irichc     Fecha  14/02/2003 09:21 
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El arte crea, la ciencia destruye el mundo sensible; por eso el artista es erótico y sensual, el científico asexual. La Óptica destruye la luz.

Cuanto mayor es la obra de arte, menos oportunidades tiene de permanecer.

¿El océano se debe a los ríos, o los ríos al océano? ¿Quién decide eso? Así sucede entre Dios y el hombre. El océano desea los ríos, el río desea el océano.

Entre los aspectos notables del fuego está el que también requiera oxígeno para inflamarse - exactamente igual que su enemigo, la vida. Por eso la vida y las llamas son tan a menudo comparadas.

No hay nada que se asemeje al azar. El azar sería una negación de la ley de causalidad, que exige que incluso el encuentro temporal de dos cadenas causales separadas siga teniendo una causa. El azar destruiría la posibilidad de la vida... anularía las conexiones entre las cosas, la unidad del universo. Si hay azar, entonces no hay Dios.

El Demonio es el hombre que lo tiene todo excepto el Bien, que conoce el cielo entero sin la Verdad, mientras que el resto existe sólo a través del Bien.

Más de una persona cree que se ha liberado del Dios único porque se ha consagrado a otros distintos.

Cada problema auténtico y eterno es al mismo tiempo un auténtico y eterno error; cada respuesta una expiación, cada logro una mejora.

La inocencia es ignorancia. Saber y permanecer inocente sería lo más elevado.

...

El presente es la forma de la eternidad; el juicio referente a lo actual tiene la misma forma que el juicio referente a lo eterno. Hay una conexión con la moral, que quiere transformar todo presente en eternidad, comprender en la estrechez de la conciencia la amplitud del mundo.

Un hombre vive hasta que entra o bien en el Absoluto, o bien en la Nada. En su libertad él mismo determina su vida futura; él escoge a Dios o a la Nada. Él se aniquila o se autogenera para la vida eterna. Para él es posible un doble progreso: uno hacia la vida eterna (hacia la perfecta sabiduría y santidad, hacia una condición enteramente adecuada a la idea de Verdad y de Bien) y otro hacia la aniquilación eterna. Sea como sea, continuamente avanza en una de estas dos direcciones; no existe una tercera.

El aburrimiento y la impaciencia son las emociones más inmorales que puede haber. Ya que el hombre toma el tiempo como real en ellas: quiere pasar sin tener que llenarlo, sin que éste se convierta en simple forma fenoménica de su liberación y extensión inmanentes, mera forma en la que debe luchar para realizarse, sino más bien en algo independiente de él, y él en algo dependiente de ello. El aburrimiento es a la par la necesidad de anular el tiempo desde fuera, y la permanencia de la obra del diablo.

La moral se expresa a sí misma de esta manera: Actúa en plena conciencia, esto es, actúa de modo que en cada momento seas un todo, que tu entera individualidad esté allí. El hombre experiencia su individualidad en el curso de su vida sólo en momentos sucesivos: por eso el tiempo es inmoral y ningún viviente es nunca santo, perfecto. Si el hombre actúa de una sola vez con la más férrea de las voluntades, de modo que toda la universalidad en él (y en el mundo, en tanto que de hecho es un microcosmos) se fije en ese preciso momento, entonces habrá superado el tiempo y será divino.

Los momentos musicales más poderosos del mundo de la música son aquellos que intentan representar esta ruptura a través del tiempo y en el tiempo, esta ruptura empujada hacia el exterior del tiempo, donde dicho impacto recae en una nota que absorbe las partes restantes de la melodía (que representa al tiempo como un todo, siendo los puntos individuales integrados por la I) y de este modo trasciende la melodía. El final del tema del Grial en el Parsifal, y el tema del Sígfrido, son melodías de este tipo.
Hay sin embargo un actuar que, por decirlo así, hace refluir el futuro en sí mismo, experimenta por anticipado toda futura caída en la inmoralidad como una culpa actual, no menos que toda pasada inmoralidad, y de este modo sobrepasa a ambas: una fijación intemporal del carácter, un renacimiento. Este es el acto por el que el genio se eleva.

Nunca llego a comprender por qué cometí el pecado original, cómo el que es libre pudo llegar a convertirse en esclavo. ¿Por qué? Porque sólo puedo reconocer un pecado cuando ya he dejado de cometerlo. Si es así, no puedo entender la vida mientras la estoy viviendo, y el tiempo es un misterio porque aún no lo he superado.

...

Toda enfermedad tiene causas mentales; y cada una de ellas ha de ser curada por la propia persona, por medio de su voluntad: ella misma ha de buscar para reconocerla introspectivamente. Toda enfermedad es tan sólo lo mental convertido en inconsciente, “caído en el cuerpo”; tan pronto como es elevada a la conciencia, la enfermedad cesa.

La compasión ha de convertirse en un juicioso pesar interior (con aprecio de la justicia) y no debe permanecer en ella el deseo de placer. Es sólo entonces cuando uno ama realmente a su prójimo.

La mujer llega a lo sumo a desear, pero no a valorar. A lo sumo a la simpatía, pero no al respeto.

No hay grados de verdad, no hay grados de moralidad.

Crimen y castigo no son dos, sino uno.

Weininger. Aforismos.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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