irichc     Fecha  29/11/2003 17:11 
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Volver al foro Responder Tertuliano. Diatriba antignóstica.   Admin: Borrar 	mensaje
 
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No voy a omitir la descripción, incluso, de la conducta misma de los herejes: qué fútil, qué terrena, qué humana es, sin seriedad, sin autoridad, sin disciplina, como congruente con su fe.

Ante todo resulta incierto quién es catecúmeno, quién es fiel: todos igualmente entran, igualmente oyen, igualmente oran; aun cuando lleguen inesperadamente unos paganos, ellos echarán lo santo a los perros y las perlas -aunque falsas- a los puercos.

Sostienen que la simplicidad consiste en la subversión de la disciplina, a cuyo cuidado por parte nuestra llaman afectación. Incluso la paz, la comparten con todos sin distinción; pues nada les importa, aun cuando enseñen cosas contrarias, con tal de que se coaliguen para atacar la única verdad.

Todos están hinchados de orgullo, todos prometen la ciencia. Los catecúmenos son perfectos antes de ser instruidos. Las mujeres heréticas mismas, ¡qué procaces!, pues se atreven a enseñar, disputar, realizar exorcismos, prometer curaciones, acaso hasta a bautizar.

Sus ordenaciones son temerarias, frívolas, inconstantes: ahora promueven a neófitos, ahora a hombres atrapados por el siglo, ahora a nuestros apóstatas, para tenerlos cogidos con la vanagloria, ya que no pueden con la verdad. En ninguna parte se hace carrera más fácilmente que en el campamento de los rebeldes, donde el mismo estar allí es ya un mérito. Y así, hoy es obispo uno, mañana otro; hoy es diácono el que mañana será lector; hoy es presbítero el que mañana será laico. Porque también a los laicos encargan funciones sacerdotales.


Por otro lado, ¿qué diré sobre la administración de la palabra, cuando su ocupación no es la de convertir a los paganos, sino la de abatir a los nuestros? Esta es la gloria que, más bien, tratan de conseguir: ver si causan la caída a los que se mantienen firmes, no la elevación a los que están caídos.

Porque incluso su obra misma no proviene de sus propios materiales sino de la destrucción de la verdad, minan nuestra casa para edificar la suya. Quítales la Ley de Moisés y los Profetas y al Dios creador: ya no son capaces de proferir acusación alguna. Así ocurre que más fácilmente causan la ruina de los edificios que están en pie que la reconstrucción de las ruinas que yacen en tierra.

Sólo para estas tareas se muestran humildes, mansos y sumisos. Por lo demás, ni siquiera para con sus presidentes conocen la reverencia.

Y éste es el motivo por el que casi no hay cismas entre los herejes, pues, aun cuando los haya, no aparecen: en realidad, el cisma es la unidad para ellos.

Miento si no es verdad que, entre ellos, se apartan incluso de sus propias reglas, por cuanto cada uno, precisamente, modula a su arbitrio las cosas que ha recibido, así como las ha compuesto a su arbitrio quien las ha transmitido. El desarrollo de una cosa confirma la naturaleza y la índole de su origen. Los valentinianos se han permitido lo mismo que Valentín, los marcionitas lo mismo que Marción: innovar a su arbitrio la fe. En consecuencia, todas las herejías, examinadas a fondo, se presentan discordantes en muchos puntos con sus fundadores.

La mayoría de los herejes no tienen ni iglesias: sin madre, sin sede, sin credibilidad, andan errantes como desterrados silbados por todos.


Han sido señaladas, además, las relaciones de los herejes con numerosísimos magos, con charlatanes, con astrólogos, con filósofos, o sea, con individuos entregados también a la curiosidad. En todas partes se acuerdan del "buscad y encontraréis".

Por tanto, también por el tipo de vida se puede reconocer la calidad de la fe: la disciplina es un índice de la doctrina. Niegan que se deba temer a Dios: por tanto, todo es libre y permitido para ellos. Pero ¿dónde no es temido Dios sino donde no existe? Donde Dios no existe, tampoco existe verdad alguna; donde no existe verdad alguna, con razón existe también una semejante disciplina.

Por el contrario, donde existe Dios, allí existe el temor de Dios, que es el comienzo de la sabiduría. Donde existe el temor de Dios, allí existe una gravedad digna, y una diligencia atenta, y un cuidado solícito, y una elección probada, y una comunión deliberada, y una promoción merecida, y una sumisión religiosa, y un servicio fiel, y un andar modesto, y una iglesia unida, y todas las cosas de Dios.

Tertuliano. Prescripciones contra todas las herejías.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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