irichc     Fecha  27/06/2004 21:41 
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Volver al foro Responder Voltaire y la religión natural   Admin: Borrar 	mensaje
 
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EVÉMERO

Observo, ante todo, que no he podido adquirir la idea de un dios sino después de haber adquirido la idea de un ser necesario que exista por sí mismo, por su naturaleza, eterno, inteligente, bueno y poderoso. Todos estos caracteres, que me parecen esenciales a Dios, no me dicen que él haya hecho lo imposible. Nunca impedirá que los tres ángulos de un triángulo sean iguales a dos rectas. No podrá hacer que dos proposiciones contradictorias concuerden. Era probablemente contradictorio que el mal no entrase en el mundo; presumo que era imposible que los vientos necesarios para barrer las tierras e impedir a los mares estancarse no produjeran tempestades. Los fuegos diseminados bajo la corteza terrestre para formar los minerales y los vegetales también debían sacudir esas tierras, derrumbar ciudades, aplastar a sus habitantes, abatir unas montañas y alzar otras.

Hubiera sido contradictorio que todos los animales viviesen siempre y siempre procreasen: el universo no habría podido alimentarlos. De este modo la muerte, que se mira como el mayor de los males, era igual de necesaria que la vida. Era menester que los deseos se encendiesen en los órganos de todos los animales, que no podían buscar su bienestar sin desearlo; y no podían ser vivos esos afectos sin ser violentos, y sin excitar por consiguiente esas fuertes pasiones que producen las disputas, las guerras, las muertes, los fraudes y el bandidaje; en fin, Dios únicamente pudo formar el universo en las condiciones en que existe.

CALÍCRATES

¿O sea que vuestro dios no es omnipotente?

EVÉMERO

Verdaderamente es el único potente, puesto que es él quien ha formado todo; pero no es extravagantemente potente. Si un arquitecto ha levantado una casa de cincuenta pies, construida en mármol, no puede decirse que haya podido hacer otra de cincuenta leguas, construida a base de confituras. Cada ser está circunscrito a su naturaleza; y me atrevo a creer que el Ser supremo está circunscrito en la suya. Me atrevo a pensar que ese arquitecto del universo, tan visible a nuestra inteligencia y tan incomprensible al mismo tiempo, no habita ni en las coles de nuestros jardines ni en el templete del Capitolio. ¿Cuál es su morada? ¿Desde qué cielo, desde qué sol envía sus eternos decretos a toda la naturaleza? De eso nada sé, sólo sé que toda la naturaleza le obedece.


Voltaire. Diálogos de Evémero.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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