espíritus perversos que construyen sus viviendas en regiones ubicadas entre el Norte y el Oeste, debajo de los cielos; estos espíritus diabólicos están especializados en el arte de arrastrar a los espíritus de las regiones celestes a sus propios territorios y así impregnarlos de toda suerte de males y perversidades. Consiguen estos fines haciendo que tales bien dispuestos ángeles piensen en sí mismos y aparten todo pensamiento del Señor; de esta manera los ángeles así burlados vuelven sus rostros en dirección opuesta a la del Señor y su inteligencia y entendimiento se oscurece cayendo irremisiblemente en las profundidades del Infierno.

Se acercaron a donde yo me encontraba unos ciertos espíritus provenientes de las regiones del Suroeste, diciéndome que en el mundo habían ostentado posiciones de gran dignidad y que, en consecuencia, merecían ser tenidos en mayor estima que los otros y así tener dominio sobre ellos. Los ángeles que estaban junto a mí procedieron a un análisis de su naturaleza y descubrieron, entre otras muchas, cosas que en el mundo se habían desmedido en el uso de su poder tratando siempre de estar en la compañía de los poderosos y no en la de los justos. Al poco estos ángeles les despidieron a otras regiones en donde no podían ejercer tamañas artes y al cabo les encontré reducidos a un estado miserable y pidiendo limosnas.

Los infiernos aparecen por todas partes, bajo montañas, colinas, rocas y también bajo llanuras y mesetas.

Las aberturas o puertas del infierno aparecen a la vista como agujeros o cavidades en las rocas, algunas muy amplias, otras angostas y estrechas situadas en lugares abruptos. Todos ellos, cuando se inspeccionan sus cavidades, aparecen oscuros y sombríos; pero los espíritus infernales que habitan en ellos viven adaptados a la luz que les proporcionan las ardientes ascuas, pues cuando vivían en el mundo sus ojos estaban ya cegados a la luz de las verdades divinas.

Las aberturas o puertas de los infiernos que están bajo las mesetas y los valles presentan aspectos diferentes. Algunas de ellas son parecidas a las que están situadas en las colinas, montañas y rocas; otras semejan a cavernas y antros; otras se parecen a grandes brechas y hendiduras en la tierra, aunque hay algunas que aparecen camufladas bajo pequeñas lagunas. Ninguna de estas oquedades se abre jamás, excepto cuando seres malignos del mundo de los espíritus son arrojados al Infierno. Cuando en alguna de estas ocasiones se abren, surgen de estas grietas vaharadas de fétidos olores acompañados de humos y llamas como las que se ven cuando algún edificio está ardiendo; en otras ocasiones se ven llamas sin fuego y es común que al abrirse tales puertas los alrededores se inunden de negros hollines que surgen de oscuras neblinas. Me dijeron que los espíritus infernales no son capaces de captar estas horrendas imágenes, pues éstas constituyen la atmósfera de su vida y, por lo tanto, las propias delicias de su vida.

Se me permitió, entre otras muchas cosas, inspeccionar el interior de los infiernos y ver qué había en ellos. Por voluntad del Señor pueden ciertos espíritus penetrar en aquellos mundos y explorar su naturaleza a pesar de todas las dificultades y horrores que esto conlleva.

Algunos de los infiernos aparecen a la vista como cavernas y pasadizos entre las rocas, que progresivamente se van extendiendo hacia el interior y posteriormente hacia abajo en dirección a las profundidades abismales, oblicua o verticalmente. Semejaban algunos de los infiernos que vi a las cavernas y guaridas de los animales salvajes que pueblan nuestras selvas; otros eran semejantes a las galerías y pasajes de las minas de nuestro planeta con extensiones en todas direcciones y hacia abajo.

La mayor parte de los infiernos tienen una triple contextura, el superior envuelto en densas oscuridades, está habitado por los que viven en las falsedades del mal. El intermedio está envuelto en constantes llamas a causa de la intrínseca perversidad de sus habitantes.

Vi algunos infiernos que semejaban a grandes ciudades en ruinas después de una devastadora guerra; podía ver cómo se ocultaban a mi paso los espíritus infernales.

En los infiernos intermedios aparecían por todas partes toscas cabañas cubiertas de espesas capas de negro barro; se alineaban éstas a lo largo de estrechas callejuelas y a mi paso pude observar el incesante murmullo de innumerables peleas, brutalidades, discusiones y altercados, mientras que en las calles tenían lugar toda suerte de asaltos, robos y depredaciones. En algunos infiernos es imposible encontrar otra cosa que burdeles horrendos a la vista, llenos de inmundicias y excrementos. Había, igualmente, densos bosques en los que los espíritus infernales vagabundeaban como las fieras salvajes construyendo túneles y cavernas en los que se refugian cuando son perseguidos. Existen también desiertos de arena, áridos y desprovistos de todo tipo de vida; a veces se elevan grandes rocas debajo de las cuales hay enormes cavernas.

A estos desiertos se arrojan a quienes ejercieron malas artes sobre los demás en el mundo.

No se sabe detalladamente cuál es la posición de los infiernos: solamente el Señor conoce su exacta ubicación, aunque generalmente se conoce la posición de los infiernos en relación a la de los cielos. En el mundo espiritual las regiones se determinan de acuerdo con el amor.

(...)

Swedenborg. De planetas y ángeles.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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