Erda     Fecha  29/07/2002 16:41 
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Y fíjate tú, que fue a Carl Sagan a quien leí por vez primera que Dios estaba en el número pi, que nos enviaba su guiño particular para cuando fuéramos lo suficientemente mayores como para entenderlo... desgranando las cifras infinitas en base dos hasta encontrarnos con una secuencia significativa de unos y ceros, una señal pensada exclusivamente para aquellos que tuvieran determinados receptores ópticos sensibles a determinadas longitudes de onda, trabajando a la par con un determinado órgano plagado de circunvoluciones e interconexiones ignotas, capaz de desarrollar máquinas que pensaran deteminadas secuencias lógicas más rápido aún que la propia máquina orgánica... para encontrar el círculo dentro del círculo... esa Señal que tantos anhelamos tan dolorosamente...

Y fíjate tú que fue al señor Benítez (síiiii, mi eterna pregunta: ¿y por qué no, eh?) al que leí por vez primera que el alma estaba en un corpúsculo de cierto gas noble imbuido, oculto, agazapado, intrincado, enredado dentro de esa estructura compleja y maravillosa que tenemos y que unos usan tanto y otros usamos tan poco... irrandiando su Señal, también
latente a la espera de que llegáramos a ser lo suficientemente sabios y lo sificientemente tontos como para crear máquinas complejas que pudieran llegar hasta donde nosotros no podemos llegar con nuestros cuerpos y con nuestros sentidos.

Es eso Dios? Es conocernos plenamente? Si es así, jamás lo encontaremos entre tantas mentiras que nos creamos y nos creemos a nosotros mismos para ocultarnos nuestras debilidades y protegernos del mareo y de la náusea del infinito, mentiras como corazas protectoras, mentiras absolutamente necesarias para proteger nuestros egos débiles y templequeantes ante el vértigo de la Nada y el Todo.

Dios está muy lejos. Pero nos dejó a los héroes arquetípicos para que a través de ellos conozcamos mejor nuestras recónditas interioridades, nuestra memoria colectiva, nuestro orgullo verdadero.

Wotan está ahí para que no tengas que arrancarte la piel a tiras y dejarte la carne al desnudo en un intento vano de saber cuáles son tus pulsiones últimas, las auténticas motivaciones que te impelen a actuar y a callar y a olvidar y a recordar, y a acometer nuevas tareas y a reperir historias antiguas y a buscar y a estrellarte a sabiendas.

"No sé, de verdad que no sé: mírate porque hace tiempo deposité en ti mi respuesta".

Erda.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
 

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