Erda -Sieglinde     Fecha  31/03/2002 11:50 
Host: 62.117.128.89    IP: 62.117.128.89    Sistema: Windows 98


Volver al foro Responder Recorreré esta Floresta   Admin: Borrar 	mensaje
 
Mensaje
Por la floresta salvaje e impenetrable corriera yo, sola, los cabellos revueltos y un punto de esa luz negra de la locura en mis ojos, huyendo de la tormenta, para saber lo que es el miedo, o si realmente habré de llamar a la rosa por su verdadero y último nombre.

Sobre la sagrada ira de Aquiles, y sobre la nobleza de Hector, también planean los cuervos negros -Pensamiento y Memoria-, y como contrapunto, esa melodía infinita.

¿Habré de esperar al final de los tiempos para que se me revele el designio del dios? Mi ansia me empuja ahora, mientras mis pies hollan esta tierra contradictoria, este todavía no entender quiénes somos. Pero quizá sea cierto que el miedo ya lo conocemos y sólo nos falte captar un par de leitmotiv para terminar de encajar las piezas.

¿Qué nos hicieron los aglutinadores de vidrieras multicolores para despertarnos el deseo de conocer el miedo? ¿a qué recóndita parte de nuestra alma, que no conocemos todavía, dirigieron sus palabras, sus imágenes, sus músicas? ¿por qué nuestros corazones se regocijan con esta dulce angustia?

Para ejemplificar no me remitiré a las fuentes, querido Florestan, queridos contertulios, sino al ejemplo curiososo de la coetaneidad: algunos podrían aducir que Hebbel escribió lo mismo, que tembién nos habló del arrojo indomable, de la alegre inconsciencia -otra forma más de sabiduría- de Siegfried. Pero... ¿le habló Hebbel a nuestros corazones? Yo digo no.

Falta ese bagaje arquetípico, ese crisol de piedra filosofal, ese hablarle a esa recóndita parte de nuestra mente que hace que entendamos a un nivel muy -pero que muy- soterrado las imágenes transmitidas, ese como entender un lenguaje sin comprender del todo las palabras.

Esa piedra filosofal la tuvo en sus manos Homero, sea quien fuese (no sería él mismo otro arquetipo, una especie de Wolfram heleno?), la tuvo en sus manos Tolkien, la tuvo en sus manos Wagner. Y quizá hubiera otros que he perdido, o que me encontraré en mi huida desbocada por la floresta (ojalá, porque el goce de descubrir cada uno de los ingredientes del crisol es un goce exquisito, y así encontraría un breve descanso en mi carrera precipitada).

Cuéntame tú, oh musa, de la internalización de nuestros héroes, de la extrema renuncia; háblame, oh musa, de nuestra Redención.

Queda para la siguiente la mayor rosa: la que tiene todas las espinas lacerantes que en el mundo exiten, la que exhala el aroma más profundo y más sutil: la libertad de elección.
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
 

Respuestas (0)
 


Volver Responder
 
Nombre
E-Mail
Asunto
Web
Enlace a una
imagen

Mensaje